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J. M. Coetzee, un escritor brutal y sin maquillajes

Cultura 06/04/2016 04:20 Yanet Aguilar Sosa Actualizada 09:20

En la Universidad Iberoamericana, el Premio Nobel de Literatura 2003 recibió el Doctorado Honoris Causa

Sonriente, “a ras de suelo”, como calificaron su narrativa, el Premio Nobel de Literatura 2003, se congratuló del nombramiento y departió, por media hora, con estudiantes, profesores e investigadores.

De pocas palabras y negado totalmente a las entrevistas, Coetzee aceptaba posar y sonreía tímidamente a la pantalla de los teléfonos y tabletas de quienes le pedían incluso una selfie.

Brindó con refresco, portando todo el tiempo su vestimenta medieval, la toga negra sobre la que mantuvo erguido la beca y la medalla con la leyenda "Tradidit deus mundum disputationi" (Dios puso al mundo para ser pensado), que rige la enseñanza de la Ibero.

El autor de Desgracia e Infancia se preguntó también si el linaje de la universidad de hoy viene las universidades de la Europa medieval, y luego enfatizó que la universidad medieval y el profesorado medieval son sorprendentemente similares a la universidad de hoy y al cuerpo docente de hoy, aunque ahora es hogar de la investigación libre y del alto aprendizaje.

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Nadie las contó, ni él mismo, pero fueron muchas las fotos que J. M. Coetzee se dejó hacer con decenas de admiradores que acudieron a la ceremonia donde fue investido con el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Iberoamericana. Sonriente, “a ras de suelo”, como calificaron su narrativa, el Premio Nobel de Literatura 2003 se congratuló del nombramiento y departió por media hora con estudiantes, profesores e investigadores.

De pocas palabras y negado totalmente a las entrevistas, Coetzee aceptó posar y sonreía tímidamente a la pantalla de los teléfonos y tabletas de quienes le pedían incluso una selfie. Brindó con refresco, portando todo el tiempo su vestimenta medieval, la toga negra sobre la que mantuvo erguido la beca y la medalla con la leyenda “Tradidit deus mundum disputationi” (“Dios puso al mundo para ser pensado”), que rige la enseñanza de la Ibero.

En su discurso no hubo mención a los cuestionamientos que siempre ha hecho en su literatura a la falta de libertad y la denuncia del racismo, la intolerancia y la censura. Coetzee optó por reflexionar sobre lo que subsiste de la universidad medieval europea en la universidad del siglo XXI.

“Es a la idea de la universidad como hogar del alto aprendizaje y la investigación libre a la que le rendimos tributo, pienso, cuando nos vestimos con ropas medievales y representamos rituales medievales. El problema es que nuestro entendimiento de la historia no es seguro. Rendimos tributo a una universidad que en gran medida está muerta —la universidad soñada por los humanistas del Renacimiento— buscando en las formas exteriores de la universidad medieval, un modelo que ha probado ser sorprendentemente duradero”, señaló Coetzee.

Entre las preguntas que Coetzee se planteó sobre el uso de vestimentas y estos ritos y prácticas medievales, él mismo respondió: “A pesar de las múltiples diferencias entre la universidad medieval y la universidad del siglo XXI, en verdad deseamos afirmar y reafirmar nuestra continuidad con el pasado”.

El autor de Desgracia e Infancia se preguntó también si el linaje de la universidad de hoy viene de las universidades de la Europa medieval, y luego enfatizó que la universidad y el profesorado medieval son sorprendentemente similares a la universidad y cuerpo docente de hoy, aunque ahora es hogar de la investigación libre y del alto aprendizaje.

Crítico del mundo y sus abusos. John Maxwell Coetzee cumplió con todo el ritual medieval de la ceremonia donde le fue conferido el grado de Doctor por su obra y trayectoria: “Por la promoción de la justicia y la libertad, la formación humanista, la crítica a la exclusión y violencia, y el favorecimiento de una cultura de paz, equidad y respeto; así como la lucha contra las condiciones de pobreza que aquejan a los más desfavorecidos”.

El escritor sudafricano de 76 años ingresó al Auditorio José Sánchez Villaseñor, detrás de los representantes del Claustro Académico de la Universidad, todos con su beca roja en los hombros; luego accedió acompañado del rector David Fernández Dávalos, y de su padrino, Pablo Lazo Briones.

Con rostro serio, Coetzee escuchó cuando Lazo Briones, director del Departamento de Filosofía de la Ibero y quien impulsó su visita, dijo que su literatura tiene en sus imágenes sociales una reflexión crítica que puede señalarse como filosófica, y que la reflexión social y política de sus novelas es la que nos empuja a criticar nuestro mundo y sus abusos. “En la obra del escritor sudafricano hay provocaciones o ‘disparadores’ de la acción social, incluso de cierto modo de resistencia o reacción frente al totalitarismo o imperialismo y sus consecuencias históricas, pero nunca en la forma de un texto como colección de indicaciones morales o políticas, religiosas o pseudocientíficas”, afirmó Pablo Lazo Briones.

El filósofo que hoy presidirá el Coloquio “Filosofía y crítica social en la obra de John Maxwell Coetzee”, que incluye una conferencia magistral del propio Nobel, titulada “On Censorship” (“Contra la censura”), dijo además que manteniéndose en la superficie de las cosas humanas, Coetzee describe con minuciosidad de espeléologo la materialidad de los eventos contingentes, efímeros, en marcos siempre sociales. “Pero al decir que Coetzee escribe a ras de suelo no estamos abogando por la superficialidad o banalidad de su literatura, todo lo contrario, ésta tiene la virtualidad de ponernos de inmediato en una situación de compromiso”.

Lazo Briones, quien tuvo a su cargo la encomienda de nombrar a Coetzee Doctor Honoris Causa, aseguró además que en sus novelas se encuentran descripciones de acciones y pasiones crudas, en su estado más elemental de deseo y ternura, o de maldad y traición, pero nunca una intención de elevar estas acciones a un modelo de lo humano. “La arquetípica universalista —estética o moral, política o religiosa— es un juego literario que Coetzee no quiere jugar”, aseguró el filósofo.

Defensor de la igualdad. J. M. Coetzee escuchó cada intervención y cuando el rector David Fernández Dávalos lo invistió con la beca y la medalla, y le entregó el diploma del Doctorado, él sólo afirmó con la cabeza, cuando le tomó protesta del grado.

El narrador, ensayista y profesor universitario, con rostro serio, escuchó atento cuando Fernández Dávalos destacó que sus novelas confrontan al lector con “una realidad brutal, sin maquillajes sociales”, novelas a través de las cuales “les ha hecho tomar conciencia (a los lectores) sobre el racismo y la segregación, así como de las paradojas de una sociedad que aún no acaba de abandonar las prácticas de un sistema totalitario que ha mantenido a la población controlada y sometida”.

Fue el rector quien aseguró que la obra de Coetzee tiene una proximidad importante con los principales lineamientos del ideario de la Universidad Iberoamericana y del Sistema Universitario Jesuita, quienes le concedieron, por unanimidad, el grado.

Y fue él también quien dijo que es un defensor de la igualdad y un hombre que rechaza todo tipo de actitudes intolerantes y racistas. “A través de su obra demuestra su responsabilidad social, no sólo con Sudáfrica, sino con el mundo entero”, enfatizó el rector.

Coetzee no manifestó una palabra sobre esas cuestiones. Todo eso lo dejó para hoy, cuando el Premio Nobel de Literatura reflexionará sobre la censura, en su conferencia magistral.

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