Este primero de septiembre Claudia Sheinbaum entrega al Congreso su Segundo Informe de Gobierno, y como manda la tradición, habrá avances y logros en lo económico, lo político y lo social, aun cuando sean parciales o sirvan sólo para reflejar un momento específico. También se puede anticipar algo más: la campaña permanente que ha caracterizado a este gobierno seguirá su curso, con balances favorables de un lado y promesas hacia adelante del otro, justo cuando las elecciones intermedias empiezan a asomarse en el horizonte y las campañas se adelantan a los tiempos legales.

¿Qué esperar? Probablemente el mismo que ya conocemos, lo que se repite todos los días en los medios: México está estable, atrae inversión, mejoran los salarios, se genera empleo y la economía crece. Hay datos que sostienen esa narrativa, pero cuando se toman de forma aislada terminan pidiendo alguna aclaración o contexto. No hace falta adivinar el contenido del informe; lo que sí vale la pena es aprender a distinguir un máximo histórico de una tendencia que realmente se sostiene.

El reciente anuncio de la inversión extranjera directa es un buen ejemplo de ello. El gobierno presumirá los 34 mil 504 millones de dólares captados en el primer semestre de 2026, una cifra récord. Pero el crecimiento anual fue de apenas 2.1%, el más bajo desde 2020; y del total, 88.5% fue reinversión de utilidades; la inversión nueva, la que realmente importa y sostiene la expectativa, cayó 13.4% y hoy representa solo 14% del total, cuando en sexenios anteriores llegaba a 40%. Un récord así no dice mucho sobre la capacidad de esta inversión para crear empleos, sumar tecnología o ampliar la planta productiva. Lo mismo con el récord de exportaciones que responde más a un repunte de compras anticipadas por miedo a nuevos aranceles. La cercanía con Estados Unidos es una ventaja enorme, pero también deja al país expuesto a decisiones que no controla, como se ha visto con la renegociación del T-MEC y la permanencia de los aranceles impuestos desde hace meses.

Los salarios sí han mejorado. El salario base de cotización en el IMSS llegó a 673.9 pesos diarios en julio, el nivel más alto desde que registra la estadística, producto del escalamiento por el aumento en el Salario Mínimo. El problema es que sólo aplica para el empleo formal y poco más de la mitad de la población ocupada —55%— trabaja en la informalidad. A esto se suma que el número de patrones registrados ante el IMSS lleva 25 meses cayendo, 2.5% en el último año, reflejo de que a muchos ya no les alcanza para cubrir los costos laborales.

La tasa de “desempleo” (en realidad es de desocupación) tampoco cuenta la historia completa. En el segundo trimestre se ubicó en 2.7%, de las más bajas entre los países de la OCDE, pero en una economía con alta informalidad, una cifra baja no equivale a empleo suficiente ni bien pagado. Los números del empleo formal lo confirman: después de tocar un máximo de 22 millones 779 mil 704 empleos en junio, julio cerró con 19 mil 550 plazas menos; y en 2025 se crearon poco más de 278 mil empleos (considerando la inclusión por decreto de trabajadores de aplicaciones), la mitad de lo que se generaba apenas dos años atrás.

Con el crecimiento se presenta una situación similar. El PIB creció 2.1% anual en el segundo trimestre, según el Inegi, un dato positivo pero insuficiente. Llama la atención que, tras conocerse esta cifra, el Banco de México mantenga expectativas de crecimiento moderado para el año ajustándola de 1.1% a 1.7%, mientras los analistas privados siguen apostando por un rango más modesto, de 1.0% a 1.4%. Hay recuperación, sí, pero todavía no una expansión vigorosa.

Los componentes internos del PIB tampoco ayudan mucho a la narrativa optimista. La inversión fija creció 5.2% anual en abril, un dato bueno, pero no borra los anteriores 19 meses seguidos a la baja y para mayo el avance ya se había reducido a 2.4%. El consumo privado también subió, si bien buena parte de ese impulso vino de bienes importados, más baratos gracias a la apreciación del peso.

Si hay algo que el gobierno puede defender es la inflación. En julio los previos se incrementaron 3.12%, si bien la subyacente rondó 4%, dentro de rango de la meta de 3% que persigue el Banco de México. Vale la pena recordar que buena parte de esa baja se debe a menores precios agropecuarios y a subsidios en combustibles y electricidad, no necesariamente a una desinflación estructural.

El tipo de cambio, por debajo de 17 pesos por dólar, tampoco faltará en el discurso. Ayuda a contener precios y abarata las importaciones, pero no es, por sí solo, una prueba de fortaleza económica: la debilidad del dólar a nivel global y el carry trade explican buena parte de esa apreciación. Para quienes exportan, un peso fuerte reduce la competitividad de sus ingresos en moneda nacional.

El tema más controversial se localiza en las finanzas públicas. El gobierno insistirá en que ha sido responsable con el gasto, pero el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público pasó de 10.5 billones de pesos en diciembre de 2018 a 19 billones en junio de 2026, con una proyección de 20.2 billones para fin de año. En el primer semestre, el déficit público creció 27.3% real anual, reflejo de un manejo poco saludable de las cuentas: los ingresos apenas subieron 0.1%, con caída en la recaudación, mientras el gasto creció 2.1%, con subsidios y transferencias disparándose 12.2% y la inversión física cayendo 7.9%. No sorprende que las calificadoras sigan teniendo a México en el escalón más bajo del grado de inversión.

En el informe habrá, sin duda, buenas noticias que contar. El problema es que varias de ellas son máximos puntuales, efectos del momento o logros con un alcance limitado. El verdadero reto para el gobierno no es enumerar avances, sino explicar qué se hará para sostenerlos en el tiempo: más inversión productiva, más empleo formal, mayor productividad, finanzas públicas sanas. La economía mexicana ha mostrado estabilidad y capacidad de resistir; lo que todavía tiene pendiente es convertir esa estabilidad en un crecimiento sostenible, y no solo en una colección de buenas anécdotas.

*Presidente de Consultores Internacionales, S.C.

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