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El patrimonio de mañana son las obras y las creaciones de ahora, sostiene Audrey Azoulay, ex ministra de Cultura y Comunicación de Francia. Por eso, la candidata francesa a la dirección general de la UNESCO está convencida de que patrimonio y modernidad son términos que no deben estar peleados en nuestra sociedad actual. “Por ejemplo, la arquitectura moderna o contemporánea son creaciones que mañana serán un patrimonio. Yo no veo una oposición entre patrimonio y modernidad, más bien se deben crear políticas públicas eficientes en la que ambos puedan convivir”, expresó en entrevista con EL UNIVERSAL.

Para la funcionaria, exconsejera de Cultura del expresidente François Hollande y ocupó el puesto de ministra de Cultura y Comunicación entre febrero de 2016 y mayo 2017, el patrimonio debe ser protegido, valorizado, pero los gobiernos encargados de gestionar las ciudades o sitios patrimonio también deben “encontrar el equilibrio entre su preservación y hacer posible que se vuelva un factor de desarrollo”.

En un momento en el que el fenómeno del turismo en masa está poniendo en riesgo espacios históricos y ha comenzado a generar olas de rechazo en emblemáticas ciudades como Venecia y Barcelona, los actores encargados de la preservación de esos espacios tienen que poner por encima de todo la sustentabilidad, consideró Azoulay: “Uno de los papeles de la UNESCO, después de que otorga las declaratorias (de Patrimonio Cultural o Natural de la Humanidad), es verificar que la explotación de los espacios se haga de manera sustentable; el desarrollo económico se tiene que apoyar en la cultura, pero es necesario que se respete y que se preserve para las generaciones futuras”.

La funcionaria estuvo en México la semana pasada para promover su candidatura. Durante esa visita, se reunió con directivos de instituciones mexicanas que colaboran con el organismo internacional, como el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), las secretarías de Educación Pública y de Medio Ambiente, para dialogar y escuchar propuestas de estos actores mexicanos. “No hay ningún acuerdo, solo fueron pláticas para presentar mi proyecto y conocer inquietudes que podamos considerar”, precisó la funcionaria, quien es uno de los nueve candidatos a ocupar el cargo en la UNESCO en octubre próximo.

Una de sus principales propuestas para estar en la UNESCO es reforzar este organismo para que “se convierta en una organización sólida, a la que todos los Estados le tengan confianza; que permita tener una visión global y humanista de los grandes problemas actuales y del futuro”, asegura.

La especialista en legislación cultural internacional tiene entre sus propuestas “tomar la educación como un germen de desarrollo y de igualdad entre sexos”, “convertir a la UNESCO en un actor de referencia del desarrollo sostenible” y reforzar su papel en el ámbito cultural, en especial ahora que en diversas zonas de conflicto hay riquezas culturales en peligro. “El patrimonio representa la historia y es parte de la identidad de los pueblos, su destrucción quiere reescribir esa historia e impedir el futuro. Su protección es un asunto que concierne a toda la humanidad, no podemos estar sin hacer nada. Francia con la UNESCO han trabajado en la toma de conciencia sobre los retos que hay en este tema”, señala.

En 2015, cuando el Estado Islámico destruyó vestigios de las antiguas ciudades de Nínive, Nimrud y del museo de Mosul, la funcionaria propuso al gobierno francés un plan para proteger el patrimonio en peligro, en colaboración con el Museo de Louvre. Esa iniciativa dio pie a que en marzo de 2017, en colaboración con la UNESCO, se creara un fondo internacional para la protección del patrimonio en peligro, para la financiación de acciones de prevención y de restauración y para crear una red de países refugios para los bienes culturales en peligro.

La idea de este proyecto, que está en proceso de implementación y al que México se unió como voluntario al ser uno de los líderes en el tema en América Latina, consiste en que los países que se unan a esta iniciativa difundan la importancia de preservar el patrimonio y lo que se está destruyendo, a través de exhibiciones, presentaciones, señaló. Ese fondo, dice, ya reunió 75 millones de dólares y a finales de año empezará a recibir proyectos de distintas partes del mundo para la protección y preservación del patrimonio en riesgo. “Dependerá de los proyectos que presenten los países. Hay la necesidad de reconstruir y rehabilitar el patrimonio que ha sido destruido en Medio Oriente, por ejemplo en Mosul, donde hoy ya tenemos acceso”, expresa.

Nacida en Francia en 1972 y de raíces marroquíes, Azoulay ha impulsado proyectos culturales en su país, como la transición digital para la industria cinematográfica y audiovisual o la reforma del régimen del seguro de desempleo de trabajadores temporales en el espectáculo. Ahora, con el apoyo del gobierno francés, aspira a dirigir ese organismo internacional que, dice, debe considerase en un lugar único y legítimo para el diálogo entre naciones, “que no es inmune a las tensiones del mundo pero que, al contrario, les permita tratarlas de otra forma que mediante el enfrentamiento estéril”.

Francia lanza esta candidatura ante la UNESCO porque, dice, “creemos en el multilateralismo, en los valores humanistas de la UNESCO, una organización que defiende la paz, los derechos universales, y que trabaja para la educación, la cultura y la ciencia”.

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