Por años, la discusión sobre Soberanía Digital ha girado en torno a una pregunta simple: “¿dónde están los datos?”. Si los servidores estaban en territorio nacional, la soberanía quedaba garantizada. Sin embargo, este modelo ya no es suficiente.
El concepto ha evolucionado y hoy abarca quién accede a los datos, quién opera los sistemas y bajo qué reglas se toman las decisiones que afectan a clientes, empleados y operaciones enteras.
“Es importante tener una inteligencia artificial capaz de asegurar el entendimiento y la explicación de la decisión que tomó, y qué modelo está utilizando para tomar decisiones que afectan a los clientes”, declaró Mauricio Torres, director general de IBM México, en una mesa redonda sobre Soberanía Digital.

Es decir, no se trata del lugar donde vive la información, sino del control sobre los sistemas que la procesan y actúan en consecuencia.
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La transición hacia la inteligencia artificial agéntica (sistemas capaces de tomar decisiones de forma autónoma, en tiempo real y a escala industrial) ha hecho que esta discusión se vuelva urgente.
Además, las cifras muestran algo incómodo, que la adopción de la IA va mucho más rápido que la capacidad de las empresas para entender qué están adoptando. De acuerdo con información de IBM, en México solo alrededor del 20% de las empresas sabe cuáles funcionalidades de IA está usando y dónde las tiene instaladas.
Esto significa que 8 de cada 10 organizaciones operan con sistemas de IA que no pueden describir con precisión. Solo el 13% lleva un inventario completo de su IA y apenas el 3% tiene plataformas de orquestación, que son las herramientas que permiten supervisar y coordinar múltiples agentes de IA operando al mismo tiempo.
Las empresas más grandes del mundo pierden hasta 140 millones de dólares al año por problemas relacionados con una IA mal gobernada, y casi la mitad de esos casos, el 48%, se origina precisamente en esa falta de control.
Si la falta de control ya era un problema cuando los sistemas de IA eran herramientas puntuales, con la IA agéntica se convierte en algo mucho más difícil de manejar. Una empresa puede tener hoy miles de agentes operando de forma simultánea, tomando decisiones en milisegundos, comunicándose entre sí y con sistemas de otras organizaciones.
En ese contexto, detectar un comportamiento extraordinario o un acceso indebido es prácticamente imposible sin mecanismos de orquestación pensados desde la etapa inicial del sistema.
A eso hay que sumarle la llamada “shadow AI”, cuando empleados usan herramientas de IA por su cuenta, desde sus dispositivos personales, subiendo información sensible a plataformas que la empresa no monitorea ni controla. Con el 90% de los trabajadores en México reportando que ya usa IA en su trabajo cotidiano, este es un riesgo difícil de ignorar.
El equipo de IBM advierte que al enfrentar este panorama, recuperar esa soberanía digital es un proyecto que funciona combinando tres dimensiones: la tecnología, tomando el control efectivo sobre datos, modelos de IA e infraestructura, para operar de forma autónoma ante disrupciones o desastres; la gobernanza, estableciendo reglas claras, cumplimiento regulatorio auditable y la capacidad de explicar cómo y porqué la IA tomó una decisión determinada.
Y finalmente, el talento, ofreciendo capacitación interna para que los equipos sepan qué herramientas pueden usar, cómo usarlas de forma segura y cuáles son los límites que protegen a la organización.
Según estimaciones, el 75% de las empresas a nivel global proyecta tener una estrategia formal de Soberanía Digital para 2030. Las organizaciones mexicanas deberán adoptar este enfoque, antes de enfrentar las consecuencias de no haberlo hecho.
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