Ayer 19 de agosto Donald Trump publicaba en su red social Truth Social un largo mensaje advirtiendo que Estados Unidos infligirá "graves consecuencias económicas" a cualquier país que permita a sus instituciones financieras, negocios, aeropuertos o entidades gubernamentales proporcionar cualquier tipo de salvavidas a Irán. Sin dar más detalles ni nombrar a otra nación, Trump asegura que vendrá "la operación económica más aplastante jamás tomada contra cualquier país". Un "Economic D-Day" sobre Irán por no alcanzar un acuerdo con Estados Unidos.

Y continuó: "Contrabando de petróleo, líneas de intercambio, transferencias de efectivo, casas de cambio, registros de barcos, compañías fachada. Todo tiene que parar AHORA. Tú sabes quién eres". ¿A quién le hablaba? Y ¿por qué?

Lo que enumera el presidente de Estados Unidos es un catálogo de mecanismos que han servido para que Irán mantenga a flote una parte de su economía. Es específico y suena muy contundente, y por los datos podríamos preguntarnos si es a China a quien amenaza. El gigante asiático compraba -hasta antes de la guerra, por lo menos- aproximadamente 90% de las exportaciones de petróleo iraní.

Ese crudo llega a las llamadas refinerías "teapot" de la provincia de Shandong mediante transferencias barco a barco frente a la costa de Malasia. El comercio se ha desdolarizado en gran medida: se transa en yuan a través de una red de intermediarios que evita la jurisdicción estadounidense. Ha sido el propio Tesoro estadounidense quien reconoció que esa red usa compañías fachada en Asia y en los Emiratos, corredores intermediarios y una "flota fantasma" que recurre a documentación falsificada y a la manipulación de identidad de las embarcaciones. En suma: contrabando de petróleo, transferencias de efectivo, casas de cambio, registros de barcos, compañías fachada. Un esquema que Beijing ejecuta desde hace años aún bajo sanciones estadounidenses.

En junio del año pasado Trump señalaba "China puede continuar comprando petróleo de Irán", una frase que contradecía su propio memorando de febrero sobre llevar a cero esas exportaciones. Estados Unidos sabe qué hace China. Pero no es tan fácil amenazar a quien controla cerca del 90% del procesamiento mundial de tierras raras y de la producción de imanes permanentes, los materiales sin los cuales no se fabrican motores eléctricos, turbinas ni sistemas de guía de misiles. Hay que recordar que China ya usó esto contra Trump apenas cinco semanas después de la cumbre con Xi en mayo. El 22 de junio, China añadió a las dos empresas centrales del esfuerzo estadounidense por independizarse de esas cadenas a su lista negra de exportaciones. La segunda ola de controles quedó suspendida solo hasta noviembre de 2026, pero la tregua vence a semanas de las elecciones.

Otra lectura apuntaría a la UAE. Precisamente el martes los emiratíes detectaron dos misiles balísticos lanzados desde territorio iraní y al día siguiente cortaron todo comercio con Irán, en el primer ataque sobre suelo de la UAE desde mayo. Mark Kimmitt, ex subsecretario de Estado, dijo a Al Jazeera que Dubái se había convertido silenciosamente en la puerta comercial y financiera más importante de Irán hacia el resto del mundo. No es un dato menor: Irán depende de la UAE no porque esta produzca sus importaciones, sino porque le sirve de entrada a bienes de terceros países y a la infraestructura comercial global.

Hay que señalar que este mensaje llega luego de que el lunes pasado expirara el plazo establecido en el Memorándum de Entendimiento (MOU, por sus siglas en inglés). Convertido en letra muerta, el MOU no fue el mecanismo que permitiera regresar el control del Estrecho de Ormuz a Estados Unidos, acción que incidiría en la regularización del mercado petrolero y con ello en la bajada de los precios de los combustibles previo a las elecciones. Sin lograrlo, Trump está acorralado.

A diez semanas de las elecciones de medio término, la encuesta Reuters/Ipsos de ayer pone a Donald Trump en 33% de aprobación. Entre independientes cae a 34%. El precio de la gasolina sigue por encima de los $4 dólares en promedio nacional. Y cuando la gasolina sube, la aprobación cae; la recuperación de las últimas semanas ha sido lenta y poco significativa. Para Trump, el reloj electoral juega en su contra, y ante el fracaso que ha sido la guerra en Irán necesita convencer de que todavía controla algo en esta guerra.

Los datos parecen apuntar tanto a China como a los Emiratos Árabes Unidos simultáneamente. ¿A quién se refería entonces? A un rival estratégico al cual no puede tocar sin repercusiones, o a un aliado que acaba de hacer lo que Trump no ha hecho en todo este tiempo. Y todo frente a los votantes independientes que en diez semanas van a recordar el precio de la gasolina antes que cualquier anuncio de victoria contra Irán que puede sonar impresionante pero que no baja el costo de los combustibles.

X: @solange_