Toda democracia necesita de la oposición para generar contrapesos dentro del sistema político. Lo que sucede en México es un caso peculiar, la oposición lleva ocho años sin poder encontrar un discurso que la legitime ante la sociedad. Ha recurrido de manera reiterativa a la misma construcción de hechos falsos, son golpes tirados al aire que hacen ruido, pero rápido pierden fuerza.
El PRI y PAN, que históricamente fueron opuestos terminaron uniéndose no con la intención de impulsar una agenda que contrastara con el gobierno de Morena sino con el objetivo de mantener sus cotos de poder en beneficio de las elites que controlan sus burocracias partidistas.
La construcción, sin contenido, de la alianza del PRIAN solo legitimó el discurso de la izquierda que hablaba de un acuerdo entre ambos partidos para impulsar una agenda contraria a la sociedad mexicana. Su alianza no solo generó mayor rechazo entre la sociedad, sino que alejo al voto duro de ambos partidos, en especial del PAN.
Tanto el PRI como el PAN tienen un desgaste histórico innegable. Su carencia de ideología y de un programa han cancelado la posibilidad de un futuro para ambos institutos. Las encuestan marcan su estancamiento entre el once y doce por ciento de preferencia electoral. Porcentaje que tenderá a la baja a medida que los nuevos partidos políticos empiecen a ganar espacio entre el segmento de la sociedad, que, de manera natural, se opone al gobierno de Morena.
¿Por qué un ciudadano debe de confiar en el PAN cuando su presidente Jorge Romero representa la corrupción inmobiliaria? ¿Qué ciudadano confiaría en el PRI cuando su líder Alejandro “Alito” Moreno se ha convertido en un dictador al interior de su partido violando todas las normas para eternizarse en la presidencia?
Romero y “Alito” denuncian que el gobierno de Morena pretende destruir la democracia e instaurar una dictadura en México, lo hacen mordiéndose la lengua, ambos han manipulado los reglamentos de sus partidos, con los padroneros o Consejos Políticos a modo, para acomodar a sus cercanos en candidaturas y mantener el manejo, de forma discrecional, de los recursos económicos que les son entregados mes con mes y manejan a su antojo sin rendir cuentas a nadie.
El PRI y el PAN están lejos de su historia. Sus siglas han sido captadas por pandilleros que no les importa México ni la democracia sino seguir viviendo del presupuesto y solo buscar negociar para que sus corruptelas sigan en la impunidad a cambio de hacer como que hacen.
El desgaste de ambas fuerzas políticas, las más antiguas, le abre la puerta a Movimiento Ciudadano, Somos y PAZ, en menor medida, de captar al electorado que busca una opción diferente de oposición: con ideas, proyectos y nuevos rostros.
En 2027 veremos que en varios estados el PRI y PAN perderán su registro. Se reducirán y terminarán repitiendo la historia del PRD.
PRI y PAN no se han dado cuenta del riesgo en que se encuentran de perder su registro. Han optado por ir al extranjero a replicar un discurso que no ha sido capaz conectar con la sociedad. Buscan justificar su fracaso y no se dan cuenta que el problema de su presente, de descredito y rechazo, tiene que ver con la corrupción que existe en su interior. El 2027 se pondrá un clavo más en el ataúd de ambos institutos que muy seguramente vivirán una guerra intestina entre sus grupos para administrar los cascajos que queden y mantener los privilegios que se han negado a dejar.
Hasta aquí Monstruos y Máscaras…
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