Porfirio Díaz es sin duda un personaje controvertido y polémico, pero a la vez uno de los más fascinantes de nuestra historia. Más allá de la imagen que prevalece hasta nuestros días, debemos reconocer que buena parte de sus acciones, tanto militares como de gobierno, fueron decisivas para la consolidación de México tras varios años de guerra y lucha por el poder.
Es difícil encontrar un retrato amplio y detallado de la personalidad del expresidente, en el que se muestre también al hombre producto de su tiempo, con ambiciones, sí, pero que también se supo labrar un prestigio como militar y como político con un profundo amor por su país, en una época convulsa en la que México luchaba por alcanzar la estabilidad luego de la sangrienta guerra de independencia y las disputas posteriores que caracterizaron al siglo XIX, además de los intentos extranjeros por invadir nuestro territorio.
Esto lo logra el historiador Carlos Tello Díaz, nieto en tercer grado del general Díaz, en el libro Porfirio Díaz, su vida y su tiempo. La ambición. Este texto es continuación de Porfirio Díaz, su vida y su tiempo. La guerra, obra de la que comenté en una ocasión anterior.
En esta segunda parte, Tello abarca el periodo comprendido entre 1867, cuando triunfa la República tras la intervención francesa y el imperio de Maximiliano, hasta 1884, año de la primera reelección de Díaz.
Vale la pena destacar que el historiador plantea una idea diferente sobre lo que se conoce como República Restaurada (1867-1877) y el Porfiriato, afirmando que en realidad representan una continuidad y no una ruptura. Es importante subrayarlo porque varios de los problemas que comúnmente se le adjudican al gobierno de Porfirio Díaz, en realidad detonaron con el triunfo de la República. Resaltan dos: las rebeliones indígenas y campesinas por la propiedad de las tierras y las elecciones, que en los hechos no eran un proceso democrático, ya que la participación de la ciudadanía estaba condicionada por un sistema de voto indirecto y simulación institucional. Pero vamos por partes.
La Constitución de 1857 prohibía la propiedad comunal de las tierras, pues consideraba que era un obstáculo para el desarrollo. Sin embargo, los pueblos indígenas y los campesinos, acostumbrados a esta forma de organización, rechazaron la ley, que favorecía a los hacendados. El problema de la tierra jamás fue resuelto por los liberales, que aprovecharon la nacionalización de las propiedades del clero para venderlas y financiar la guerra contra los conservadores, sin favorecer a los más necesitados.
En cuanto a las elecciones, no eran más que una farsa. Los ciudadanos no escogían directamente a sus gobernantes, sino que elegían representantes quienes a su vez emitían los votos que definían a las autoridades, pero los resultados generalmente estaban ya pactados. El sufragio en realidad no era efectivo ni universal.
Otra similitud entre ambos periodos fue la centralización del poder en manos del presidente de la República, que inició en 1867 cuando Benito Juárez convocó a un referendo para reformar la Constitución con la intención de fortalecer al poder ejecutivo frente al legislativo y a los caciques y caudillos que gobernaban los estados o que tenían influencia en amplios territorios, para promover el proyecto liberal de modernización.
La Noria
Tello inicia su relato con la noticia de que el general Porfirio Díaz anunciaba su deseo de dimitir al mando del Ejército de Oriente tras el triunfo de la República en 1867, para dedicarse al comercio.
Los liberales conquistaron el poder, pero muy pronto se dividieron ante las intenciones de Benito Juárez, quien pretendía reelegirse y modificar la Constitución para fortalecer al poder ejecutivo. Díaz rechazaba ambas.
Quienes estaban en contra de la reelección de Juárez apoyaron a Porfirio Díaz como candidato opositor. El general gozaba de un gran prestigio por sus logros como militar, sin embargo, el control que el gobierno ejercía sobre los procesos electorales permitió el triunfo de Juárez, tras lo cual, Díaz se retiró a su finca de La Noria, en Oaxaca.
En 1871, Juárez y Díaz volvieron a contender por la presidencia, con los mismos resultados de la elección anterior. Díaz y sus partidarios, frustrados por la manipulación del proceso (que igualmente resultó a su favor en estados bajo su influencia), lanzaron el Plan de La Noria para luchar en contra del gobierno.
Díaz hizo un mal cálculo al creer que su popularidad detonaría la adhesión de los militares en el país, por lo que su rebelión fue derrotada. Tello apunta también que la gente rechazó el llamado a las armas porque, después de tantos años de guerra, quería paz.
La revolución
Tras la derrota, Díaz fue perseguido por el gobierno. Enfrentó un calvario para huir de las fuerzas federales a través de varios estados hasta que finalmente pudo llegar a Veracruz, para viajar a La Habana y de ahí a Nueva York.
A su regreso al país reorganizó a sus adeptos para reanudar la rebelión, pero en 1872 falleció Benito Juárez, con lo que su movimiento ya no tenía razón de ser. El poder lo asumió el presidente de la Suprema Corte de Justicia, Sebastián Lerdo de Tejada, quien convocó a elecciones en las que derrotó a Díaz.
El general se fue a vivir entonces a Tlacotalpan, Veracruz, donde inició su faceta como emprendedor e innovador. Hábil como comerciante y buen administrador, modernizó la producción de azúcar en su finca. Elaboraba también aguardiente de calidad y exportaba la mayor parte de su producción a Estados Unidos. Sus negocios prosperaban al grado de que sus relaciones se extendían hasta Nueva York.
Desarrolló una vida próspera en el campo, sin embargo, nunca se desentendió de la política. Mantenía sus ambiciones y sus amplias relaciones en todo el país, por lo que muy pronto ganó un puesto como diputado representando al estado de Veracruz.
En 1876, Díaz buscó nuevamente la candidatura presidencial, pero se enfrentó a la ambición de Lerdo de Tejada, quien pretendía reelegirse. Tras la represión de una serie de manifestaciones en contra de Lerdo, Porfirio Díaz lanzó el Plan de Tuxtepec, con el apoyo de varios militares en diversos estados del país. El movimiento armado que siguió al pronunciamiento llevaría finalmente al general a la presidencia del país.
La presidencia
En 1877 se celebraron elecciones extraordinarias, en las que Porfirio Díaz resultó electo presidente de México. Una prioridad de su gobierno fue lograr la pacificación del país, necesaria para el desarrollo, que alcanzó bajo la visión positivista de “orden y progreso”.
En su primer periodo enfrentó serios retos internacionales. Uno de ellos fue la hostilidad del gobierno de Estados Unidos, que pretendía provocar un conflicto armado en la frontera con México para invadir y anexar parte de nuestro territorio, pero que fue neutralizado ganándose el apoyo de legisladores de la oposición, empresarios y comerciantes estadounidenses interesados en hacer negocios con nuestro país. El segundo fue una deuda con inversionistas ingleses, que logró negociar para abrir la puerta del crédito en Europa y compensar la gran influencia que Estados Unidos empezaba a tener.
En este periodo inició la expansión de los ferrocarriles hacia la frontera norte.
La espera
En 1880 se celebraron elecciones, en las que Porfirio Díaz no participó. Resultó ganador su amigo el general Manuel González. Díaz fue invitado a participar en el nuevo gobierno como secretario de Fomento, desde donde dio mayor impulso al crecimiento de la red ferroviaria del país.
Poco tiempo después se convirtió en gobernador de Oaxaca, poniendo orden a las finanzas del estado, promoviendo obras para la modernización y brindando un gran apoyo a la educación. Desde esa nueva posición, prepararía su camino de regreso a la presidencia.
La ambición
Hasta aquí el periodo que abarca esta obra. El libro de Tello es un retrato de las luchas por el poder y la ambición de varios personajes sobresalientes de la época: Juárez, Lerdo de Tejada, Díaz, además de otros políticos, caciques y caudillos.
Basa su investigación histórica en la voz de los protagonistas de los hechos, a través de memorias, periódicos, documentos personales y oficiales, crónicas y una vasta bibliografía.
Detalla con gran precisión el contexto en el que se desarrollaron las grandes decisiones que dieron forma al país, mezclando escenas íntimas de la vida de Díaz y detalles de su personalidad, que lo hacían más cercano y popular entre la gente.
Porfirio Díaz, su vida y su tiempo. La ambición, es una excelente y exhaustiva investigación, una lectura indispensable para conocer aspectos poco conocidos de nuestra historia, que vale la pena apreciar.
Presidente y Fundador de Grupo Salinas
Sitio: https://www.ricardosalinas.com/
Twitter: @RicardoBSalinas
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