El viernes 30 de marzo se conmemoró el día internacional de las trabajadoras del hogar. Esta celebración data de 1988 en que se celebró el primer Congreso de Trabajadoras del Hogar en Colombia, con la intención de colocar en la agenda pública su situación de discriminación sistemática y llamar la atención ante la indiferencia social.

Esta celebración es un merecido reconocimiento a una clase de trabajadores que por su integración al núcleo familiar tiene una circunstancia laboral distinta al resto y que son el apoyo de numerosas personas que no pueden valerse por sí mismas por razones de edad o condiciones de salud o que laboran fuera de casa. El estereotipo de que el trabajo doméstico sólo se presta en las “clases pudientes” es producto del cine mexicano costumbrista y del melodrama televisivo. La realidad es más compleja y, en ocasiones, dramática. 9 de cada 10 personas dedicadas al trabajo doméstico son mujeres. Sólo el 30% tiene acceso a servicios de salud.

En México, 2.3millones de personas se dedican a labores remuneradas en el hogar. Reciben en promedio menos de dos salarios mínimos. El 5.1% de hogares mexicanos contratan estos servicios por día o por hora. El trabajo doméstico no se reduce a la limpieza, lavado, planchado y vigilancia, que se registra en las estadísticas como trabajo doméstico remunerado.

Vamos, es el “outsourcing” en los hogares. Es la contratación por fuera de aquello que por razones de tiempo o pericia no puede realizar un miembro de la familia nuclear. Algunos grupos familiares tienen la oportunidad de contar con la disponibilidad de uno de sus integrantes (trabajo doméstico no remunerado) para que lo importante de la vida –descansar, comer y convivir- se haga en condiciones adecuadas. Otros se ven en la necesidad de recurrir al trabajo doméstico remunerado, que puede representar un porcentaje importante de su ingreso.

De todo hay en la viña del señor. Hay buenos y malos patrones. Hay buenos y malos trabajadores. Sin embargo, cualquiera que sea la circunstancia debe procurarse la protección del trabajador doméstico para que sea atendido dignamente en caso de enfermedad o maternidad y gocen de una pensión por invalidez, cesantía en edad avanzada o vejez.

Lamentablemente, pocos conocen que en la Ley del Seguro Social de 1997 se diseñó un esquema de aseguramiento voluntario para este tipo de trabajadores con un costo menor en comparación de aquellos afiliados al régimen obligatorio. Esto se hizo tomando en cuenta la naturaleza del trabajo y que la obligatoriedad del mismo hubiera afectado a muchas familias y trabajadores.

¿Por qué no es obligatoria la inscripción de los trabajadores domésticos al IMSS? La forma de prestación del servicio lo dificulta y al patrón –que en su mayoría no son hogares de altos ingresos- se le impondrían obligaciones excesivas que pudieran concluir en cobros forzosos –embargos- contra los morosos afectando el patrimonio familiar de subsistencia.

La opción fue una afiliación voluntaria. Esta implica un sentido de corresponsabilidad del trabajador y el patrón. La preocupación de dar bienestar a la familia del trabajador doméstico y su familia debe ser compartida por ambas partes de la relación laboral. El pago debe recaer, en su mayoría, en el patrón o, en su defecto, por justicia, éste debe cubrir los gastos mínimos de una enfermedad y la maternidad y hacer aportaciones en las cuentas individuales para el retiro.

El esquema de aseguramiento voluntario consiste en un pago anual sin incluir riesgos de trabajo en dinero, ni guarderías. El trabajador y su familia quedan protegidos de las eventualidades que provocan la enfermedad, maternidad, invalidez y muerte, así como tendrán un ahorro para el retiro. Este esquema reducido facilita la afiliación y evita que se cobren cuotas mayores a las estrictamente indispensables para dar una cobertura mínima pagable.

Hay quien propone que se afilie obligatoriamente a este tipo de trabajadores y se les otorgue el esquema completo, sin embargo, la ampliación de derechos no puede basarse en establecer obligaciones imposibles de cumplir e inverificables por la autoridad. Imagínense un embargo del IMSS a casa habitación por falta de pago de las cuotas de un trabajador doméstico o una presuntiva-la que se realiza en las obras no declaradas- tratando de cuantificar el monto de las cuotas omitidas con base en elementos indirectos como tamaño de la casa a limpiar, numero de comidas elaboradas, el número de miembros de la familia, entre otros.

La idea que propuso uno de los candidatos (yo mero) consistente en que los pagos del patrón sean deducibles en el Impuesto Sobre la Renta es magnífica y, sobretodo, viable. Esto es un incentivo para este tipo de afiliación voluntaria, que es una vía de solución del problema de desprotección que sufre este sector, pero no es suficiente.

Hay que aumentar la conciencia en todos de que los individuos, sin importar su condición social o económica, deben ahorrar o adherirse a esquemas de ahorro social. El reparto del presupuesto en pensiones sin previo ahorro o en subvenciones por simple hecho de tener una condición social – el llamado asistencialismo- no ofrece soluciones de fondo, ni es una vía que dignifique al trabajo y, por lo tanto, a la persona.

El trabajo de mayor impacto en lo cotidiano es el que se realiza en el hogar. Los hombres y mujeres debemos contribuir equitativamente. Esta labor es la que realmente procura las condiciones propicias para la felicidad y, en ocasiones, descansa en una trabajadora doméstica que debe ser protegida por la seguridad social.

Profesor de El Colegio de México
cmatutegonzalez@yahoo.com.mx
Facebook.com/cmatutegonzalez
Twitter @cmatutegonzalez
www.carlosmatute.mx

Google News

TEMAS RELACIONADOS

Noticias según tus intereses