Hay una idea equivocada sobre los recesos legislativos: pensar que cuando terminan las sesiones, también termina el trabajo. Este año comprobé exactamente lo contrario.

Durante el receso de la Cámara de Diputados tuve el honor y la responsabilidad de formar parte de la Mesa Directiva de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, como secretaria.

No es un cargo meramente protocolario. La Mesa Directiva conduce los trabajos de la Comisión Permanente, garantiza el desarrollo ordenado de sus sesiones y contribuye al funcionamiento de un órgano constitucional que mantiene activa la representación parlamentaria durante los recesos.

Para mí, ocupar ese espacio significó responsabilidad, disciplina y entender que, aun cuando la Cámara no está en periodo ordinario, el Congreso de la Unión no puede detenerse. Tampoco puede hacerlo quien tiene el privilegio de representar a las y los mexicanos.

Confirmé algo fundamental para nuestra democracia: podemos tener diferencias profundas, pertenecer a distintas fuerzas políticas y defender posiciones distintas, pero por encima de cualquier diferencia debe estar la responsabilidad con México.

La pluralidad, el debate y la crítica son indispensables, pero no pueden ser una excusa para dejar de trabajar. La política tiene que llegar a los resultados.

Y mientras cumplía con esta responsabilidad institucional, mantuve algo importante: la presencia permanente en el territorio.

Durante el receso seguí trabajando en Miguel Hidalgo: recorriendo sus colonias, caminando sus calles, escuchando a mis vecinas y vecinos, atendiendo gestiones y participando en jornadas y reuniones. Seguí conociendo problemas que difícilmente pueden comprenderse desde un escritorio.

Porque el calendario legislativo puede cambiar. La responsabilidad de representar, no.

Cuando termina una sesión, las necesidades de la gente no terminan. La inseguridad no entra en receso. Las mujeres que necesitan protección, los jóvenes que buscan oportunidades, las familias que necesitan una gestión y las colonias con problemas de servicios, infraestructura o seguridad no pueden poner sus necesidades en pausa.

El receso legislativo cambió mi espacio de trabajo, pero no mi obligación: en la Mesa Directiva, en una reunión vecinal, una colonia, un mercado, una jornada, una gestión o una conversación con una vecina.

Para mí, el territorio no es el lugar al que se vuelve cuando termina un periodo de sesiones. Es el lugar del que nunca debemos alejarnos. Ahí comienza el verdadero trabajo legislativo.

Una iniciativa nace de una problemática. Una reforma, de una necesidad. Una política pública debe partir de una realidad. Por eso territorio y Congreso no son dos caminos distintos: son una misma ruta: escuchar en las calles, llevar esa realidad al Congreso, construir soluciones y regresar al territorio para que tengan sentido.

Desde un escritorio podemos conocer cifras y argumentos. Pero caminando una colonia conocemos algo mucho más importante: la realidad. Y esa realidad tiene que llegar al Congreso.

Este periodo, Miguel Hidalgo siguió siendo una prioridad para mí, no como escenario político, sino como territorio con problemas concretos y personas que esperan respuestas.

Porque ahí también se prueba la política: no solamente en una tribuna, una votación o un discurso, sino cuando una persona encuentra a alguien dispuesto a escuchar, cuando una gestión recibe seguimiento y, sobre todo, cuando no hay una elección de por medio.

Por eso creo en una política que pueda responder una pregunta sencilla: ¿Qué cambió gracias a nuestro trabajo?

¿Qué cambió? ¿A quién ayudamos? ¿Qué problema resolvimos? ¿Qué voz llevamos hasta donde debía ser escuchada?

Una curul es un enorme privilegio, pero es temporal. La confianza de la gente se construye todos los días.

Hoy concluye una etapa de la Comisión Permanente. Pero no concluye el trabajo.

Continúa en el Congreso. Continúa en Miguel Hidalgo. Continúa en las calles. Continúa ahí donde haya una problemática que atender, una voz que escuchar o una solución que construir.

Porque los periodos pueden comenzar y terminar. Pero México no entra en receso. Sus necesidades tampoco. Y la responsabilidad de quienes tenemos el privilegio de representarlo, mucho menos.

Cambian los días de sesión. No cambia la responsabilidad.

Esa es, quizá, la mayor lección que me deja este receso: representar a México no significa estar presente únicamente cuando el Congreso abre sus puertas. Significa mantenerlas abiertas para la ciudadanía todos los días.

Diputada Federal

LXVI Legislatura

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.