La tentación del autoritarismo, el fracaso de la democracia

Carlos Matute

Xi Jinping, líder chino, el nuevo “gran Timonel”, fue reelecto por cinco años y será el Secretario General del Partido Comunista, Presidente de la Comisión Militar Central y de la República Popular hasta 2022. Una reforma constitucional que permite una tercera reelección y la renovación del 70% del Politburó abrió el camino para su permanencia hasta el 2027.

En el último día del XIX Congreso del Partido Comunista de China, el más grande del mundo con más de 89 millones de militantes, los 2 mil 300 delegados por aclamación, determinaron incluir el pensamiento de Xi Jinping sobre “el socialismo con peculiaridades chinas de la nueva era” en los estatutos del partido. Esto equipara al presidente reelecto a la mítica figura revolucionaria de Mao Zedong. El plan de gobierno se basa en la apertura al mundo y un socialismo con reformas. (El Universal 25-10-2017)

La encuesta del Pew Research Center, del 16 de octubre, sobre las tendencias y actitudes globales, arroja una respuesta desfavorable en México y Brasil a la pregunta relacionada sobre si es buena o mala la democracia representativa como forma de gobierno. En nuestro país, sólo el 8% considera a este tipo de democracia la mejor manera de gobernar. Este escepticismo en la forma de vida de occidente proviene de las malas condiciones económicas.

La fotografía del Congreso del Partido Comunista durante la elevación al panteón revolucionario chino por unanimidad de su líder muestra el poderío de un Estado que impone un orden implacable a una población superior a los 1, 300 millones de personas y simultáneamente crece económicamente a tasas del doble o triple a las que se registran en occidente. Esto es una imagen atrayente de éxito para quienes no recuerdan las atrocidades de las dictaduras o no conocen el comportamiento de un gobernante que no reconoce límites a su voluntad.

El modelo democrático, aún con los excesos en que incurren algunos individuos que desde la irresponsabilidad del egoísmo reclaman para sí todos los derechos y no reconocen ninguna obligación con la sociedad, es la única vía para hacer valer y acrecentar las libertades de los hombres. En la política del consenso y la inclusión no hay una ruta fija trazada para ser permanente, hay constantes rectificaciones de rumbo y múltiples críticas a las decisiones de los dirigentes. La consagración en la Constitución de las ideas de un hombre en vida para educar correctamente a los niños, el culto al líder, debe ser repudiada en una cultura democrática.

En el Estado constitucional de derecho, aquél basado en el respeto a los derechos humanos, el pluralismo político, la descentralización y la cultura de la inclusión, este tipo de cónclaves, que son en parte una purga, son inaceptables. No hay crecimiento económico, ni deseo de orden que lo justifique, en la medida que los autoritarismos suelen profundizar la desigualdad social -el beneficio económico se concentra en la élite gobernante y sus aliados- y las instituciones de seguridad, procuración de justicia y combate a la corrupción fácilmente se convierten en instrumentos al servicio del poder y su consolidación.

Entonces, ¿la mala situación económica es lo que explica el rechazo tan alto a las instituciones democráticas representativas en México y Brasil? Una respuesta afirmativa es incorrecta, pero la desigualdad social crónica, los bajos salarios y la mala calidad de la educación contribuyen a crear un ambiente antidemocrático y un terreno propicio para el populismo.

En la encuesta mencionada también se pregunta la opinión respecto al gobierno autocrático y la respuesta es sorprendente: en los gobiernos con democracia representativa reciente la añoranza por el pasado autoritario es fuerte como sucede en India (53%) y Sudáfrica (52%). Las personas mayores son las que no apoyan el regreso de los gobiernos no democráticos y los menos educados prefieren la mano fuerte en la dirigencia social. En México y Brasil el 27 por ciento considera bueno al autoritarismo.

El espejismo de que el autoritarismo al estilo chino y el éxito económico van juntos debe ser desvanecido con un comportamiento congruente de quienes defienden a la democracia representativa como el ideal del buen gobierno. Ese es el reto de los partidos políticos y los candidatos independientes en las próximas elecciones. La tentación de presentarse en las campañas como los salvadores de México o los voceros del pueblo es allanar el camino al regreso del autoritarismo, que sólo puede traer más desigualdad social -crisis económicas e inflación- después de una euforia pasajera de sus promotores basada en una ideología hueca y falaz.

Profesor de Posgrado de la Universidad Anáhuac del Norte
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