—La muerte de un régimen político no requiere autopsia: siempre es por suicidio.
La máxima del político español Niceto Alcalá Zamora sigue estando vigente. Morena no está muriendo: se está suicidando.
El mayor valor de su marca era no haber gobernado. Sobre esa base ofreció no robar, no mentir y no traicionar.
Pero Morena gobernó. Muy mal, por cierto. Su acceso al poder no fue paulatino: fue un aluvión. En una sola elección ganó —casi— todo.
La magnitud del triunfo los llevó a la embriaguez, después a la soberbia y luego a la locura. Llegaron al punto de creer sus propias mentiras.
En su delirio robaron, mintieron y traicionaron.
Peor aún: lo hicieron de manera ostentosa, burda, arrogante.
Tras el apabullante triunfo del 2024, soñaron —lo dijo Adán Augusto López— medio siglo en el poder. Pero llegó el verano maldito del 2025 donde su elite fue exhibida en viajes suntuosos. La muerte de Carlos Manzo; el robo escandaloso de huachicol fiscal; la ejecución de oficiales de la Marina y las acusaciones de Estados Unidos.
La forma de atajar la enfermedad era extirpar el tumor. Lo alimentaron y lo hicieron metástasis.
El régimen optó por las reglas de la mafia: omerta y protección. Silencio, lealtad basada en la complicidad y cierre de filas.
Su credibilidad está hecha polvo. Hay un desencanto, una desilusión, en aquellos votantes más independientes.
La impunidad que se ha decidido profesar es la pistola en el paladar.
Exculpar a Rocha Moya, proteger a Adán Augusto López, bendecir a Marina del Pilar, ignorar los abusos de los hijos de López Obrador, no perseguir la red mafiosa que permitió el saqueo de 600 mil millones de pesos en huachicol fiscal, ocultar el saqueo en PEMEX o SEGALMEX, voltear la cara para no ver las ligas groseras de decenas de militantes (“compañeros”, les dicen) con los narcos, no es otra cosa que jalar el gatillo.
Apretar el nudo en el cuello y saltar del banco es lo que está haciendo al dar un manto de protección y bendecir el pasado inmediato a Horacio Duarte, Rafael Marín Mollinedo o Audomaro Martínez. Nombrar a Rutilio Escandón consúl, nada menos que en Miami: tierra de Donald Trump y Marco Rubio. Cobijar a decenas de gobernadores y cientos de alcaldes señalados por la voz del pueblo y cuyos nombres están en autos de investigaciones de Estados Unidos.
El pecado de Morena no es solo bendecir la corrupción: es haberse aliado con el crimen organizado para sojuzgar a la población.
Las últimas semanas prueban no sólo el grado de complicidad: también la inmensa ineptitud para gestionar los asuntos de Estado.
El retrato que vemos es justo lo que prometieron: un puñado de ineptos, delincuentes y cómplices, pero leales.
La imagen misma del suicidio.
@fvazquezrig

