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Arnaldo Orfila, Juan Rulfo, María José y Octavio Paz en la presentación de Corriente alterna, 1966 (CORTESÍA SIGLO XXI, JAIME LABASTIDA Y LUIS GALEANA)

Libro importante, el que genera problemas: director de Siglo XXI

02/03/2016
04:10
José Juan de Ávila
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Jaime Labastida afirma que la editorial llega fortalecida a sus 50 años; promete libro impreso por mucho rato

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Siglo XXI llega a sus 50 años fortalecida, con finanzas sanas e inmersa en la era digital, pero convencida de que habrá libro impreso para rato, contrario a lo que creía Umberto Eco, dice su director, Jaime Labastida, quien sostiene que “el libro importante es el que genera problemas y crea dudas”.

El filósofo y poeta afirma que el programa editorial de José Vasconcelos era “una porquería”, con ediciones pirata, y que el promedio de lectura en México debe rondar en 0.6 libros per cápita y no en 5.3, que arroja la más reciente encuesta oficial del gobierno.

Con 26 años al frente de la editorial que fundó en 1966 Arnaldo Orfila tras su destitución del Fondo de Cultura Económica (FCE) por editar Los hijos de Sánchez, de Oscar Lewis, y Escucha, Yanqui, de C. Wrigth Mills, Labastida afirma que recibió Siglo XXI en ruinas, pero que desde 1992 no reporta pérdidas a pesar de la situación tan adversa del mercado. Mantiene un catálogo de 2 mil 400 títulos, casi dos terceras partes de los 3 mil 500 publicados desde su primer volumen, Heráclito, de Rodolfo Mondolfo.

Entre sus autores está lo mejor del pensamiento contemporáneo francés: Michel Foucault, Roland Barthes, Pierre Bordieu, Claude Levy-Strauss, Thomas Piketty, Jacques Lacan, Michel Maffesoli; obras clave de la cultura mexicana, como la antología Poesía en movimiento, los libros de Octavio Paz Posdata y Corriente alterna, o la primera novela de Fernando de Paso, José Trigo.

El autor más popular de su catálogo sigue siendo el uruguayo Eduardo Galeano; otras obras, como la de Marta Harnecker, Los conceptos elementales del materialismo histórico, dejaron de venderse ante el cambio de paradigmas que trajo la caída del Muro de Berlín en 1989. En cambio, El capital, de Karl Marx, se sigue imprimiendo porque es un libro de ciencia, expone Labastida al recordar que el espíritu de Siglo XXI desde hace 50 años es editar a autores y obras “necesarios”, aunque no sean comerciales.

Algunos números: Siglo XXI tiene
2 mil 500 autores en su catálogo. Edita en promedio 60 libros al año y en versión electrónica tiene ya mil 227 títulos. Las venas abiertas de América Latina encabeza las reimpresiones y se mantiene en el ciberespacio como el título más popular. Al año, la editorial vende unos 350 mil ejemplares, su tiraje más alto ha sido de 169 mil ejemplares y cuenta con 551 accionistas.

¿Cómo llega Siglo XXI a sus 50 años?

Fortalecida, a pesar de la situación tan adversa que se contempla en el mundo editorial en papel.

¿Cómo se está adaptando al perfil del lector?

Cuando asumí la dirección de Siglo XXI, en 1990, acababa de caer el Muro de Berlín, que a su vez derrumbó una enorme cantidad de paradigmas. Entonces, libros que habíamos publicado y que se vendían muy bien, como el de Marta Harnecker, dejaron de venderse. Eso te indica un cambio de paradigma en el lector y debes hacer ajustes en tu producción.

¿Quién es su autor más leído?

Sigue siendo Eduardo Galeano, sus obras representan en conjunto millones de ejemplares vendidos. Las venas abiertas de América Latina se sigue leyendo, creo que ya llegamos al millón de ejemplares desde marzo de 1971, o sea hace 45 años. ¿Por qué? En alguna ocasión le dije a Eduardo: “Te das cuenta que este libro tiene datos ya obsoletos, no te parece conveniente que lo actualicemos”. Y su respuesta fue muy sintomática: “Me da mucha flojera”. El libro no se vende por sus datos, sino porque está muy bien escrito, el enfoque es interesante, es una especie de enciclopedia breve de América Latina.

Hay mayor tecnificación en la producción editorial, ¿pero el mercado corresponde?

Es que el mercado del libro es muy especial, es un mercado de inteligencia. Uno de los defectos de los directivos de la industria editorial es que son empresarios, no intelectuales, y creen que cada libro que se publica debe rendir. Nosotros tenemos otro criterio: consideramos que un buen libro debe ser publicado aunque no tenga buena venta; y que un libro de buena venta sostiene a uno de baja venta.

¿Cómo competir así con los grandes consorcios editoriales?

Los grandes consorcios editoriales están dirigidos a un público determinado. ¿Ellos publican obras de pensamiento? No. De hecho da la impresión de que han comprado sellos para cambiarles su signo. Por ejemplo, Gredos, una gran editorial de lingüística y crítica literaria, fue comprada y lo que publica ya no tiene la misma calidad que antes. ¿Para qué la compraron? No entiendo. Debieron dejarla ahí.

Pero Gredos ya vendía en 2015 sus clásicos en puestos de periódicos.

Esos clásicos griegos y latinos no son para kioscos, pero de venderse allí primero deberían ser bilingües y tener numeración crítica. Te voy a mostrar algo (toma dos volúmenes facsimilares de 2011 de la Colección Verde, editada por José Vasconcelos). La Ilíada y La Odisea son clásicos, están codificados, numerados todos su versos. Revisa en estas ediciones (prosificadas) quién es el traductor. ¡No dice quién es el traductor! Estas dos obras fueron traducidas por el gran helenista español del siglo XIX Luis Segalá y Estalella. ¿Por qué en estas ediciones no lo dicen? ¡Porque son ediciones pirata!

¿Piratas? Y para colmo traen un prólogo de Felipe Calderón.

Y todos dicen: “Ay, la obra editorial de José Vasconcelos”. Es una porquería. La idea que ha privado en muchos espacios en México es que hay que llevar al pueblo la cultura sea como sea. No, al pueblo hay que darle sólo lo mejor posible, que no se acostumbre a la porquería. ¡Esta Ilíada y esta Odisea de Vasconcelos son ediciones pirata! ¿Cómo vamos a justificar ediciones pirata? No es posible. Otros libros de esta colección de Vasconcelos son retraducciones del inglés o francés al español. ¿Y esto es lo que se alaba como la gran obra cultural de Vasconcelos? Es de bazofia. Perdón por decir estas cosas “políticamente incorrectas”, pero como yo soy políticamente incorrecto, no me interesa decirlas.

Entonces ¿no ve a los consorcios como amenazas?

Todo libro compite contra otro. ¿Qué pasa? Que el mercado en México es muy grande, pero es potencial. La reciente encuesta —que no estadística— que hizo el año pasado Conaculta y que dio a conocer Rafael Tovar y de Teresa, no me parece correcta. ¡En México no se lee ni un libro al año! ¡No se compra ni un libro al año! Te tienes que basar en la producción, que revela lo que hay.

Ya el presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, José Ignacio Echeverría, cuestionó que la Encuesta Nacional de Lectura y Escritura hable de que leemos 5.3 libros al año (contra 2.9 de 2005) cuando cayó la producción de la industria editorial.

Así es, pero se quedó corto, porque el número global de ejemplares impresos en México sí rebasa los 300 millones, lo cual aparentemente te da tres libros per cápita al año, pero quítale los 200 millones de texto gratuito y los cerca de 40 millones que las editoriales privadas producimos para secundaria: te da 0.6 libros per cápita al año vendidos, lo que no quiere decir leídos ni menos aún comprendidos. ¿A qué voy? El mercado potencial es altísimo. Si los mexicanos leyeran cinco libros al año, si compraran cinco libros al año, se multiplicaría por 10. Te lo voy a redondear: si ahora se producen 50 millones, se multiplicarían a 500 millones, pero libros de pensamiento, porque el libro importante es el que genera problemas, el que crea dudas. Ése es el libro importante, no un libro que se lee por obligación.

Justo Siglo XXI se creó debido a dos libros que generaron problemas.

Pero fíjate qué curioso, cómo han cambiado los tiempos. Uno de esos libros fue Los hijos de Sánchez. Eran los años 60, se decía que todo lo había consumado la Revolución Mexicana. Entonces el FCE publica el libro de Oscar Lewis y se dice “no, eso no puede ser, es una calumnia contra el país”. ¿Y ahora? Las calumnias están a la orden del día, por lo visto. Todo el mundo sabe lo que está pasando en el país, no hemos podido acabar con la pobreza. Seguimos siendo el país de la desigualdad, como dijo Alexander von Humboldt. Fortunas inmensas al lado de miseria completa. Pero miseria mental y política también, y corrupción política. Esto es lo que nuestra editorial pone al día, pero no con la denuncia, como un periódico, sino con el análisis profundo.

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