Durante los últimos años, las organizaciones mexicanas han cambiado su cultura organizacional. Si antes la apariencia física era un aspecto que se tomaba mucho en cuenta a la hora de contratar, hoy las aptitudes que están verdaderamente relacionadas con el desempeño del trabajo en cuestión son las que toman una mayor relevancia. Más allá de su aspecto personal —de si tienen tatuajes, perforaciones o el cabello teñido de algún color—, de sus creencias religiosas o preferencias sexuales, cada vez más las empresas se concentran en lo que en verdad importa: El talento.

Pero hace apenas algunos años, la historia era distinta. A las empresas especializadas en recursos humanos les llegaban solicitudes de empresas que les pedían reclutar al mejor talento… siempre y cuando no estuviera tatuado ni perforado, y tuviera cierta preferencia y religión. Y el requerimiento necesitaba estar respaldado con pruebas: Incluso se pedían exámenes médicos que pudieran comprobar el que los candidatos no tuvieran tatuajes ni perforaciones.

“El ser homosexual también era castigado en algunas compañías, o las religiones, en este sentido, sí pedían que fuera de la principal religión, la católica”, explica Arleth Leal, directora asociada de Red Ring, una empresa especializada en capital humano. Estas condiciones eran características definitorias por las que se les podía decir que no a un candidato. Incluso era necesario preguntarle al postulante tanto si estaba tatuado o perforado, como si tenía ciertas enfermedades.

“Hoy ya no puedes hacer nada de esto. Hay un tema de privacidad de datos pero hay también de respeto y derechos humanos. Las organizaciones hemos sido adquiriendo esa forma de ver el mundo”, asegura Norma Godínez, directora de recursos humanos de Kelly Services.

“Hoy la cultura es mucho más abierta y hay incluso empresas que están muy enfáticas en estos aspectos de diversidad, en donde no importa qué religión sea, cuál sea su preferencia o si tiene algún tatuaje, hoy las empresas están abiertas siempre y cuando cumpla con el perfil y tenga el talento necesario”, asegura Arleth. Cuando las empresas piden que el candidato sea hombre, la empresa que encabeza esta reclutadora trata de debatir este requisito para permitir que sea mujer. Lo mismo con las personas de más arriba de 55 años, para las cuales las organizaciones suelen tener reticencias para contratar debido a la edad.

Sin embargo, hoy en día, a veces cuesta un poco de trabajo convencer a un líder —sobre todo cuando es de una generación como la baby boomer o la tradicionalista— que hoy el mundo es diferente; sin embargo, el cambio arrancó en México. Éste es incluso ya un tema delicado en el cual las áreas de ética y cumplimiento de las normas son ya muy cuidadosas al interior de las organizaciones, explica Norma Godínez.

¿Todavía existen empresas que expresamente pidan que los candidatos no estén tatuados ni perforados, o que hagan alguna especificación de este tipo? De acuerdo con cifras de Red Ring, hasta el día de hoy sólo 15% de las organizaciones mantiene estas prácticas. “Nos da gusto que cada vez sean menos porque antes nos cerraban el campo laboral. Había candidatos excelentes pero tenían tatuajes, o incluso había empresas que pedían que se borraran los tatuajes o que se cortaran el cabello”, explica la especialista de Red Ring.

Hoy atributos como el estar peinado y vestido de manera profesional son los más importantes para generar percepciones favorables, encima de otras formas de vestir y de que la persona tenga tatuajes o perforaciones, según demostró un estudio publicado en el International Journal of Hospitality Management.

Cada vez más común

El respeto a la diversidad es uno de los aspectos que se ha vuelto muy importantes en las organizaciones hoy en día, aseguran las especialistas; sin embargo, la mentalidad de los profesionales mexicanos todavía no cambia del todo.

De acuerdo con una encuesta realizada por la OCCMundial, 65% considera que el uso de tatuajes, piercings o perforaciones genera discriminación laboral. Ellos dicen que la principal razón por la cual no se contratan a personas con tatuajes o piercings es que no encajan con la cultura organizacional. Pero también aseguran que es porque esta apariencia es poco profesional. Sin embargo, ellos creen que este tema no se relaciona con el talento y debería ser irrelevante pues no altera el desempeño en el trabajo. Ellos creen que también existen otras formas de discriminación laboral, tales como el uso de colores llamativos o rastas en el cabello (57%); por orientación sexual (54%), por discapacidad (48%) y por vestimenta (47%).

En México, uno de cada 10 habitantes posee un tatuaje según datos de la Comisión Nacional para prevenir la Discriminación (Conapred), lo que representa que 12 millones de personas que pueden no sobrepasar los 20 años están tatuadas.

En contraste con este estudio, existen otros —realizados en otras latitudes alrededor del mundo— que demuestran que profesionales y estudiantes que van a incorporarse al ámbito laboral pronto piensan que ni las perforaciones ni los tatuajes reducen la oportunidad de obtener un trabajo. Esto lo demostró un análisis publicado en el International Journal of Innovative Research and Development, el cual encontró que 87% sostenía esta opinión. No sólo eso, sino 89% negó que los tatuajes se relacionen en absoluto con algún mal comportamiento en el trabajo.

Desencuentros generacionales

En cierta medida, es normal que de pronto este tipo de temas generen desacuerdos en las oficinas, y es que hoy, como nunca antes, en los lugares de trabajo del mundo conviven varias generaciones en un mismo lugar. Y para cada una, ciertas cosas son más importantes que otras. Para los baby boomers —aquellos bebés que fueron fruto del boom de natalidad de la posguerra y que hoy están próximos al retiro— y para los tradicionalistas (esa generación nacida en los 30 y que ya casi está fuera de la escena laboral), la vestimenta y el aspecto personal es esencial; así que en muchas ocasiones, éste se convierte en una controversia. “A veces tenemos que explicarle al director, que es baby boomer, por qué el niño de cabellos morados al que no le gusta ponerse traje está aquí, porque la capacidad y el talento no tienen que ver con la vestimenta. Antes sí era importante, ellos decían ‘como te ven te tratan’, pero hoy ya no es así para las nuevas generaciones”, explica la directora de recursos humanos de Kelly Services.

El ejercicio realizado por la OCCMundial comprueba esta visión distinta que tienen las diferentes generaciones que conviven en el lugar de trabajo: “La percepción está determinada en gran medida por la edad. A mayor edad, los profesionistas atribuyen mayor valor negativo al uso de tatuajes o piercings en el ambiente laboral”, asegura este estudio.

Hoy para la generación millennial —los más jóvenes que hoy se encuentran trabajando— la vestimenta no es tanto un mensaje en sí mismo como lo era para los baby boomers, sino que está orientada más por la comodidad y otros valores como la identidad.

El mundo ha cambiado y las organizaciones lo han hecho en consecuencia. Sin embargo, hay evidencia de que concretamente los tatuajes que son muy visibles todavía están rodeados de cierto prejuicio. Un estudio titulado Tatuajes visibles en el sector servicios: un nuevo reto para el reclutamiento y selección, encontró que los tatuajes muy visibles tienen un efecto negativo a la hora de seleccionar a una persona para un trabajo.

Sin embargo, esto puede ser mitigado por ciertas variables como el lugar en donde se tiene el dibujo, el tipo de industria, la proximidad de la persona a los clientes y el género del dibujo. Lo que puede concluirse es que hay un gran avance en este tema; sin embargo, persiste cierto prejuicio sobre todo en trabajos que exigen que el colaborador tenga trato directo con los clientes.

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