Rosa Covarrubias
Isaac del Toro sigue haciendo historia para México en un deporte que, gracias a sus actuaciones, está ganando cada vez más adeptos en el país.
Por primera vez en la historia del Tour de Francia, un mexicano sube al podio de la carrera más importante del ciclismo mundial. Además, se convierte en el segundo mexicano en conquistar el Maillot Blanco, distintivo que reconoce al mejor ciclista joven del Tour, un logro que antes solo había conseguido Raúl Alcalá en 1987.
Con apenas 22 años, Del Toro demostró, durante tres semanas, que su lugar está junto a los mejores ciclistas del planeta. También confirmó que, en un deporte donde el brillo individual depende muchas veces del sacrificio colectivo, el trabajo en equipo puede llevar a alcanzar objetivos extraordinarios.
El camino estuvo lejos de ser sencillo.
Desde la segunda etapa dejó claro que tenía el nivel para competir con la élite cuando, gracias al trabajo de su líder, Tadej Pogacar —el mejor ciclista de la actualidad y encaminado a convertirse en uno de los más grandes de todos los tiempos—, conquistó su primera victoria de etapa en el Grande Boucle.
Sin embargo, el Tour apenas comenzaba.
Las jornadas siguientes trajeron altibajos. Del Toro perdió posiciones y la pelea por conservar el Maillot Blanco y mantenerse en la lucha por el podio se convirtió en una batalla diaria frente al francés Paul Seixas, la gran revelación de esta edición con apenas 19 años, y el español Juan Ayuso, quien fuera su compañero de equipo la temporada pasada.
En la décima etapa, tanto Seixas como Ayuso cruzaron la meta por delante del mexicano. Ayuso escaló al cuarto lugar de la clasificación general y le arrebató el liderato entre los jóvenes, mientras Del Toro descendía hasta el tercer puesto de esa clasificación.
Pero Isaac nunca dejó de hacer su trabajo.
Continuó desempeñándose como gregario de Pogacar, ayudándolo a defender el liderato de la clasificación general. Esa labor, lejos de desgastarlo, terminó fortaleciendo su candidatura. Para la etapa 14, mientras Seixas se apoderaba del Maillot Blanco y Ayuso descendía al segundo lugar entre los jóvenes, Del Toro finalizaba segundo en la etapa, únicamente por detrás de Pogacar, recortando diferencias y manteniéndose en la pelea tanto por la camiseta blanca como por un lugar en el podio del Tour.
La etapa 15 cambió por completo el rumbo de la carrera.
A 21 kilómetros de la meta, Jonas Vingegaard perdió el control de la bicicleta en una curva, sufrió una fractura de clavícula y tuvo que abandonar la competencia. Isaac también cayó en ese accidente.
Muchos habrían pensado únicamente en terminar la etapa. Del Toro hizo todo lo contrario.
Se levantó, volvió a subirse a la bicicleta y protagonizó una remontada memorable. Alcanzó nuevamente a los favoritos y terminó peleando la etapa con Pogacar y Remco Evenepoel para finalizar tercero, resultado que le permitió recuperar el Maillot Blanco.
El abandono de Vingegaard reacomodó la clasificación general. Pogacar mantuvo el liderato, Evenepoel ascendió al segundo puesto y Del Toro despertó, al cierre de la segunda semana, instalado en la tercera posición, un lugar que ya no volvió a abandonar, al igual que el Maillot Blanco.
El reconocimiento llegó incluso de quien dominó el Tour.
Después de imponerse en la etapa 19, con el título prácticamente asegurado, Pogacar fue contundente:
"Mañana vamos a ayudar a Torito a quedarse con ese precioso Maillot Blanco y el podio."
Y cumplió su palabra.
Ambos cruzaron juntos la meta en la penúltima etapa dejando una de las imágenes más icónicas de esta edición del Tour: los dos levantando el dedo índice sobre la cabeza para simular los cuernos de un toro antes de fundirse en un abrazo.
El 26 de julio de 2026 quedará marcado como un día histórico para el deporte mexicano.
No hubo caravanas interminables ni miles de personas celebrando en las calles. Unos cuantos aficionados al ciclismo se dieron cita en el Ángel de la Independencia para celebrar la hazaña que, con el paso del tiempo, recibirá la dimensión que realmente merece.
Porque Isaac del Toro, con apenas 22 años, ya puede presumir un subcampeonato en su primer Giro de Italia y un tercer lugar en su primer Tour de Francia. Dos podios en las dos carreras más importantes del ciclismo mundial que muy pocos corredores consiguen a lo largo de toda una carrera y, por si fuera poco, los títulos de mejor ciclista joven en ambas vueltas.
Las comparaciones suelen ser injustas, pero ayudan a dimensionar el tamaño de lo conseguido.
En términos deportivos, este logro puede equipararse a un tercer lugar en una Copa del Mundo, a una medalla olímpica, a los primeros años de dominio de Lorena Ochoa en el golf o lo conseguido por Fernando Valenzuela con los Dodgers. Es un hito que permanecerá para siempre en la historia del deporte mexicano.
El Tour de Francia es, probablemente, la prueba de resistencia más exigente del deporte. Son tres semanas de competencia, recorridos diarios que superan los 100 kilómetros, ascensos interminables, descensos a velocidades extremas y una estrategia colectiva en la que el corazón se interpone entre el cansancio y la razón.
Por eso lo conseguido por Isaac del Toro trasciende el simple resultado.
Tuvimos que esperar dos décadas para que un mexicano volviera al ciclismo de élite, lo que suele ser común en Europa, en México puede parecer un territorio inalcanzable. Hoy, gracias a Isaac del Toro, la pregunta dejó de ser si algún mexicano podía competir con los mejores del mundo.
Porque en el Tour de Francia el ¿y si sí? dejó de ser una pregunta retórica para convertirse en una afirmación contundente.
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