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cultura@eluniversal.com.mx
El escritor español Ray Loriga aprovechó ayer la ceremonia en la que se anunció su nombre como ganador del XX premio Alfaguara para rendir un homenaje a sus modelos literarios, con una especial insistencia en Juan Rulfo.
“Yo no sería quien soy sin Juan Rulfo. Todo lo medianamente inteligente que se lea en mi obra lo vi en la sombra de Rulfo”, declaró Loriga.
Loriga contestó a una pregunta que le hicieron desde México, que lo que más valoraba de la obra de Rulfo era su fraseo: “Es lo mismo por lo que me gusta Juan Benet. Porque una vez que me empieza a hablar, me puede contar cualquier cosa. Me gusta el sonido de su voz”.
La presidenta del jurado, Elena Poniatowska, correspondió a esta confesión de amor con una anécdota sobre el escritor mexicano. “Coincidí con él en una cena elegantísima en la embajada italiana, se le acercó una chiquita y le preguntó: ‘Señor Rulfo, ¿qué siente cuando escribe?’, y él dijo: ‘Remordimientos’. Pues ojalá entre todos nosotros hubiera muchos remordimientos”, bromeó.
La novela con la que se impuso Loriga entre los 665 manuscritos presentados se titula Rendición. El jurado la definió como una obra “kafkiana y orweliana”. El escritor Santiago Roncagliolo recordó la función de faro literario que desempeñó Loriga en los años 90 como cabeza de la Generación X española. Los libros de Loriga, impregnados de rock and roll y rebeldía juvenil, lo convirtieron en una estrella instantánea.
Loriga también se refirió a esa ausencia de un escenario reconocible que comparten Rendición y las novelas de sus inicios, por oposición a las últimas que había escrito durante esta década. Argumentando su voluntad de centrarse en los conflictos fundamentales y “simbólicos”, explicó que “el folklorismo se quita leyendo a Thomas Bernhard y a Kafka, porque ese escarabajo es cualquiera, no está en ninguna ciudad: en esa habitación está Kafka solito con su imaginación”.
Luego, Loriga enumeró muchas de sus referencias en lengua española: Cortázar, Borges, Cervantes, Felisberto Hernández y resaltó la riqueza de contar con un idioma común que comunique tradiciones literarias autónomas. “No creo en una lengua pegamento que nos haga cantar a todos canciones juntos, pero sí en una tradición que nos ilumina”, dijo.
Además abrazó en dos ocasiones a Poniatowska en demostración de respeto. A cambio, la escritora bromeó con el cabello “despeinado” del madrileño, y resumió lo que significó para ella ganar el Alfaguara en 2001: “Gracias al premio fui por toda América Latina”. A Loriga le deseó la misma proyección.
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