La Sombra del caudillo. El caso Monreal

Carlos Matute

En la novela la Sombra del caudillo de Martín Luis Guzmán, el Ministro de Guerra, Ignacio Aguirre, prefiere, en un primer momento, declinar la candidatura que le ofrecen las bases del partido, a través de Olivier Fernández, debido a que el caudillo ya había elegido a su sucesor, que era el Ministro de Gobernación, Hilario Jiménez. Sin embargo, la desconfianza creciente entre el caudillo y Aguirre provoca que éste último decida renunciar al cargo y con el apoyo de sus seguidores oponerse a la candidatura del favorito. La trama acaba con la acusación de traidor, persecución y muerte de Aguirre y la elevación de Jiménez a la candidatura tal y como era la voluntad del caudillo.

Lo que está sucediendo en la Ciudad de México es un fiel reflejo de una forma de hacer política en nuestro país, cuyo rasgo característico es la simulación y la secrecía. Un primer elemento a considerar es que toda esta representación se lleva a cabo fuera de los tiempos establecidos en la ley electoral, a tal grado que hay un reconocimiento explícito que la designación de la Dra. Sheinbaum es para ser la coordinadora organizativa de la entidad, que es la antesala de la candidatura, proceso de selección que todavía no debiera llevarse a cabo.

El vacío de actividad partidista formal de precampañas –salvo la de Morena- hace que resalte con mayor fuerza el caso Monreal. El compañero de mil batallas es rápidamente tratado de traidor por quienes defienden el proceso de designación por encuesta (metodología y responsables desconocidos para la opinión pública) y que piden a los militantes de Morena un acto de fe en las decisiones de la dirigencia con base en el artículo 9 de sus estatutos que señala que “no se admitirá forma alguna de presión o manipulación de la voluntad de los integrantes de nuestra organización por grupos internos, corrientes o facciones” (El Economista, 08-30-17).

Otro elemento es que hay un claro enfrentamiento entre “los sectarismos y las intrigas palaciegas” (Monreal dixit) y los resultados de las preferencias electorales reflejadas en las encuestas levantadas por organizaciones ajenas a Morena. Hay una evidente contradicción entre lo que la cúpula quiere y las expresiones de apoyo ciudadano. Esta circunstancia puede afectar su proyecto, pero a los caudillos hasta la sombra les preocupa y se sienten perseguidos por ella.

¿Cuál va a ser el impacto electoral de esta posible división? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Todo lo que se diga entra en el terreno de la especulación. Sin embargo, es un momento de decisiones para los grupos que respaldan a los contendientes. El interno cerrará filas en torno a la dirigencia y los externos pretenderán crear una candidatura ganadora que pueda detener el paso autoproclamado triunfal de Morena en la Ciudad de México. La posibilidad de un frente amplio en torno a Monreal no necesariamente es del gusto de otros aspirantes de otros partidos de izquierda.

La respuesta del círculo cercano la expresó Sheinbaum “Ricardo, tú aceptaste estas condiciones, si no, no hubieras competido, desde aquí te digo: hay que saber perder y sin chantajes”. Estas palabras suenan poco convincentes en boca de quien participó activamente en el bloqueo de Paseo de la Reforma en el 2006 después de la derrota electoral, pero suele ser la respuesta de quienes poseen una posición de poder sobre los inconformes que se oponen a las decisiones cupulares.

Finalmente, hay que recordar que La Sombra del caudillo se publicó en Madrid en 1929 y fue prohibida en México durante algún tiempo. La película basada en la novela y dirigida por Julio Bracho fue enlatada por casi treinta años (1960, filmación- 1990, exhibición). Ahora, el trabajo de ocultamiento de las prácticas autoritarias en Morena está a cargo de Yeidckol Polevnsky, secretaria general de ese partido, quien sin ruborizarse declara lo inaudito en una época de apertura democrática: a) los militantes cuando ingresan a Morena se comprometen a creer en la decisiones de la dirigencia porque saben que ésta actúa diferente a los demás, b) Monreal y ella deben solucionar las diferencias tomándose un café, en lo oscurito, no ventilando el asunto ante la opinión pública, mediante el debate racional y abierto, c) los procesos de Morena privilegian la secrecía para proteger su proyecto de la mafia y los traidores. Esperemos que la historia de Monreal no se asimile a la “película maldita del cine mexicano” y que todos contribuyamos a desterrar o por lo menos disminuir las prácticas caudillistas en nuestra política.

Profesor de Posgrado de la Facultad de Derecho de la Universidad Anáhuac del Norte
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