El mensaje de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, desde Palacio Nacional, con motivo de Segundo Informe de Gobierno fue contundente. Con la firmeza y ecuanimidad que la caracteriza dejó en claro la diferencia entre el México de hoy y el de los gobiernos del pasado. “Cada avance, decisión y esfuerzo, tienen un mismo propósito: que el bienestar llegue a todas y a todos”.

Y es que no puedo dejar de destacar que, como lo señaló, existe una relación distinta entre el gobierno y el pueblo. Tenemos un gobierno que está presente en cada rincón del país, que escucha, atiende y rinde cuentas; dedicar tres días a la semana en territorio, no son poca cosa. Estar ahí significa un cambio de paradigmas que cuestionan no solamente a la praxis tradicional, sino también a la teoría política y a la forma en que hasta ahora hemos concebido al Estado.

En nuestros días un Estado democrático, constitucional y de derecho requiere un gobierno cercano a su pueblo y lejano al escritorio. Las y los gobernantes no pueden ser simples planificadores y estrategas de bunker. La realidad mundial exige gobiernos sensibles, presentes y conscientes. La presidenta no lo pudo haber dicho mejor, el Estado no como espectador de las desigualdades, sino como instrumento de justicia. Quizá ahí se encuentra una de las mayores transformaciones de nuestro tiempo: haber convertido el amor en política y la política pública en derechos que le pertenecen al pueblo de México.

Atrás quedaron los tiempos de los gobernantes y representantes hechos a mano y de zapatos limpios, aunque muchos todavía se resisten a entenderlo.

No es retórica ni demagogia, los recursos públicos se convierten en Programas para el Bienestar, escuelas, hospitales, vivienda, carreteras, obras de agua, trenes y seguridad. Tenemos maestros mejor pagados y al menos 30 mil nuevos elementos de la Guardia Nacional.

El salario mínimo mensual de 2018 a 2026 aumentó 154% más en términos reales; el salario medio de la economía formal alcanzó un máximo histórico; la pobreza laboral se encuentra en su mínimo histórico desde 2005. Las y los trabajadores de aplicaciones ya cuentan con seguridad social y reciben reparto de utilidades; el sello laboral para la exportación de productos agropecuarios garantiza la seguridad social y el salario de las y los jornaleros agrícolas, e inicia su operación en este septiembre; y se reducirá la jornada laboral de manera paulatina hasta llegar a 40 horas.

La realidad es que la economía familiar y la economía nacional caminan por rutas paralelas, los indicadores macroeconómicos y el bolsillo de las y los mexicanos no se encuentran en puntos distantes. Por ello, la prosperidad compartida es un principio, un eje rector de las políticas públicas y una aspiración común.

Durante este tiempo se ha confirmado la transformación y se ha continuado a un ritmo insuperable; no obstante, las difíciles circunstancias internacionales, particularmente los aranceles y la guerra en Irán.

Decir que nuestra economía permanece estable y está avanzando es una afirmación categórica que tienes bases firmes. El Humanismo Mexicano no está peleado con el desarrollo, ni la transformación con los sectores productivos, al contrario: la inflación va a la baja, gracias a incentivos de los combustibles y a los acuerdos para contrarrestar la inflación y la carestía entre los sectores privado, social y el gobierno; nuevamente hay cifra récord en Inversión Extranjera Directa; en el segundo trimestre, el PIB de México tuvo un crecimiento de 1.4 por ciento respecto al primer trimestre anterior y de 1.9 por ciento respecto al segundo trimestre de 2025; y la fortaleza del peso habla por sí misma.

El Estado ha recuperado su papel rector y lo fortalece todos los días. La defensa de la Soberanía nacional es un esfuerzo permanente para salvaguardar lo nuestro y a los nuestros. Soberanía es que la riqueza de México no termine en manos ajenas, sino en “una pensión para un adulto mayor, una beca para un estudiante o un apoyo para quien trabaja la tierra”.

Activista social

@larapaola1