Los premiados este año con el Nobel de Química han llevado esta ciencia a una nueva dimensión al crear máquinas moleculares de tamaño nanométrico, cuyas futuras aplicaciones parecen hoy, según dos de los laureados, propias de la ciencia ficción.

El francés Jean-Pierre Sauvage, el británico residente en Estados Unidos James Fraser Stoddart y el holandés Bernard Feringa son tres pioneros de la nanotecnología que han logrado desencadenar y controlar el movimiento de las moléculas, "algo totalmente nuevo y desconocido", explicó el primero a Efe.

Para hacerse una idea de las dimensiones en que se manejan estos expertos, un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro, tamaño al que ya han creado coches, ascensores y músculos moleculares.

Las aplicaciones actuales de esta técnica, que aún está en sus albores, "son muy limitadas", reconoce Sauvage, pero con su desarrollo y los años aumentarán y, "desde luego, podemos soñar, porque hay una parte de suena a ciencia ficción".

Ese es el mismo término usado por Feringa al hablar de las cosas que se podrán hacer en un "futuro lejano" con máquinas moleculares y es que no hay que olvidar que el primer motor del siglo XIX "poco se parece al que llevas ahora en tu coche", dijo a Efe en una entrevista.

"Ahora hemos aprendido, de una manera muy primitiva, a mover las moléculas, a hacerlas rotar y esa es -asegura- la primera piedra para todo tipo de materiales y funciones, para crear cosas que puedan adaptarse, moverse, responder a una señal luminosa y cambiar".

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Los dos nobel construyen una lista de posibles aplicaciones, desde medicamentos inteligentes a materiales autorreparables o ventanas que se limpien solas, para Feringa, y de la electrónica a la informática molecular para Sauvage.

La electrónica y la informática molecular son dos de los campos mas desarrollados gracias al equipo de Stoddart. Se trata, explicó Sauvage, de almacenar información y usarla como se hace con un lápiz de memoria o con un chip de ordenador, pero el dispositivo es molecular y, por lo tanto, "extremadamente pequeño".

Hasta ahora -aseguró- "han hecho cosas espectaculares. Habrá que mejorar el sistema, lograr moléculas más estables, pero yo creo que es un terreno muy importante".

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De las posibilidades que brindan las máquinas moleculares, la que más apasiona a Feringa es la de los medicamentos inteligentes, aunque recordó que son necesarios muchos pasos previos pues "puede llevar fácilmente 20 años".

Se trataría y "es solo un sueño", advierte con una amplia sonrisa, de que los antibióticos se activen y desactiven a voluntad. "Si tienes una infección aquí (se señala un lugar en el pecho junto a uno de los botones de su camisa celeste), haces llegar un antibiótico a ese lugar preciso y se activa gracias a una luz".

Una vez que haya hecho efecto, "seis o doce horas después, el medicamento se apaga, deja de existir y no deja resto, de manera que no se desarrolla resistencia a los antibióticos, que "hoy es un problema de importancia capital en todos los hospitales".

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El equipo de Sauvage, por su parte, ha creado ya en laboratorio los primeros músculos moleculares, "un objeto de ocho nanómetros que se contrae y relaja cuando se le envía la señal a la molécula", el cual puede utilizarse para minirobots articulados o para usos que en los que "hoy en día ni siquiera hemos pensando".

Para desarrollar todo el potencial de esta técnica "necesitamos métodos nuevos y quizás sean completamente diferentes de los de ahora", consideró el químico holandés, mientras Sauvage resumió sus aplicaciones en una frase: "Imaginación al poder".

Y es que "estamos creando nuestro propio mundo, porque intentamos hacer algo con las moléculas que la naturaleza no ha inventado", aseguró Feringa, quien, a veces, se siente como un artista, pues su trabajo tiene un aspecto creativo y emocional: "yo disfruto con la belleza de las moléculas y con lo que puedes hacer con ellas".

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jpe

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