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Catorce segundos le tomó a Carlos Figueroa recorrer el diamante del Estadio Alfredo Harp Helú , para llegar ‘safe’ a home y darle el triunfo a los Diablos Rojos sobre los Tigres de Quintana Roo.
Se jugaba la parte baja del noveno episodio, con dos fuera y perdiendo 2-3, Figueroa vio de reojo a Jesús Fabela que desde la primera base significaba la carrera de la igualada.
El sonorense tomó aire y no perdonó al cerrador felino, conectando su primer lanzamiento con batazo que “llevaba ojos” y que cayó en terreno bueno; el jardinero se enredó con la pelota y un mal tiro permitió a Fabela anotar el empate.
El destino estaba echado y la esférica se les escondió a los bengalíes, entonces, Figueroa dio vuelta por tercera con la mira puesta en ‘home’ a donde llegó barrido para sellar el triunfo.
Y es que ser el primero en el orden en el beisbol encierra tanta responsabilidad como la de los grandes cañoneros; debe volver loco al serpentinero y dejarlo listo para sus secuaces, una doble labor que Carlos Figueroa es capaz de hacer en el mismo juego.
La noche del martes se jugaba la tercera entrada, y con la pizarra 0-4 en contra, Figueroa dio la voz de ataque con imparable y timbró la de la quiniela para los pingos, anotación que mantuvo viva la esperanza.
“Sabíamos que era un juego muy difícil, estábamos abajo por cuatro carreras pero el equipo no dejó de luchar y más contento no se puede estar”, compartió el sonorense bañado en emoción tras el festejo.
Una celebración con fecha de caducidad, ya que esta noche tendrá que volver al diamante en busca del séptimo juego que les dé el pase a los Diablos Rojos a la serie final de la Zona Sur.
“Fue una gran victoria pero nada, a seguir porque aún queda otro juego”, remató el pelotero antes de perderse en la intimidad de los vestidores.
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