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cultura@eluniversal.com.mx
Madrid. —Jonas Jonasson (Växjö , 1962) se preparaba para los rigores de la feria del libro de Madrid. Grande, rotundo, con sinusitis y unos zapatos de deporte naranja, el autor de best sellers humorísticos se alistaba para una firma de libros entre el polvo y el calor asfixiante del parque de El Retiro, donde hace unos días culminó el encuentro literario. Una perspectiva horrenda cuando se está acostumbrado a vivir entre la paz y la brisa de una pequeña isla en el mar Báltico. Buena parte de la nueva novela que el autor sueco presenta por el mundo, El matón que soñaba con un lugar en el paraíso (Salamandra), está ambientada en esa isla, Gotland. Allí llegan sus protagonistas escapando de las fechorías que han cometido en los ambientes criminales de Estocolmo.
¿Cómo es la vida en Gotland?
El paraíso. Con un clima templado, y mucha historia. Es el único lugar del mundo que prohíbe los detectores de metales, porque el suelo está lleno de tesoros vikingos. Tengo allí un hotel del siglo XII y vivo muy tranquilo.
Jonasson se instaló en Gotland tras el éxito de su primera novela, El abuelo que saltó por la ventana, que escribió tras una serie de reveses vitales. Periodista, fundó una empresa que lo llevó a la quiebra psicológica. Con más de 13 millones de ejemplares vendidos, su primera incursión en la literatura le permitió rentabilizar su negro sentido del humor.
En su última novela hay elementos comunes con sus otras obras: la huida, maletas con dinero, malvados a los que les sale todo mal y, claro, el humor. ¿Es coincidencia o aplica alguna fórmula del éxito?
Pues no lo sé. La gente me pregunta de dónde saco estas cosas, y yo solía responder con la evasiva de que las conseguía en una pequeña fábrica del sur de Alemania, hasta que un periodista se lo creyó. Lo que hago es pensar en un principio y el final al que quiero llegar, y en medio voy fijando paradas de autobús que me parecen interesantes. Lo trabajo mucho, cada noche pienso en esas paradas.
Sus libros son exitosos, atraen a lectores compulsivos y a gente que no lee nada. ¿Cómo lo logra?
Sólo puedo confirmar que es así, pero no darle una explicación. Recuerdo las primeras críticas positivas de dos lectores espontáneos que me llegaron con mi primer libro: uno era un físico que buscaba demostrar que Einstein se equivocaba con su teoría de la relatividad; otro, un lector que me mandó un correo lleno de faltas de ortografía agradeciéndome porque el mío era el primer libro que terminaba. Sí, son extremos. Yo creo que es porque mis relatos ofrecen esperanza.
¿El éxito se debe más a ese mensaje de esperanza que a los libros en sí?
Puede ser. Pero es un todo. Mi estilo ayuda. Es muy claro. No me detengo a describir en cuatro páginas una puesta de sol; apenas si describo personajes. Lo elimino todo, borro miles de adjetivos para mantener el ritmo.
En este libro sus personajes no salen de Suecia.
Es cierto que me interesa el viaje: el viaje físico y el emocional entre un punto de partida y uno de llegada, pero no tienen por qué ser muchos kilómetros. Lo importante es lo que cuento sobre el ser humano.
Llama la atención cómo es la Suecia que describe: los personajes beben mucho, tienen problemas familiares, intentan vivir de las ayudas sociales... ¿Es así Suecia? ¿O es el terreno dramático en el que está más cómodo?
Es la humanidad. Esas cosas son globales. El hombre hace cosas malas, intenta aprovecharse, practica corruptelas... Quizás esos problemas de mis personajes suecos parezcan pintorescos en otros países porque en ellos predominen otras formas de mal más agresivas. Por ejemplo, Suecia es el tercer país menos corrupto del mundo, pero las pequeñas miserias y las trampas siguen existiendo.
Su mirada sobre el ser humano es cómica, pero oscura.
Sin embargo, nunca dejaré de creer en el ser humano. Por dos razones: porque las cosas pueden hacerse mejor, y porque hay que creer que pueden hacerse mejor. Ese es el significado de todo.
En el libro, la acción inicia a partir del día en que el exconvicto incontrolable y alcohólico que protagoniza la novela, Asesino Anders, comienza a buscarle sentido a la existencia.
¿Irá a la feria de Guadalajara?
Este año no. Quiero ir a México, pero ahora trabajaré en otro novela.
Usted comenzó a escribir a los 47 años. Le dio un cambio a su vida y se enriqueció. ¿Por qué quiere seguir escribiendo ahora?
Porque es divertido, es excitante. Y antes sí escribía: no novelas, pero sí en prensa. Además, ¿qué haría si no? ¿Podría ponerme a buscar plata en Gotland? ¡No!
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