Texto: Liza Luna
Con cada partido que pasa de la Selección Mexicana, los festejos crecen y la ciudad queda a merced de la euforia futbolera. Ya sean las pobres plantas de Reforma o las toneladas de basura en las calles, hay consecuencias cuando una victoria nos pone demasiado felices.
En 1986 y tras los destrozos cometidos contra el Ángel de la Independencia, las autoridades del entonces Distrito Federal decidieron habilitar sitios para que los capitalinos expresaran su alegría por el mundial de una forma moderada y segura, se les llamó “espacios de sana diversión”.

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Cualquier victoria de la Selección Mexicana en mundiales se celebra como si fuera la conquista de la copa y a las pruebas nos remitimos. En 1986, la primera participación del equipo nacional en Fase de Grupos se realizó el 3 de junio frente a la escuadra de Bélgica; el resultado fue 2 a 1, favor México y la ciudad se desquició.
Miles de aficionados salieron a las calles de la capital para vitorear esos primeros tres puntos, colapsando vialidades, dejando toneladas de basura a su paso y generando un verdadero caos.
Según lo recuperó Francisco Cárdenas Cruz en su columna del 6 de junio para EL UNIVERSAL, numerosos actos vandálicos se cometieron "con el pretexto del triunfo" de la selección, con casi 200 vehículos dañados, robos y lapidaciones a negocios, así como peleas casi mortales entre aficionados que estaban drogados o embriagados.
El más afectado fue el Ángel de la Independencia, que recibió aquella euforia futbolística sin protección alguna. Ese destrampe fue una llamada de atención para las autoridades y así surgieron los “espacios para sana diversión” del Mundial 1986.
En nuestras páginas del 6 de junio, el entonces delegado de la Cuauhtémoc, Enrique Jackson Ramírez confirmó la disposición de sitios específicos donde la afición futbolera podría "¡desbordar su alegría!", sin generar destrozos al patrimonio capitalino y sin afectar la seguridad colectiva.
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En palabras de Jackson Ramírez, estos espacios serían ideales para que los aficionados "puedan manifestar, dentro del orden, sus reacciones a los resultados del campeonato de fútbol", acompañados por artistas y conjuntos musicales que “darían mayor animación a las celebraciones, a condición de que los participantes se abstengan de ingerir bebidas embriagantes en vía pública".
El entonces delegado aseguró que no se buscaba disminuir el júbilo futbolístico con estos “espacios de sana diversión”, pero sí sería reprendido aquel aficionado o vándalo que "llegue al extremo de atentar contra los valores nacionales".
La Selección Mexicana tuvo su segundo encuentro mundialista el 7 de junio de 1986, frente a Paraguay y con ese partido se instalaron los primeros seis sitios de “manifestaciones festivo-deportivas", con especial vigilancia por parte de la Secretaría de Protección y Vialidad del DDF, y bajo el lema "Demostremos hospitalidad, cortesía y buen comportamiento".
Según se leyó en este diario, en esos sitios no se transmitiría el partido, sino que habría actividades musicales, culturales y gastronómicas para fomentar la sana diversión de los capitalinos. El fin era ofrecer a los defeños un lugar para alegrarse, "sin perturbar el orden público y de manera respetuosa ante la ciudad y sus habitantes".
Los cinco sitios fueron: Deportivo de Av. De los Cien Metros, en la delegación Gustavo A. Madero, con la presentación de la Sonora Veracruz, el Ballet Chunkas, más otros grupos de música tropical, moderna y mariachi.
Otro fue el Parque de los Venados, delegación Benito Juárez, con grupos musicales y del cantautor venezolano, Oscar D'León. El tercer sitio fue el Parque de la Bombilla, Álvaro Obregón, con presentaciones de Recuerdos del Son, Los Gatos Negros y otras bandas de música nacional.
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De parte de la delegación Cuauhtémoc se habilitó un tramo de Paseo de la Reforma, entre el Ángel de la Independencia y la entonces Glorieta de la Palma. Ahí se armó un verdadero bailongo, con música jarocha, norteña y actuación estelar de Humberto Cabañas, Benito Castro y su Batucada, Irma Infante, Lucero Campos y Los Paladines.
También en la Cuauhtémoc estuvo la explanada del Monumento a la Madre, con presentaciones del folklore de diferentes estados. El último lugar de sana diversión para el segundo partido de México se ubicó en la explanada del Auditorio Nacional, Miguel Hidalgo, con grupos musicales y una actuación de los Voladores de Papantla.
Según reportó EL UNIVERSAL en su edición del 8 de junio, los capitalinos recibieron con gran alegría tal invitación y acudieron a los diversos sitios de esparcimiento, para celebrar el insípido empate 1 a 1 frente a Paraguay.
Mientras la música y actuaciones especiales animaron a los asistentes, en los alrededores de los “espacios de sana diversión” se vieron abusos en precios de recuerditos. Tan sólo una corneta tricolor o un simple globo costaron 500 pesos, y ni hablar de un triste sombrero de palma que se pagó a mil 500 pesos.
Para el juego México vs. Irak del 11 de junio de 1986, las autoridades capitalinas de nuevo habilitaron cinco espacios de festejo mundialista y, junto a esos “sitios de sana diversión”, no faltó la advertencia: "no habrá contemplación para quienes, pretextando la celebración de los resultados en el campeonato mundial de fútbol, pretendan cometer actos delictivos".
Ese partido terminó con la victoria mexicana 1 a 0, asegurando un pase a Octavos de Final. Según datos de EL UNIVERSAL, unos 10 mil aficionados se distribuyeron por todo el DF para festejar, sobre todo en los sitios que tendrían presentaciones musicales y artistas cómicos que amenizaron la noche.
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Por desgracia, durante esa jornada de festejo sí se presentaron actos delictivos y al menos mil aficionados terminaron detenidos por secuestrar camiones de la Ruta-100 o por generar caos vial.
Los momentos más especiales de estos “espacios de sana diversión” se vivieron la tarde del 15 de junio de 1986, luego del cuarto partido de México en el mundial donde venció con galantería a la escuadra de Bulgaria, 2 goles a 0.
Las autoridades del entonces DDF pronosticaron un festejo más grande para esa ocasión y dispusieron de nueve sitios para que “capitalinos y visitantes puedan expresarse en torno al evento deportivo" con seguridad y sin destrozos.
De nuevo se habilitó el Parque de la Bombilla, Parque de los Venados, Paseo de la Reforma, Monumento a la Madre y la explanada del Auditorio Nacional, con la integración de otros sitios que también tuvieron tocadas de música regional e internacional, muestras gastronómicas y artesanales.
En la Gustavo A. Madero estuvieron el Parque de Insurgentes y Montiel, y el Teatro Mario Moreno; en la Venustiano Carranza se usó la explanada de Francisco del Paso y Troncoso, mientras que la Cuauhtémoc acondicionó la Alameda Central.
La victoria sobre Bulgaria elevó el júbilo futbolístico en los defeños y EL UNIVERSAL estimó la presencia de 50 mil aficionados tan sólo en Paseo de la Reforma, con otros miles de asistentes en el resto de los sitios dispuestos por el gobierno capitalino.
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Para beneplácito de las autoridades, en ningún momento se transgredieron los límites del orden público, “ni se molestó a nadie; todo era alegría y porras, y la circulación desquiciada, pero el momento lo ameritaba", según se leyó el 16 de junio de 1986.
"Las mismas fuerzas del orden participaron en la fiesta [de sana diversión] al regalar miles de banderitas y disponer variedades musicales en los espacios abiertos ". Al final de la celebración, sólo 70 detenidos se presentaron ante el juez cívico, mientras otros miles de capitalinos llegaban empapados a sus casas, pues Tláloc también festejó y soltó un aguacero en el DF.
El partido más esperado por los aficionados mexicanos llegó el 21 de junio de 1986, encuentro de Cuartos de Final ante Alemania Federal; ahí se decidiría qué selección tendría el pase a semifinales de la Copa del Mundo.
"Las autoridades darán todas las facilidades para celebrar, ya sea el triunfo o la derrota del equipo nacional, pero serán inflexibles con aquellos que rebasen sus demostraciones de alegría", según se leyó en este diario hace 40 años.
Como la euforia prometía ser enorme si México ganaba, se acondicionaron 12 “espacios de sana diversión” por toda la ciudad, el dispositivo más grande de festejos visto en ese mundial con varios templetes y artistas del momento.
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"El personal que se dedicó a instalar los entarimados y probar los equipos de sonido se mostró confiado en el triunfo de su equipo [la Selección Nacional] y con esmero revisó hasta el último detalle en cada uno de los espacios autorizados", se leyó en EL UNIVERSAL. La ciudad esperaba un "desbordamiento" de emoción con ese partido.
Por primera vez en el mundial, el Zócalo Capitalino fue un sitio autorizado para celebrar, con una oferta de espectáculos musicales lista a partir de las 6 de la tarde. Además, se habilitó un "jubilódromo", una ruta de regocijo futbolístico para contingentes que quisieran dar una vuelta de victoria por el Centro Histórico.
Ese circuito de festejo corrió desde el Ángel de la Independencia por Paseo de la Reforma, avanzó por Av. Juárez y Francisco I. Madero hasta desembocar en la Plaza de la Constitución; y de regreso por Cinco de Mayo hasta la Victoria Alada.
El gobierno del entonces DF aseguró que, tanto en los 12 “sitios de sana diversión” como en el "jubilódromo”, estaría un estricto dispositivo de seguridad de la Secretaría de Protección y Vialidad capitalina, en colaboración con el Estado Mayor Presidencial.
La ciudad se preparó con bombo y platillo para celebrar la victoria sobre Alemania Federal... Sólo hizo falta dicha victoria, pues la selección perdió ante los germanos en tanda de penales y todos los sueños de continuar en la justa se desvanecieron.
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EL UNIVERSAL describió en su crónica del 22 de junio del 86 cómo los templetes que con tanto ahínco se dispusieron para controlar la euforia futbolística terminaron como lugares para “levantar el ánimo”. No había gritos de alegría ni descontrol, sino caras largas y hombros caídos.
Los mismos cantantes, comediantes y animadores en los templetes tenían que esforzarse por sacar una sonrisa a los pocos asistentes que acudieron a sus “sitios de sana diversión”.
Ahí se esperaban “familias y grupos de jóvenes y muchachas para que expresaran su alegría, pero ahora fue todo lo contrario y aun cuando salieron a las calles y gritaron 'viva México', sus voces se escucharon diferente, los rostros pretendían sonreír, pero sin lograrlo", indicó este diario.
La actitud de derrota sumió a la ciudad en un bajón y todo el dispositivo de seguridad impulsado por las autoridades se vio “exagerado". No había actos delictivos ni una emoción desbordante que amenazara el orden, sólo hombros caídos y caras tristes.
En la Alameda Central, cerca de la Plaza de la Solidaridad, se colocó uno de los templetes para “sana diversión” y el animador decía sin parar "estuvimos al tú por tú, no fue una derrota humillante”, pero el punto era que México estaba fuera del Mundial.
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La última ocasión que el gobierno del DDF dispuso de espacios seguros para esparcimiento futbolero en 1986 fue durante la final del mundial, con el partido Argentina vs. Alemania Federal, el domingo 29 de junio.
En esa ocasión, se distribuyeron de siete "sitios de sana diversión”. El más relevante fue el Zócalo, con el espectáculo de luz y sonido llamado "Ceremonia del Fuego Nuevo", además de actuaciones musicales.
De nuevo se habilitó Paseo de la Reforma, así como Calle Mora, en Avenida Bucareli y el Monumento a la Madre en la Cuauhtémoc.
Pero, como se leyó un día después en EL UNIVERSAL, la final del Mundial 1986 en la Ciudad de México brilló por la indiferencia de los capitalinos. Muy pocos aficionados salieron a las calles y acudieron a los festejos, pues el interés perdió cuando la selección nacional quedó fuera de la justa mundialista.
Ahora que vivimos el Mundial 2026, la euforia vuelve a desbordar las calles de la CDMX y eso que apenas estamos en Fase de Grupos. Entonces, si apenas con un tercer partido la ciudad se llena de megapantallas y se tiene que aplicar Ley Seca por los desmanes, ¿qué esperaríamos si la Selección Mexicana nos hace la buena y nos lleva más allá del quinto partido? ¡Destrampe total!