Reforma, de paseo histórico a bulevar de rascacielos

Cultura 19/04/2016 04:00 Abida Ventura Ciudad de México Actualizada 09:01

La falta de claridad en las leyes y de coordinación entre autoridades ha dado paso a la extinción de una arquitectura ante la modernidad

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Ideada por Maximiliano de Habsburgo en el siglo XIX para unir el Castillo de Chapultepec con el Palacio de Gobierno, en las últimas décadas el Paseo de la Reforma ha pasado de ser una avenida histórica a un moderno bulevar de rascacielos.

La histórica avenida, que a principios del siglo pasado se pobló de casonas de estilos arquitectónicos representativos de ese momento, vive un vertiginoso cambio en el que aquellas residencias porfirianas de estilo ecléctico o francés han quedado minimizadas o convertidas en polvo.

Transformadas en vestíbulos o en simples fachadas de modernos edificios y monumentales torres de cristal, las casonas porfirianas en Reforma demuestran la vulnerabilidad que enfrenta la arquitectura del sig lo XX, que por ley debería estar protegida por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), pero que está sujeta a la falta de claridad y actualización de los ordenamientos legales vigentes en la materia, así como a la falta de coordinación entre las instancias locales y federales.

Según el arquitecto Rubén Ochoa Ballesteros, en 1950 existían unas 100 casas porfirianas, “en su mayoría de arquitectura ecléctica, imitando estilos franceses”. De esas, cuenta, sólo quedan unas 14. “Solo queda 14% del patrimonio que había en 1950”, refiere. “Lo más lamentable es que de esas 14, la mayoría están amenazadas por algún proyecto de intervención, de demolición o de readaptación”.

Según información proporcionada por el INBA, vía Infomex, en toda la Ciudad de México, en los últimos cinco años se han otorgado 584 vistos buenos para remodelación, restauración, rehabilitación o adecuación de inmuebles que están contenidos en su Relación de Inmuebles con Valor Artístico. Siete de ellos fueron en Reforma, en el tramo que va de Bucareli a Circuito Interior. En su mayoría son casonas porfirianas que han sido o están en proceso de convertirse en lobby o vestíbulos de grandes torres; otras sólo conservan su fachada o fueron demolidas.

Esos proyectos, considera Ochoa Ballesteros, “hacen que las casonas pierdan su escala, quedando minimizadas en el paisaje y perdiendo completamente su atmósfera interior”. “Es una arquitectura displicente, descuidada, únicamente para satisfacer cuestiones de inversión y plusvalía”, critica.

El mismo destino se proyecta para la casona que alberga el University Club (Reforma 150), una de las pocas de principios del siglo XX que se conserva en su totalidad y en cuya parte trasera, en un terrero anexo a la casa original, se planea edificar una torre de uso habitacional de casi 40 pisos.

De acuerdo con la desarrolladora encargada del proyecto, el inmueble diseñado a principios de siglo pasado por el arquitecto José Luis Cuevas y que desde 1932 alberga al University Club, pasaría a formar parte del moderno edificio, siguiendo los mismos procesos arquitectónicos y técnicos que se han usado en otras construcciones.

“Los del University Club argumentan que la arquitectura y la ingeniería mexicana pueden hacerlo y garantizar la integridad del inmueble. Dicen que les han presentado los estudios de mecánica de suelo y el procedimiento constructivo para que el proyecto no sea intrusivo y no ponga en riesgo el edificio. Ponen de ejemplo el edificio de Río Elba y Reforma, donde lo que hicieron fue sostener la casa desde su cimentación y moverla 30 metros hacia atrás; luego la repusieron en su lugar”, dice el diputado de la Comisión de Cultura de la Asamblea Legislativa, Alfonso Suárez del Real. A principios de año, él promovió un punto de acuerdo para que se reconsidere ese proyecto. Lo que preocupa, señala, es que la casa quede descontextualizada ante una torre que podría afectar la cimentación y el entorno visual.

Falta de coordinación. El caso de Reforma muestra la situación que enfrentan las casonas e inmuebles característicos del siglo XX en la Ciudad. Además de la protección del INBA, algunos inmuebles de esa época son competencia de la Dirección de Patrimonio Cultural Urbano de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (SEDUVI). Y aunque se pensaría que con estas dos instancias el patrimonio artístico está a salvo, hay poca claridad y falta de coordinación. Por ejemplo, según información solicitada vía Infomex, el INBA tiene registrados en su Catálogo Nacional de Inmuebles con Valor Artístico 11 mil 860 en la Ciudad de México, mientras que la Dirección de Patrimonio de SEDUVI, que otorga los permisos para intervención, sólo tiene 7 mil 121 inmuebles con valor artístico.

“Ese es el enorme problema que tenemos, algunos inmuebles coinciden en los tres catálogos que hay (INBA, SEDUVI y uno de la delegación). Pero cuando entramos en la parte de inmueble artístico con alto valor tipológico o relevante en la construcción es donde empezamos a tener severas deficiencias. Por ejemplo, demolieron íntegro el cine Ermita, de los años 50, porque no estaba en ningún catálogo. Hay casas de estilo art decó en la Tabacalera, en la Condesa o en la Roma que no están en ningún catálogo o sólo en el de SEDUVI, pero no en el del INBA”, comenta Suárez del Real, quien adelanta que existe un proyecto para crear un catálogo único de inmuebles artísticos e históricos para la Ciudad de México, el cual se planteó el pasado 18 de marzo y en el que participan la Secretaría de Cultura federal, INBA, INAH, PGR y representantes del fobierno de la Ciudad.

El experto en legislación del patrimonio cultural Bolffy Cotom comenta que si bien los catálogos son un instrumento necesario para la preservación, suelen tener sus limitantes.

Sin embargo, considera, tanto INBA como SEDUVI deberían “clarificar por qué hay diferencias en sus catálogos, si es por la competencia entre cada organismo, porque se trata de bienes de distintos regímenes de protección o porque no hay coordinación. “Es un verdadero caos, es una especie de desorden que refleja una falta de coordinación de los dos niveles de gobierno, porque si hubiera una especie de mesa permanente trabajando de manera sistemática, a estas alturas habría un avance, quizá no en uniformidad de los catálogos, sino en coincidencia de qué es un inmueble artístico”, comenta el especialista.

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