Entre 1973 y 1976 un caricaturista mexicano, Rius, publicó en un comic, Los agachados, algunos ejemplares que mostraban lo que entonces el autor consideraba como el fracaso de la educación en México. Se enfocaba en el caso de la educación básica: primaria y secundaria, tanto pública como privada. En la semana que recién termina fue noticia de primera plana el decepcionante desempeño de los estudiantes mexicanos en la prueba PISA. Esto solo demuestra que, a cincuenta años de la descripción del problema por el autor señalado, no sólo no se ha resuelto, sino que ahora podría ser más grave.
Ante el surgimiento de casi cualquier problema, lo más fácil es descargar culpas en alguien más. En el tema educativo abundan los potenciales responsables: el Gobierno Federal, el sindicato de maestros, los padres de familia, los dispositivos tecnológicos, por señalar a los más evidentes. Escoja usted a quien considere el principal responsable y súmelo a la lista. No sólo eso: súbitamente en medios de comunicación y redes sociales abundan los expertos en educación que señalan con dedo flamígero a su culpable favorito. ¿Cuántos de los que opinan habrán dado alguna clase frente a grupo en su vida?
Hace años, en un evento internacional en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, compartí la mesa con economistas africanos. Era evidente que su formación, en las universidades de sus países de origen, era lastimosamente pobre. En otro evento, en un municipio del Estado de Veracruz, me tocó ver a un par de casi adolescentes que se incorporaban a la docencia de educación básica sin que ellas tuvieran la habilidad de dirigir unas palabras, de manera coherente, ante un grupo de personas. Por supuesto que dos casos, uno internacional y otro nacional, no son representativos del problema general. Pero ayudan a ilustrar que el problema es global.
Casi recién graduado del doctorado, compartí con un grupo de docentes en Matemáticas en la ciudad de Nueva York; en ese entonces me encontraba dando clases a nivel licenciatura en una de las sedes de la principal universidad pública del Estado de México. Comenté que los alumnos de nuevo ingreso al nivel superior tenían un nivel muy bajo en aritmética. Me sorprendió que en la ciudad que algunos llaman la capital del mundo pasara exactamente lo mismo: el nivel de matemáticas básicas con el que llegaban a la licenciatura era lastimosamente bajo.
Durante el tiempo que impartí clases a nivel licenciatura prohibí el uso de calculadoras en mis cursos: las operaciones aritméticas las tenían que hacer con lápiz y papel. No lo hubiera hecho: los alumnos se quejaron con las autoridades sobre esta evidente tortura que les estaba causando a mis alumnos. Afortunadamente, cobijado por la libertad de cátedra, la queja no pasó a mayores y seguí con mi política en clase.
Al paso de los años noté que las siguientes generaciones no sólo no venían mejor preparadas, sino que su nivel académico era cada vez peor. También impartí clases al mismo nivel en la UNAM, y no había diferencia en el nivel académico de los alumnos de la mayor universidad pública de México y la del Estado cuya capital es Toluca.
Con estas líneas solo quiero plantear que el problema no es nuevo ni es exclusivo de México. Es multicausal y probablemente comienza desde el nacimiento con el hecho de que muchos niños tienen como padres a una tableta, un celular o una computadora. Los juegos infantiles de antaño, que ayudan a esperar el turno y a respetar las reglas del juego, han sido suplidas por dispositivos tecnológicos.
La gran ventaja de la difusión masiva de los resultados de la prueba PISA es que muestra que el problema permanece. Para resolverlo, tenemos que mirarnos con ojos críticos y determinar dónde están las fallas. No están en solo una parte de la sociedad, la familia, los docentes, las autoridades y los estudiantes somos corresponsables. Un primer paso es reconocer el problema. Espero que la publicación de los resultados de la prueba sean un parteaguas que permita cambiar el rumbo de la educación en nuestro país.
Docente de la maestría en Economía, FES-Aragón-UNAM
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