Celebramos la aparición de una nueva librería. Nos sentimos dichosos cuando una editorial surge. El libro y toda su cadena es un proceso complejo y de resistencia en medio de una sociedad que tiende cada día más a lo rápido, a consumir literatura descafeinada.
La literatura se ha tenido que adaptar a los cambios de consumo de nuestra sociedad. Es poco probable que en nuestro tiempo aparezcan obras de gran calado literario: En busca del tiempo perdido, Ulises, Crimen y Castigo, Terra Nostra, Conversación en la catedral libros que por su extensión y complejidad narrativa no responden al gusto de los nuevos lectores. Las grandes editoriales se han tenido que adecuar al cambio optando por dejar de lado la calidad y preferir la cantidad. Vemos con tristeza que hoy los grandes lanzamientos son de influencers, artistas, deportistas o textos realizados mediante conversaciones con la Inteligencia Artificial, ¡vaya cosa patética!
Nos hemos enterado con profunda tristeza que Ediciones Era cerrará sus puertas. Un sello editorial que marcó un cambio en el mundo editorial latinoamericano. No solo porque se dio a la tarea de tener un catálogo vanguardista, en sus primeros años, sino también porque permitió conocer a nuevas voces. Se atrevió a publicar lo que otras editoriales no. Todos en algún momento leímos un libro de la editorial Era. Su formato permitía una lectura sencilla. Libros pequeños y accesibles, hechos para un lector de la ciudad, que se traslada en transporte público y su único momento de lectura es en medio de caos de la ciudad.
El catálogo de Era fue, sin duda alguna, uno de los más renovadores: Carlos Fuentes, José Revueltas, Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco, Fernando Benítez, David Huerta, José Lezama Lima, entre muchos otros. Las grandes voces narrativas se construyeron en la editorial independiente y por momentos contestataria de las atrocidades del gobierno. Se entiende, entonces, la tristeza que significa la desaparición de una editorial fundamental para la construcción no solo narrativa sino del pensamiento crítico en América Latina.
Lo que hoy le sucede a Era abre la interrogante de si el libro vive una crisis, algo que es falso. Hoy se lee más, aunque no mejor. Entonces por qué Ediciones Era está a punto de extinguirse, me parece que por dos razones: la primera, la incapacidad que tuvo la editorial de ser fiel a su propia historia, que quiero decir: no siguió innovando, su característica principal, sobrevivió con sus clásicos que poco a poco se fueron mudando a las grandes editoriales. Dejó de explorar en las temáticas de nuestro tiempo y no se abrió a las nuevas voces narrativas, ese fue su gran error. Hablamos de un catálogo del pasado, pero no podemos mencionar publicaciones del presente dignas de la tradición que construyó; el segundo aspecto es el abandono que ha existido a la cultura en nuestro país. Se ha perdido de vista que el futuro de una nación necesita forzosamente de la cultura y la educación. Una nación que no invierte en ellas cancela su futuro, y en México la inversión en cultura es mínima. Me parece que la presidenta Claudia Sheinbaum tiene en sus manos la posibilidad de hacer un cambio drástico a la visión cultural de su gobierno, se tendría que iniciar por una transformación en el Fondo de Cultura Económica, alejado de su tradición y que ha fracasado en su intento de fomentar la lectura.
Ediciones Era tiene tras de sí una gran historia. Espero que en estos meses tanto el gobierno como la iniciativa privada puedan rescatar a la editorial recuperando ese pasado y abriendo espacio a nuevas voces, dignas del catálogo que se construyó. Aún hay posibilidad de iniciar una nueva era para Era.
Hasta aquí Monstruos y Máscaras…
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