Cuando Claudia cumplió un año en el poder, mencioné que entre los siguientes objetivos de su gobierno estarían: “tomar el control de las cosas”, es decir, de las próximas elecciones, y disminuir el liderazgo e influencia de AMLO, “aún sin proponérselo”, como una forma natural de alejarse de su mentor, aunque nunca rompiendo con él. Hoy debo decir que, luego de varias afortunadas coincidencias, la presidenta sí se lo ha propuesto seriamente, aunque sin romper con él.
Desde entonces, las cosas se le han dado bien a la presidenta si consideramos que ni Luisa María Alcalde, ni el hijo de AMLO eran gente de su plena confianza en la dirección del partido, por lo que antes de sustituirlos, envió a Citlali Hernández, como la persona de todas sus confianzas para hacerse cargo del proceso interno de selección de candidatos, con toda la experiencia y conocimiento a su favor. Luego, vino el reemplazo de la dirigencia del partido, donde arribó Ariadna Montiel como presidenta, que, si bien, venía trabajando con AMLO en los programas Bienestar, es totalmente institucional a Claudia. De esa forma, la presidenta tomó “el control de las cosas”, sin derramar una sola gota de sangre o sudor.
Ahora que empieza formalmente el proceso electoral, el próximo 10 de septiembre, una de las prioridades será la escogencia de los candidatos, donde estoy seguro, ella palomeará personalmente, pues es su responsabilidad y sus candidatos. Ahí, otorgará plena importancia a la honestidad y lealtad de ellos y ellas, pero también calificará la capacidad política para hacer que las cosas pasen, como a ella le gusta, especialmente, en el caso de los gobernadores y, sobre todo, aprovechará la oportunidad para quitarse de encima a gente que aún responde a otras lealtades y otro liderazgo.
Lo otro parecía más difícil o, por lo menos, más tardado y peligroso, políticamente hablando, pues entre proponérselo o no proponérselo -restar el liderazgo e influencia de AMLO-, la presidenta decidió esperar con paciencia dos cosas: la decisión de AMLO de alejarse definitivamente y dejarle todo en sus manos, ante la abrumadora realidad que lo rodea, que la convierte en una presidenta con mucho más poder, que accionaría de inmediato, o bien, recibir noticias del imperio, particularmente, la decisión de EU de cancelar la visa al hijo de AMLO. Ambas cosas llegaron casi juntas y detonaron toda una coyuntura de favorables coincidencias, donde la buena fortuna -decía Maquiavelo- volvió a brillar para Claudia, al leer correctamente el momento.
Primero, se solidarizó con AMLO, más que con su hijo, ante la decisión de EU de quitarle su visa, al llamar injerencista a la medida, aunque luego desaprobó la respuesta del interesado con una frase: “una visa no define a una persona”. Y digo que se solidarizó con AMLO, quien seguramente se molestó con EU, pero también con su hijo, por la ingenua respuesta, que exhibe su inexperiencia, pero también su vulnerabilidad política.
Segundo, Claudia explicó que el viaje a Argentina del secretario de seguridad, Omar García Harfuch, fue una decisión de todo el gabinete y no sólo de ella, a fin de no herir la susceptibilidad de AMLO, quien sabemos no ve con buenos ojos al secretario. Ya en Argentina, García Harfuch fue presentado por el director de la DEA como el super policía mexicano que colabora con EU en la lucha contra el crimen organizado. Ahí, el secretario explicó la estrategia de seguridad de México, al tiempo que desató los nudos para que Argentina entregara al vicealmirante Fernando Farias, sospechoso del delito de defraudación fiscal, cuyo caso sigue de cerca la fiscalía mexicana. No hubo reclamos de nadie, incluso de la línea dura de Morena por el accionar y cercanía de Harfuch con EU. Y todo porque el teléfono ya no suena en Palenque.
Tercero, la suspensión de la conferencia mañanera del viernes 21 de agosto presagiaba algo grave, pues una gripe no era motivo suficiente para ello. Entonces sobrevino en ese fin de semana la reaparición del gobernador de Sinaloa, con licencia, Rubén Rocha Moya, quien, seguramente, al no recibir respuesta en el teléfono de Palenque, decidió irse por la libre y resucitar en el palacio de gobierno de esa entidad, seguro de que Morena no lo dejaría solo y que la presidenta Sheinbaum no se atrevería.
Cuarto, en respuesta, la doctora Sheinbaum dio un golpe suave en la mesa, declaró que le parecía imprudente la medida y alineó al partido y sus militantes más duros al nuevo y reluciente liderazgo para poner fin a insubordinación del siempre oportuno y disléxico Mocha Roya, quien, yo creo, ha hecho su último numerito, pues el mensaje ha sido claro: “pide tu último deseo y desaparece”. Y todo porque el teléfono ya no suena en Palenque.
Finalmente, Claudia sale totalmente fortalecida de esta afortunada coyuntura, con el control del partido en sus manos y, por ende, de las próximas elecciones y de los candidatos, proponiéndose ahora sí la disminución del liderazgo e influencia de AMLO. Igualmente, comprobó que en política no existen las coincidencias, sino que, a veces, hay que construirlas.
Ahora, lo que realmente importa es saber por qué el teléfono ya no suena en Palenque. Y aquí es fundamental no especular, pues en mi opinión, se trata de algo importante y personalísimo de AMLO, quien ha decidido alejarse y dejar todo en manos de Claudia, como su mejor escudo y defensa de su legado y, especialmente, ha privilegiado la unidad de todo el movimiento que, a pesar de todo, sigue siendo la mejor opción de México. No hay ni habrá ruptura; esa es la moraleja.
Por eso, el teléfono ya no suena en Palenque, Chiapas, pues la línea, llena de secretos, intrigas, traiciones y desilusiones, fue desconectada por su titular y las llamadas desviadas ahora a palacio nacional.
De ahí que se le viera tan bien a la presidenta Sheinbaum durante su segundo informe de gobierno, tan llena de poder y satisfacción por los logros obtenidos en estos casi dos años de gobierno, aunque con una preocupación latente: ¿quién asumirá ahora el costo de las nuevas llamadas a palacio nacional?
Por lo pronto, se ha decidido no recibir llamadas por cobrar, por eso de las extorsiones y los chantajes, y sólo recibir aquéllas de teléfonos conocidos.
El teléfono ya no suena en Palenque; ahora lo hace en Palacio Nacional.
Politólogo (UAM) y exdiplomático
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