Cuando las condiciones parecían idóneas para que Aké Loba se convirtiera en el cuarto refuerzo de Cruz Azul , la MLS apareció.

La tentación de una Liga en desarrollo —pero con gran potencial económico— podría ser la manzana de la discordia en el cantado fichaje, con mucho por escribirse aún.

Sin embargo, la probabilidad de que el ariete de 21 años de edad recale en La Máquina es amplia; el atractivo que representa vestir la casaca de un club grande todavía compite con el de llenarse los bolsillos de billetes verdes.

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De momento, la oferta presentada por el Nashville SC ha puesto en pausa lo que parecía un simple trámite y, si Jaime Ordiales quiere al marfileño en La Noria, deberá reabrir la cartera o apelar a la historia celeste para convencer al jugador y a su representante, Ronald Baroni, quien —de acuerdo con algunas fuentes— es responsable por el conflicto en la mente de su cliente.

Loba

, cuya carta le pertenece a la Universidad de San Martín de Porres de Perú, viajó a la Ciudad de México hace unos días y se perfilaba para sumarse al conjunto capitalino a la par de Luis Romo.

En caso de que Cruz Azul mantenga el interés y el delantero no se decante por el futbol de EU, las partes tendrán hasta el 31 de enero para unir sus caminos, pues el reglamento local permite extender el plazo, siempre que el futbolista pertenezca a un equipo ajeno a la Liga MX y/o que no haya tenido minutos de juego hasta el momento de la firma.

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