“Los muertos no comen, no habitan casas, no usan agua. No te demandan por homicidio imprudencial. No sueñan siquiera. Cada muerto vale 0 pesos”

Las últimas 150 hojas de mi diario versan sobre el águila y sus escapadas hacia el alto cielo, donde yo imitando su abrir y cerrar de alas, aprendí a respirar más profundo