Ese grito tan popular en los estadios bien puede aplicarse al INE cuyas últimas decisiones favorecen al oficialismo que, al viejo estilo autoritario, se quiere quedar con todas las canicas en la próxima contienda. La intención es que la disputa electoral del 2027 se lleve a cabo en una cancha dispareja. El oficialismo sabe que no tiene ya los votos para una mayoría calificada, ni siquiera para hacer la trampa que lo llevó a tener una sobrerrepresentación ilegítima en el Congreso. Aún en las encuestas que le son favorables no logra tener los porcentajes para seguir destruyendo nuestra Constitución y socavando la democracia. Las verdaderas, las de la calle, se expresan constantemente porque la gente está cansada de vivir con incertidumbre, con miedo, sin paz. Así lo constata el INEGI a través de la Encuesta de Victimización y Percepción sobre Seguridad: el 74% de la población mayor de 18 años se siente insegura en su estado, dando al traste con las visiones alegres. En otro ámbito, cotidianamente se conocen protestas del personal de salud que se expresa por no tener con qué atender a las y los enfermos y, en lugar de apoyo y empatía, reciben amenazas como sucedió en Veracruz con uno más de los impresentables de Morena. Pero no sólo les afecta el deterioro de la salud pública, también el hecho de que sus hijos reciben una educación de pésima calidad como lo certifican los resultados recientes de la prueba PISA. Tampoco pueden salir a la calle como se comprueba con el hecho de que más del 60% contestó en la ENVIPE que no dejaría salir solos a sus hijos. Y a esta situación que ahoga a muchas familias, hay que sumarle sus escándalos de corrupción, de huachicol, de lujos que contradicen todos los días su discurso de austeridad.
Y para mantenerse en el poder a toda costa han cooptado al INE, enterrando la lucha que costó vidas para tener un órgano electoral autónomo y porque el gobierno sacara las manos de las elecciones. Poco a poco han ido preparando el terreno con decisiones de ese órgano que implican abdicar de sus responsabilidades todo con el objetivo de allanarle el camino a Morena. No sólo es un insulto la presencia de la secretaria de Gobernación en la ceremonia de apertura del proceso electoral (rememorando al Bartlett que ellos mismos rescataron de las cenizas, ése al que se le cayó el sistema en 1988), sino que han tomado decisiones como la no eliminación automática de las boletas planchadas, su permisividad frente a las campañas anticipadas que tienen en los morenistas sus principales protagonistas, el despido masivo de quienes han hecho carrera en esa instancia para sustituirlos por afines al oficialismo, la no obligatoriedad de cruce de padrones para permitir que los chalecos guindas se asuman como observadores electorales, en fin como lo dijera el consejero Arturo Castillo: “el INE parece haber claudicado de su función de vigilar y arbitrar las elecciones… lo que afectará la equidad en la contienda y la confianza en el resultado”. En pocas palabras, lo que está sucediendo significa un retroceso brutal y una traición a la lucha democrática. Sólo hay un camino para enfrentar esta regresión autoritaria: el voto, el único antídoto que se tiene y al que hay que cuidar y defender.
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