Los grupos de choque organizados donde la principal característica es el uso de la violencia, tanto verbal como física, han existido en México hace casi cerca de 50 años. Quizás el hecho histórico más recordado con la presencia de estos grupos, auspiciados por el PRI, es el llamado Halconazo en 1971 donde estos grupos buscaban reprimir el movimiento estudiantil que se desarrollaba en esos momentos. Hoy a más de 50 años, el PRI ya no está detrás de ellos, sino se volvieron ellos mismos ese grupo de choque, con las mismas características más un cinismo repugnante.

La cara más visible de ese porrismo es obviamente su dirigente nacional. La frustración, el no contar con el voto de las y los mexicanos que no están dispuestos de permitir que el PRI vuelva al poder, el saber que en cualquier momento puede perder su registro como partido político y con ello el dinero y “poder” que les queda, estar claro de que hay una investigación que apunta al desvío de recursos y enriquecimiento ilícito, todo ello debe ser suficiente como para usar el porrismo como estrategia.

El PRI de hoy se resiste a desaparecer. Aquel partido emanado de la revolución mexicana dejó hace mucho tiempo de ser ese que buscaba el bienestar de las personas y se convirtió en uno que buscaba el bienestar de sus élites en turno. Hoy nadie quiere el regreso de este “estilo” de gobernar, el pueblo de México ya no es el mismo de hace 80 o 50 años, en donde ni siquiera había opciones, ahora las hay y el PRI claramente no es una que las personas vuelvan a elegir.

Bajo este escenario el PRI, con su presidente al frente (porro de profesión) busca justificar su violencia con una “rebeldía” ante la situación que hoy vivimos. Lo que vemos no es más que una forma muy burda y cínica que apenas le alcanza para un 10 por ciento de porcentaje en la última elección en 2024, la cual ha cae cada vez que se celebran elecciones, pues en el 2018 oscilaba entre el 14 y el 18 por ciento, mientras que en 2012 aún alcanzaba el 38 por ciento.

No hay duda, donde solo Alito ve fuerza, los demás vemos el camino a la desaparición de un partido que ya no representa a nadie, de ahí sus cada vez menos votos. Los “valores” a los que apela este señor cada vez que hace uso de la violencia, así como su “achichincle”, el diputado Gutiérrez Mancilla, son la “dignidad” o ese espíritu de los mexicanos de “no dejarnos” ante las “injusticias”, que dicen, del gobierno.

Su circo aburre, sus mentiras son imposibles de creer, su “show” da mucha pena. Las demostraciones del porrismo como profesión de este par sobran: los golpes al senador Noroña, las participaciones en tribuna del achichincle en San Lázaro en donde solo busca insultar verbalmente con la única intención de romper sesiones, la agresión al diputado

Arturo Ávila y su más reciente estreno como representante de su partido ante el INE, eso es el porrismo como profesión.

Y es que observar la forma en la que se manejan este par, es penoso. Justifican la violencia, se atreven a citar a Salvador Allende para exaltar su “rebeldía”, denigran el oficio de la política, la rebajan a un juego sin escrúpulos en donde buscan que el otro pierda y erigirse como “víctimas”, este es el porrismo como profesión que han implementado y del cual viven.

Si ya nada queda, mínimo no pasar desapercibidos, parece que esa es la “idea” de este PRI que para lo único que le alcanza es para dar pena. Pero poco les queda, las y los mexicanos rechazan cada vez más estas formas que solo buscan no ser olvidados, pero esto ya es casi un hecho, del 10 pasarán al 5 y de ahí a la nada, dejando sin profesionales la única materia que manejan hoy.

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