Ahora que pasó julio, el T-MEC no terminó ni fue renovado por otros 16 años. México y Canadá manifestaron su intención de extenderlo, pero Estados Unidos no. El tratado sigue vigente hasta 2036 con sus revisiones anuales. Pero ahora las negociaciones bilaterales se tensan en un tema que siempre ha estado presente, pero que hoy ocupa el centro del tablero: los aranceles.

Desde antes de la revisión, la amenaza arancelaria acompañó las conversaciones de Norteamérica. Acero, aluminio y automóviles se convirtieron en fichas de negociación. En julio, México y Estados Unidos celebraron su tercera ronda bilateral y volvieron a discutir esos sectores; la cuarta ronda está prevista para septiembre.

Pero en las últimas semanas la atención se movió de la M a la C del T-MEC. Canadá suspendió el 21 de agosto sus negociaciones con Estados Unidos después de rechazar nuevas condiciones que ha definido como injustas y antieconómicas. Washington impuso aranceles de 50% a una serie de productos canadienses, a lo que Ottawa respondió con represalias equivalentes. Más que la escalada comercial, llama la atención el lenguaje. El primer ministro Mark Carney afirmó que Canadá no aceptaría un acuerdo a cualquier precio y colocó su flexibilidad, resiliencia y soberanía entre los objetivos a preservar, mientras Trump respondió diciendo que “Quieren ser tratados como un Estado, pero no lo son”.

Si nos preguntamos por qué le tenemos tanto miedo a los aranceles, es importante recordar una idea del historiador José Galindo sobre la Conferencia de Chapultepec en la que Estados Unidos impulsaba una mayor apertura comercial para ejercer poder geopolítico, mientras varios países latinoamericanos defendían su capacidad de industrialización, y es que es “preciso meditar sobre las verdaderas posibilidades de América para intentar la transformación de la estructura de la economía mundial sobre bases liberales”. Ochenta años después, el contexto es distinto, pero la tensión resulta familiar; Estados Unidos y sus vecinos no persiguen las mismas metas económicas y eso, es un tema de intereses nacionales y soberanía.

Un arancel no es solamente un castigo. Puede proteger una industria, alterar cadenas de suministro o servir como moneda de cambio. Por eso importa tanto quién lo paga como qué se pretende obtener amenazando con imponerlo. El problema no es que existan aranceles, sino que se utilicen para negociar bajo amenaza aquello que debería discutirse mediante reglas comunes. México ha conseguido mantener arancel cero para alrededor de 85% de sus exportaciones a Estados Unidos. Es una ventaja importante, pero no debe confundirse con certidumbre.

Angélica Moreno Flores Asociada del Programa de Jóvenes COMEXI

UER de energía y sustentabilidad COMEXI

Politóloga e internacionalista por el CIDE, interesada en política industrial, energía y género, con un enfoque en tecnología y la relación norteamericana.

Referencias:

Galindo, J. (2017). La Conferencia de Chapultepec (1945): El nacionalismo económico latinoamericano frente a la política librecambista de Estados Unidos. América Latina en la Historia Económica, 24(2), 35–58. 

Rev. (25 de agosto de 2026). Carney comments on tariff rift [Transcript]. 

CBC News. (27 de agosto de 2026). Trump signs order to rename Lake Ontario as ‘Lake America’. 

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