El maullido persistente de un con el plato lleno genera dudas entre quienes conviven con estos animales.

Investigaciones académicas señalan que este comportamiento no está necesariamente ligado al hambre, sino a formas de comunicación desarrolladas en la convivencia con humanos, factores emocionales y condiciones del entorno.

La convivencia con gatos domésticos suele incluir episodios en los que el animal vocaliza de manera insistente, incluso cuando dispone de alimento.

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De acuerdo con un estudio de la Universidad de Sussex, los gatos adultos utilizan el maullido casi exclusivamente para comunicarse con las personas, a diferencia de lo que ocurre en estado salvaje, donde esta conducta es poco frecuente.

Demanda de atención y vínculo social

Una de las causas más comunes del maullido es la búsqueda de interacción. El gato aprende que este sonido capta la atención humana de forma efectiva.

Cuando permanece solo por períodos prolongados o requiere estímulo, puede recurrir al maullido como forma directa de comunicación. En estos casos, la presencia de comida pierde relevancia frente a la necesidad de contacto o juego.

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La capacidad de adaptación de los gatos les permite ajustar sus vocalizaciones según la respuesta que reciben, reforzando este comportamiento.

Estrés y cambios en el entorno

Las alteraciones en el ambiente pueden influir en la conducta vocal de los gatos. Estos animales mantienen rutinas definidas, por lo que modificaciones en su entorno pueden generar incomodidad.

Investigadores de la Universidad de Milán advierten que los humanos no siempre identifican correctamente estas señales. El tipo de maullido puede aportar información: sonidos graves suelen asociarse a molestia o frustración, mientras que los agudos pueden indicar urgencia o búsqueda de atención.

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Ante estas dificultades de interpretación, se han desarrollado herramientas tecnológicas. Una de ellas es MeowTalk, creada en 2020 por Javier Sánchez, exingeniero de Amazon. La aplicación emplea algoritmos de aprendizaje automático para traducir vocalizaciones en expresiones como “tengo hambre” o “estoy molesto”. Sin embargo, especialistas y el propio desarrollador reconocen limitaciones en estas soluciones, ya que los sonidos pueden variar en significado según el contexto individual de cada gato.

Observación del lenguaje corporal

La interpretación del comportamiento felino requiere considerar más que el sonido. La evidencia científica indica que la observación del conjunto de señales es clave. Factores como la posición de la cola, el movimiento de las orejas y la dilatación de las pupilas aportan información sobre el estado del animal. Un maullido persistente debe analizarse junto con estos indicadores para comprender si responde a una necesidad de interacción, a una situación de estrés o a una forma habitual de comunicación.

El seguimiento constante del comportamiento y la convivencia diaria permiten identificar patrones propios de cada gato. Este proceso facilita reconocer las distintas motivaciones detrás del maullido y mejorar la comunicación entre el animal y su entorno humano.

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