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El cine de Emilio Indio Fernández es trasnacional, gran parte de sus películas son antimachistas, contrario a lo que la mayoría de sus críticos mexicanos opinan, y algunas “empoderan” a las mujeres a través de sus personajes femeninos, sin embargo ha sido “discriminado” en México por la etnicidad, el mestizaje del director y se le juzga a partir de la personalidad de éste y no por su riqueza cinematográfica, sostiene la académica inglesa y especialista en el cineasta nacional, Dolores Tierney.

De vuelta en México donde en los 90 estuvo en Guadalajara estudiando películas y leyendo obras sobre la filmografía nacional en el Centro de Investigaciones y Enseñanza Cinematográficas (CIRC), Tierney recuerda que en esa ciudad se enamoró de la obra de Fernández por “su belleza y profundidad”, pero que cuando empezó a escribir sobre filmes como Enamorada encontró grandes contradicciones entre lo que decía la crítica especializada y lo que ella hallaba en esas cintas.

“Muchos de los que escribían sobre Emilio Fernández vienen de las Ciencias Sociales, de la Historia, de la Antropología, analizaban su cine a partir de esos discursos; yo no, yo vengo de los estudios de cine, de los feministas, de los culturales, entonces eso influyó para mi visión sobre su cine”, explica la catedrática de las Universidades de Sussex y Warwick y autora del libro Emilio Fernández, Pictures in the margins, obra única de análisis del lenguaje cinematográfico en la filmografía de ese director.

Tierney, que da cátedras sobre cine mexicano y en particular sobre la vasta filmografía del Indio en universidades inglesas como Sussex y Warwick, considera a Fernández como el más importante realizador mexicano y uno de los más célebres de Occidente. En entrevista, da su versión del cineasta.

¿Qué contradicciones encontró en la crítica sobre el cine de Fernández?

Por ejemplo, de Enamorada se decía que era una película machista. Sin embargo, es una cinta de acción con un general (José Juan) dominante y masculino, que luego se cambia a un melodrama donde el personaje de Pedro Armendáriz es feminizado por la fotografía de Gabriel Figueroa; es abofeteado, insultado, golpeado por María Félix en encuentros violentos que ellos tienen, como cuando ella lo hace caer de su caballo con fuegos artificiales, hay muchos momentos de violencia así.

Cita la famosa secuencia de la serenata de La Malagueña y como también lo escribe en su libro de 2007 (aún sin traducción al español) Tierney explica que en ella, aparentemente, José Juan (Armendáriz) posee la mirada y Beatriz (Félix) es el objeto de esa mirada.

“Pero si nos fijamos en la cinematografía de Figueroa, notamos que es Beatriz quien desempeña el papel masculino activo, como la poseedora de esa mirada, y José Juan, el papel femenino pasivo...”, subraya.

Tierney agrega que, en relación a asuntos de género-sexo, aunque el filme se llama Enamorada, pudo haberse llamado “Enamorado”, porque “en realidad se trata de la domesticación de la masculinidad viril asociada con violencia y machismo, logrado a través del enamoramiento”, en una suerte de versión invertida de La fierecilla domada shakespeariana, donde aquí el macho es domado por la mujer.

“Cuando al final Beatriz se niega a casarse con Robert y huye con José Juan, parece menos un acto de sumisión por parte de ella que, dentro de la lógica del screwball comedy, de abandonar un mundo al cual no pertenece; al final de los screwball comedies la pareja se aleja del pueblo, se va a su isla privada”, expresa Tierney, quien pertenece a una generación de estudiosos que analizan al cine mexicano, como Sergio de la Mora, Ignacio Sánchez Prado o Charles Ramírez Berg.

En el análisis textual y de género de Enamorada, Tierney se aleja de las lecturas tradicionales de críticos y estudiosos nacionales sobre la obra de Fernández. Dice que este filme en particular sí establece la necesidad de definir una identidad nacional en el México de los 40, pero subraya que muchas veces la imagen “feminizada” de José Juan es tal vez una estrategia deliberada para describir un acercamiento no machista a la política posrevolucionaria que imponía el Estado a través del cine.

La académica inglesa subraya que a Fernández se le presenta a menudo como un conservador, cuando no lo es.

¿Qué pasa con las mujeres en el cine de Fernández?

Nunca diría que hay un tratamiento único de la mujer en toda la obra de Fernández. Leo las películas por sí mismas, intento no hacer argumentos de su obra entera, cada cinta es diferente, tiene su historia, su equipo, su ámbito político. Hay variedad en los personajes femeninos. Violeta (Ninón Sevilla), por ejemplo, en Víctimas del pecado, es una mujer protofeminista, trabaja sin padrote, va en contra de lo patriarcal muchas veces. Hay una variedad de mujeres en su cine, desde las sumisas hasta las bastante independientes.

Usted contradice la versión —de autores como Julia Tuñón o Paco Ignacio Taibo I— de que el Indio promovía un modelo de mujer en su cine.

Yo digo que las ideas de él acerca de la mujer, él mismo como hombre, no tienen que ver necesariamente con los personajes que salen en sus películas. Lo que intento hacer es desprender al Fernández hombre de las películas.

¿El cine del Indio es feminista?

No, no creo que sea feminista, pero a veces no es machista. Y no se puede hablar del cine Fernández en conjunto, como todos sus críticos hacen, sólo se puede hablar de una película en particular, en vez de encontrar coherencia a través de todas las cintas: debe analizarse cada película con sus propios discursos.

Su análisis contrasta con las visiones que han dado investigadores mexicanos sobre El Indio.

No en la nueva generación de investigadores, con ésa no contrasta tanto. Yo trato de cuestionar a las generaciones de antes. Escribo desde mi punto de vista y desde mi educación. Creo que a partir de ahora habrá muchas más investigaciones que busquen lo alternativo en las películas de Fernández, y no sólo a partir de sus películas canónicas, sino de aquellas de los años 70 o de otras clásicas como Un día de vida, que no se estudian tanto.

¿Cómo define brevemente a Emilio Fernández, el director?

Exclusivo, paradójico, expansivo. A Fernández a veces se le plasma como era en los 80, cuando era muy cínico, muy deshecho al final de su vida; a partir de los cuentos chinos que contaba, se le define a Fernández. Pero yo creo que si volvemos a los años 40, vemos a otro hombre, podemos pensar en él de otra manera, en vez de pensarle como indio, como mestizo o marginado. Por ejemplo, nunca se habla de la etnicidad de directores como Julio Bracho o de Roberto Gavaldón ni se les estudia por ella; es toda una estrategia marginalizante el hablar del físico de Emilio Fernández, de su etnicidad.

¿Cree que ha sido discriminado?

Sí, es discriminación. Por eso no lo llamo El Indio Fernández. Lo llamo Emilio Fernández, esa es mi educación, de eso vengo.

Pero él se anteponía el apodo.

Sí, lo usaba él mismo. También para darle más autenticidad a su trabajo.

En la Cineteca le iban a nombrar a una de las nuevas salas Emilio Indio Fernández y le pusieron Luis Buñuel al final.

¡No lo hicieron! Cuando supe que iban a rehacer la Cineteca pensaba: “Ahora sí le van a poner el nombre de Emilio Fernández a una sala”. Pero no lo hicieron, no entiendo por qué. Hay que montar una campaña.

Tal vez fue porque quienes estaban al frente de esas dependencias (Consuelo Sáizar en Conaculta y Paula Astorga en Cineteca ) se dicen feministas y chocaban con la visión supuestamente machista de la mujer con la que se ha tratado de etiquetar al cine de Fernández.

Quizás mi libro ayude un poco a cambiar esa visión. Creo que esta idea de que él era un hombre machista, muy conservador no ayuda mucho para que se abra un sala aquí. Pero mi libro habla de su cine y no de él como personaje. Espero que esto ayude a que se abra una sala con su nombre aquí, porque rehace mucho toda esta mitología sobre Emilio Fernández y la pone a un lado de su cine.

¿Cómo define ese cine?

Es un cine clásico, trasnacional, que tiene que ver mucho con lo que pasaba entonces en Estados Unidos. Es un cine de arte.

Fernández fue director de 41 películas, muchas de ellas se exhibe regularmente en la televisión mexicana y en festivales en el extranjero; actor en decenas de cintas más, mexicanas y de Hollywood, productor y argumentista. Su cuerpo fue modelo para la elaboración de la estatuilla del Oscar; ha sido el único mexicano en ganar con una película, María Candelaria, la Palma de Oro en Cannes (en 1946), su cinta Un día de vida causó revuelo en la Europa comunista y en especial en Yugoslavia; construyó la imponente Casa Fortaleza del Indio Fernández, patrimonio de Coyoacán; su arte se enseña en universidades de Inglaterra y EU. Pero en México ni siquiera cuenta con una sala en su honor.

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