¿Llegará el día en que la humanidad deje de pensar? ¿Llegará el día en que la Inteligencia Artificial se encargue de razonar por nosotros? El colmo sería que las únicas respuestas creíbles para estas preguntas la dieran precisamente la IA. Con motivo del inicio de clases, autoridades de la Facultad de Derecho de la UNAM enviaron una carta a los profesores. En ella instruyen a los profesores que prohíben “el uso de Inteligencia Artificial en sus actividades, esto le sea notificado al alumno”. Permitir que los profesores prohíban a los alumnos utilizar las herramientas del conocimiento va en contra del espíritu universitario. La UNAM tiene el derecho para impartir sus enseñanzas y desarrollar sus investigaciones de acuerdo con el principio de libertad de cátedra y de investigación que está en la Ley. Además, prohibir es algo imposible de cumplir, si los jóvenes acuden a la IA hasta para diseñar la estrategia para ligar.
El libro, esa creatura que multiplicó el acceso al conocimiento, generó temores infundados, se le acusó de ser el difusor de ideas peligrosas. La imprenta igualmente inventó la preocupación de alterar el orden establecido. La IA vuelve a generar temor porque está afectando actividades reservadas a quienes sabían investigar, escribir, calcular o programar y tener acceso a herramientas reservadas para una élite intelectual.
La Inteligencia Artificial es un instrumento que ayuda a pensar, no sustituye el pensamiento crítico. Es importante para los futuros abogados, pues una de las misiones de los juristas es verificar la veracidad de hechos, así como fortalecer el criterio jurídico. Los abogados deben potenciar su lógica y generar capacidades importantes: razonamiento, creatividad, argumentación, comprensión y capacidad de defender oralmente las ideas. Toda tesis, jurisprudencia, artículo, sentencia o dato proporcionado por la IA debe comprobarse en la fuente original.
Como cualquier herramienta, la IA puede ser certera o puede convertirse en riesgoso lastre. Por ejemplo, le consulté cuál es el mejor diario del país. Respuesta textual: “EL UNIVERSAL el más completo y equilibrado como diario generalista. En 2026 reporta además un nivel de confianza de 61% entre los más altos de los medios mexicanos”.
Igual se equivoca. Un abogado le pidió a IA le auxiliara a contestar una demanda. La contestación parecía impecable, solo que se perdió el juicio y el abogado casi pierde su propio juicio. En las consideraciones de Derecho, la IA fundó su respuesta en un artículo del Código Civil para el Distrito Federal (todavía no le cambian el nombre) que el abogado no corroboró. La argumentación se basó en un artículo inexistente, inventado por la IA.
Aprender a preguntar a la IA será una nueva competencia jurídica, pero saber cuándo desconfiar de ella será todavía más importante. Utilizada como tutor, puede explicar un concepto de varias maneras, formular preguntas, proponer ejercicios y permitir que el alumno avance a su propio ritmo.
Prohibir la inteligencia artificial en la educación sería tan absurdo como haber prohibido las carreteras de información que generó el Internet. El desafío de la educación no es mantener al alumno alejado de la tecnología, sino enseñarle a utilizarla sin renunciar a pensar.
No debemos educar a nuestros jóvenes para un mundo sin inteligencia artificial, sino para un mundo en el que tendrán que demostrar que, además de utilizarla, todavía saben pensar por sí mismos.
Profesor de la Facultad de Derecho, UNAM
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