El futbol la salvó del desamparo

Gaby Herrera encontró en el balón la fórmula para superar la pobreza y el abandono de sus padres

El futbol la salvó del desamparo
La chica defiende como una fiera la cabaña. Foto: ESPECIAL
Universal Deportes 05/11/2018 04:45 Édgar Luna Cruz Actualizada 11:00
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La colonia Fomerrey 14 es una de las más humildes en Monterrey. Ahí sólo se conocen las palabras miseria y desesperación, pero también trabajo y esperanza, de las que se colgó Gabriela Herrera para salir adelante.

Gaby nació hace 28 años en esa colonia, a los 8 ya trabajaba en las calles, a los 14, su papá la abandonó y a los 15 se quedó completamente sola.

La hoy portera del León es una muestra viviente de que el destino lo forja uno mismo y los sueños se convierten en realidad.

Simplemente se necesita un empujón para encontrar el camino, un camino que —en el caso de Gaby— fue más que sinuoso... Y gracias al futbol, salió adelante y conquistó su sueño.

“Éramos una familia llena de cosas raras, humilde, con un padre machista, cerrado... Para él, sólo existía una palabra: trabajo y ya”, recuerda.

La convivencia era muy complicada. La ignorancia, los vicios, la pobreza son malas consejeras: “Mi papá era difícil de tratar. Mi hermana, a los 14 años, se embarazó y se fue de la casa; mi hermano —a los 16 también— se escapó y, cuando yo iba a cumplir 14, mi papá se fue, le dijo a mi mamá que nos podíamos mantener solas y se fue, nos dejó”.

En esos años de pobreza, el balón era un remanso de paz: “Siempre me gustó el futbol y, en los pocos tiempos libres que teníamos, me iba a jugar a la placita. Cuando tenía 13 años, me inscribí en un equipo, pero mi papá se enteró, fue al campo y me sacó a rastras de la cancha”.
 

Y no todo quedó ahí: “Mi mamá sufrió mucho con el abandono de mi papá, era el amor de su vida. Comenzó a irse a visitar a su hermana, primero unos días, después unas semanas, hasta que se fue, me abandonó”.

Fue entonces que encontró el anuncio de un programa llamado “De la calle a la cancha”, de la Fundación Telmex, “y mi vida cambió. No sólo me ayudaron en cuestión de entrenamientos, sino en sacar muchas cosas que no podía decir”.

Hoy juega en el León y cumplió su más grande sueño.

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