Sofisticación con sello Jaeger-LeCoultre

La casa cumple 185 años y para celebrar lanza un Reverso que incluye tourbillon volante y Duoface.
Reverso Tribute Tourbillon Duoface.
Reverso Tribute Tourbillon Duoface.
15/08/2018
13:56
Israel Pompa-Alcalá
Ciudad de México
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185 años de relojería se dicen fácil, pero pocos pueden cumplirlos ya no digamos con calidad, sino con evolución y atrevimiento constantes. Ese es el caso de Jaeger-LeCoultre, que para conmemorar casi dos siglos de existencia, regresa a la maestría mecánica con el Reverso Tribute Tourbillon Duoface. 

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La nueva versión del Reverso es una proeza estética, pero sobre todo técnica. 

Vamos por partes. En 2006, la casa lanzó el Reverso Grande Complication à Triptyque, donde el emblemático Reverso reúne las tres dimensiones del paso del tiempo: civil, sideral y perpetua. Tras este logro, en 2009 se presentó el Hybris Mechanica a Grande Sonnerie, guardatiempo de 27 complicaciones y más de 1,300 partes. Luego de semejantes proezas, Jaeger-LeCoultre se concentró en realizar relojes más discretos o con mayor atención en la parte estética... hasta hoy.

Y es que el nuevo guardatiempo es una reinterpretación del mítico Reverso Tribute, al cual se le han agregado dos técnicas bastante complejas: un tourbillon volante y el concepto Duoface, que otorga dos husos horarios en dos esferas distintas. Este elemento es el eje conceptual del reloj, pues los artesanos de la casa tuvieron que reacomodar la disposición de los componentes para incorporarlos a la caja de platino que apenas alcanza los 9.15 mm de grosor.

Además, cuenta con un calibre de cuerda manual exclusivo en su fabricación, el Jaeger-LeCoultre 847. Con tantas innovaciones, proezas técnicas y añadidos especiales, es normal que la edición resulte ultra limitada: sólo se crearán 50 piezas de esta versión del Reverso.

Para los aficionados a la estética, este reloj tampoco falla. La caja repite el estilo Art Déco que ha caracterizado a los Reverso desde su creación en 1931, pero con elementos en las esferas que lo revitalizan. En la parte frontal tenemos índices aplicados a mano y agujas Dauphine; en el reverso, encontramos textura granallada y acabados Côtes de Genève. Como cereza de este pastel visual, ambos lados comparten el tourbillon volante a las 6 h.

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Su construcción es una oda a los 185 años de sabiduría relojera de Jaeger-LeCoultre. 

Con todos estos elementos, no nos queda más que celebrar la vuelta de Jaeger-LeCoultre a la construcción de relojes con mayor sofisticación mecánica, pues sabemos que cuando la firma se concentra en la complejidad, entrega piezas de antología.

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