Si bien siempre se ha manejado la idea de que México y Brasil compiten por el liderazgo regional en América Latina y El Caribe, al igual que en foros multilaterales, como la maltratada ONU o la desdibujada OEA, la verdad es que hoy, ante la arremetida de Trump en el continente, a través del llamado “Escudo de las Américas”, y su abierto injerencismo político, mediante los cuales ha cooptado a una veintena de países, todos de derecha, es necesario unirse y combatir coordinada y diplomáticamente al tirano Trump.
Lo primero que hay que mostrar es que México y Brasil no son países bananeros o plataneros, como EU cree; tampoco gobiernos sin memoria y dignidad histórica que se doblegan ante el amo. El tiempo de las colonias ya pasó y ambos países han logrado un desarrollo que los coloca como las primeras economías de la región, y la segunda y tercera en el continente, sólo detrás de EU. Es decir, son economías y potencias medias, entre las diez o doce economías del mundo. No Trump, México y Brasil no son como los demás.
Lo segundo que debe subrayarse es la política exterior de principios que defienden ambos, entre ellos, la no intervención, la autodeterminación y la búsqueda de la paz, por lo que no admiten la injerencia de gobiernos y países en asuntos internos de otro. Por ello, rechazan tajantemente cualquier acto en contra de su soberanía, sea político, económico, social o electoral y, mucho menos, militar, que altere o desvirtué la estabilidad y paz internas.
Lo tercero, denunciar que EU ha creado un modelo para intervenir veladamente en la soberanía de algunos países de la región, consistente en declarar a los grupos criminales como organizaciones terroristas internacionales, con el fin de llevar a cabo operativos extraterritoriales e injerencistas, en lugar de coordinarse con esos gobiernos y enfrentar juntos a esos grupos, pero con respeto a la soberanía.
Igualmente, ha establecido un criterio tendencioso para cancelar visas, que lo mismo va destinado a presuntos criminales y sus familias que, a políticos y familiares de los gobiernos en el poder, sin dar explicación alguna. Y, lo más alarmante, se ha confabulado abiertamente con las oposiciones de ambos países para desestabilizar a los gobiernos democráticamente electos, aprovechando los próximos procesos electorales de 2026 en Brasil (generales) y 2027 en México (legislativas).
Cuarto, México y Brasil deben de establecer como regla de acción la reciprocidad para responder a cada ataque de Trump, especialmente económico o comercial, entendiendo que el tirano sólo amenaza -sin cumplir sus amenazas-, como una forma de presionar, hasta conseguir sus propósitos. Si no lo paran, él seguirá presionando. Es su forma de negociar con los débiles, pero no con quien lo confronta.
Quinto, México y Brasil deben de emitir una declaración conjunta con todos esos puntos, para que se conozca y promueva su contenido en el mundo y se obtenga el apoyo de países amigos, especialmente de gobiernos que difieren de las prácticas de Trump. El solo hecho de difundir tal declaración provocaría un efecto disuasorio, pero si se obtienen apoyos en Europa y Asia, estoy seguro de que EU pensaría dos veces el siguiente paso.
Es menester recordar que México ya emitió una declaración política -junto a Francia- en agosto de 1981, mediante la cual ambos gobiernos reconocieron la alianza guerrillera del FMLN-FDR en El Salvador, como una fuerza representativa y legitima, abogando por una salida negociada frente a la intervención militar. Tal declaración fue presentada ante el consejo de seguridad de la ONU, y sentó las bases para un posterior diálogo, que facilitó la firma de los Acuerdos de Paz en ese país en 1992.
Tanto México como Brasil han sido objeto de ataques a la soberanía por parte de EU: al incrementar aranceles a productos clave de la economía de ambos; al declarar unilateralmente a grupos del crimen organizado como organizaciones criminales, que les dan “autoridad” para perseguirlos, aún dentro de su territorio; al utilizar el nefasto recurso de la cancelación de visas, no sólo para supuestos criminales, sino para políticos de gobierno y debilitar sus estrategias; y al aliarse con las oposiciones políticas -PRI, PAN en México y PL en Brasil- y, abiertamente, desestabilizar e influir en sus procesos electorales.
Por ello, México y Brasil están en su derecho y obligación de defenderse al difundir tal declaración y promoverla por el mundo, aprovechando la coyuntura política en EU, que en dos meses se estará jugando su futuro político, donde es muy probable que Trump pierda la mayoría en el Congreso.
De no hacerlo así, estoy seguro de que el tirano Trump seguirá amenazando y perturbando la estabilidad de México y Brasil antes de sus elecciones intermedias, donde presentará como triunfos la cooptación de la región, incluyendo a México y Brasil. Es decir, la defensa de ambos países es también la defensa de la región.
La otra parte de la estrategia es la interna, donde cada país tendrá que pensar bien las acciones para neutralizar los ataques de las traidoras oposiciones, donde -desde luego-, destaca, desnudar el contubernio de algunos medios de comunicación y la colaboración de algunos periodistas y políticos en este plan siniestro.
México ya ha dado el primer paso al desnudar la red de ataques informativos contra el gobierno de Morena, es decir, soltó al pequeño ratón de la “censura”, que ha puesto a brincar y a pegar de gritos a algunos periodistas, no sólo por sus culpas, sino porque la sorpresiva medida los tomó en calzoncillos.
Politólogo (UAM) y exdiplomático
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