Es útil para los observadores de la vida pública ver cómo la presidenta discute hipótesis de política exterior en “la mañanera”. Hace unos días aseveraba que los Estados Unidos apostaban a dividir a su gobierno; por supuesto es algo que cualquier observador atento de la realidad política comparte.
Hace un par de semanas comentábamos lo que implicó, en términos simbólicos y políticos, el apapacho a García Harfuch. Seguramente en el gabinete, los duros habrán dicho que era la quinta columna de los yanquis y que no podía aceptarse que un poder externo fuese el evaluador del desempeño, lo cual puede explicar que la presidenta primero agradeciera, por nombre y apellido, a los integrantes del gabinete de Seguridad llamando al secretario de Seguridad “Omar” y no por su cargo, como hizo con el resto, lo cual denota su cercanía, por lo demás, muy pública desde que era jefa de Gobierno. Los celos que se derivan de ser el favorito de la jefa y el niño aplicado del gabinete generan siempre inconformidades y desgastantes grillas. Así es la vida.
Ahora bien, que la presidenta reconozca esta realidad es inusual. Lo relevante es reconocer que el desgaste que provoca un señalamiento favorable abre una ventana que no puedes ignorar. Al reconocer a un funcionario, los Estados Unidos incentivan la cooperación y establecen su preferencia por formarse en esa ventanilla. Se le da un poder suplementario a un secretario muy poderoso que tiene reconocimiento externo, aprecio personal de la presidenta y además un nuevo diseño institucional que, como han comentado López Ayllón y Salazar, le da enormes capacidades para realizar su trabajo.
La presidenta debe reconocer que hay partes del sistema político que inspiran la más amplia desconfianza y, en consecuencia, debe aprovechar la mirada estrábica del vecino para reforzar la credibilidad de su gobierno, diciendo: en efecto, hay partes amputables del tejido institucional mexicano, pero hay otras que sí funcionan y esas son las que tienen el liderazgo. En todo caso, es mejor que te digan que hay unos que sí son confiables, a que te digan que tienes un narcogobierno y que todos tus mandos son sospechosos. Aprovechar, pues, y tomar decisiones para reforzar lo que funciona, e irse quitando el lastre de todo aquello que está comprometido con el contrabando de combustibles y la protección de cárteles. Es caminar en el sentido correcto.
Analista. @leonardocurzio
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