Hallan túnel en Templo Mayor

Al final del Cuauhxicalco, una estructura descubierta en 2011, podría haber dos cámaras funerarias, según arqueólogos

Vista de la parte del Cuauhxicalco que se ubica en la Plaza Gamio. La otra sección, donde se halló el acceso al pasillo, está en el área de Las Ajaracas (ARCHIVO EL UNIVERSAL)
Cultura 01/12/2015 00:22 Abida Ventura Actualizada 04:27
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El Cuauhxicalco, una estructura circular decorada con cabezas de serpiente hallada en septiembre de 2011 al pie del Templo Mayor de Tenochtitlan y donde, según las fuentes históricas, se habrían inhumado las cenizas de varios emperadores mexicas, podría contener en sus entrañas dos cámaras funerarias

Así lo sugirió ayer el arqueólogo Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor (PTM), durante su participación en la Primera Mesa Redonda de Tenochtitlan, que se realiza esta semana en El Colegio Nacional.

Al presentar su ponencia “Al pie del Templo Mayor: el monolito de Tlaltecuhtli y el Cuauhxicalco”, el arqueólogo explicó que uno de los últimos hallazgos en el predio conocido como Las Ajaracas es un pasillo ubicado en el interior de dicha plataforma, que mide alrededor de 45 centímetros de ancho por metro y medio de altura, y tiene poco más de 8 metros de longitud.

Al final de ese pequeño túnel que culmina justo en el centro del Cuauhxicalco, los arqueólogos identificaron dos cuartos sellados con piedras que aún no han sido explorados, pero que, considera López Luján, podrían tratarse de dos cámaras funerarias.

“Lo que especulamos es que del otro lado puede haber dos cuartitos pequeños. Los mexicas, como sabemos, no hacían grandes cámaras como las de Pakal o la Tumba 7 de Monte Albán, sino cuartitos pequeños. Esa es nuestra especulación a partir de que las fuentes dicen que esa estructura era un edificio funerario”, expresó al final de su ponencia.

El Cuauhxicalco, que tiene poco más de 16 metros de diámetro, fue descubierto en 2011 en dos partes: una en el área conocida como Plaza Gamio y la otra en las Ajaracas. Aunque ahora está dividido por un colector que fue construido en 1900, el arqueólogo explicó que esa construcción porfiriana no afectó el pasillo recién descubierto.

El investigador del INAH indicó que ese estrecho corredor fue hallado hace dos años mientras se realizaban trabajos de excavación en el área donde en 2006 hallaron el monolito de la Tlaltecuhtli, pero no ha sido explorado debido a las obras de infraestructura que se realizan para construir la nueva entrada al sitio y museo del Templo Mayor y de un puente peatonal que unirá al Zócalo con las calles de Guatemala y Argentina.

Lopéz Luján, quien desde 2007 está al frente del proyecto de excavación fundado por el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, relató que todo comenzó cuando removieron una lápida lisa y gigantesca de
3 mil 300 kilos que formaba parte del piso de la plaza. Debajo de ella hallaron dos ofrendas: la 149, una caja grande que contenía los cráneos de dos niños de entre cinco y siete años, así como dos braceros, diversos cuchillos de sacrificios, huesos de águila, piezas de oro y una pieza de obsidiana dorada; y la otra (Ofrenda 151) contenía, entre otros objetos, el cráneo de una mujer adulta.

La expectativa de los arqueólogos era hallar allí las cenizas de algún soberano mexica, pero al no encontrar nada se dispusieron a restaurar y volver a sepultar las cavidades donde localizaron las ofrendas. Pero uno de los miembros del proyecto, recordó López Luján, se dio cuenta que detrás de una pared que estaba consolidando podría haber algo. “Quitó una piedra del muro y se dio cuenta que disimulaba un pasillo muy estrecho”. “Al analizar las paredes del pasillo encontramos que al final había originalmente dos puertas de acceso, una al oeste y otra al este, que están tapiadas con piedras y que en algún momento decidieron clausurarlas”, detalló.

El arqueólogo precisó que la idea de que esos cuartos sean cámaras funerarias es sólo una hipótesis, como otras que ha planteado en ocasiones anteriores en su búsqueda de los soberanos mexicas, y que no han tenido resultados. Comentó también que serán los trabajos de exploración de la Octava Temporada, que comenzarán en enero o febrero, los que permitan comprobar o refutar dicha teoría.

Lo ideal, consideró el arqueólogo, sería encontrar los glifos onomásticos de los gobernantes -quizás de Moctezuma I y sus sucesores, Axáyacatl y Tízoc, considerando las etapas constructivas reflejadas en esta construcción-, lo cual indicaría que sí se trata de tumbas funerarias. “Eso sería un sueño, porque nunca hemos visto una tumba”, expresó.

Estos datos fueron dados a conocer ayer en la primera jornada de la Primera Mesa Redonda de Tenochtilan, donde también participaron los arqueólogos Eduardo Matos Moctezuma y el arqueólogo Raúl Barrera. Las ponencias continuarán hoy, a las 10 horas, en El Colegio Nacional.

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