Griselda Salas Alemán

El envejecimiento ya no es un fenómeno del futuro; es la nueva realidad urbana que nuestras ciudades aún no han aprendido a atender.

Durante décadas, México planeó sus ciudades para una población joven, en constante crecimiento y con familias numerosas. Se construyeron viviendas, vialidades, escuelas y equipamientos urbanos bajo la premisa de un país predominantemente infantil y juvenil. Hoy esa realidad cambió. La base de la pirámide poblacional se estrecha mientras aumenta el número de personas mayores. Sin embargo, nuestras calles, viviendas, transporte y servicios públicos siguen respondiendo al país que existía hace treinta años, no al que ya somos.

El envejecimiento dejó de ser una proyección para convertirse en una realidad. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en 2030 una de cada seis personas en el mundo tendrá 60 años o más, y para 2050 la población mundial de este grupo alcanzará los 2,100 millones de personas. Además, dos de cada tres vivirán en países de ingresos bajos y medios, precisamente donde las capacidades institucionales y financieras para enfrentar esta transición suelen ser más limitadas.

México atraviesa una transición demográfica particularmente acelerada. La fecundidad se encuentra ya por debajo del nivel de reemplazo y la pirámide poblacional comienza a adquirir una forma casi rectangular, reflejo de una sociedad que envejece con rapidez. La población de 65 años y más continúa creciendo mientras disminuye proporcionalmente la población infantil, modificando la estructura económica, social y territorial del país.

La velocidad de esta transición resulta especialmente preocupante. Mientras muchos países europeos envejecieron a lo largo de más de medio siglo y alcanzaron altos niveles de ingreso antes de enfrentar este desafío, México recorrerá un camino similar en apenas unas décadas, con profundas desigualdades territoriales y con ciudades que todavía presentan importantes déficits de accesibilidad, movilidad y equipamiento urbano. La ventana de oportunidad para anticiparnos y adaptar nuestras ciudades es cada vez más estrecha.

Este fenómeno no representa únicamente un reto para los sistemas de salud o de pensiones. Su mayor impacto será urbano. Las ciudades mexicanas deberán responder a una población con nuevas necesidades de movilidad, accesibilidad, vivienda, espacios públicos, seguridad y servicios de proximidad. El envejecimiento modificará la demanda de infraestructura, los patrones de desplazamiento y la manera en que las personas habitan y utilizan el territorio.

Paradójicamente, gran parte de la vivienda construida durante las últimas décadas fue diseñada para familias jóvenes y no para personas que enfrentarán limitaciones físicas propias de la edad. Las viviendas de interés social, muchas de ellas de dimensiones reducidas y con importantes barreras arquitectónicas, difícilmente permiten un envejecimiento seguro y autónomo. Escaleras estrechas, sanitarios inaccesibles, desniveles, falta de iluminación y espacios reducidos se convierten en obstáculos cotidianos que limitan la independencia de las personas mayores.

La investigación sobre vivienda adaptada para personas mayores desarrollada por una servidora demuestra que el problema trasciende el espacio doméstico. Las dificultades para realizar actividades cotidianas aumentan cuando la vivienda y el entorno urbano carecen de condiciones adecuadas de accesibilidad, movilidad y seguridad, afectando directamente la independencia, la salud y la calidad de vida de las personas mayores.

Las ciudades mexicanas tampoco fueron concebidas para una población longeva. Banquetas estrechas y deterioradas, transporte poco accesible, cruces inseguros, mobiliario urbano insuficiente, largos desplazamientos para acceder a servicios y espacios públicos poco incluyentes limitan la autonomía de millones de personas. El problema no es la edad; es la forma en que hemos diseñado y gestionado nuestras ciudades.

Pero el envejecimiento también representa una oportunidad. Una ciudad amigable con las personas mayores beneficia igualmente a niñas y niños, personas con discapacidad, mujeres embarazadas y cualquier ciudadano que experimente una limitación temporal de movilidad. Diseñar para la longevidad significa construir ciudades más humanas, más seguras y más accesibles para todos.

La experiencia internacional demuestra que las ciudades que incorporan criterios de accesibilidad universal, proximidad de servicios, movilidad peatonal y vivienda adaptada mejoran la calidad de vida de toda la población y fortalecen la cohesión social. La ciudad amigable con las personas mayores es, en realidad, una ciudad mejor para todos.

México todavía cuenta con una ventana de oportunidad para actuar. La planeación urbana debe incorporar el envejecimiento como un eje transversal de las políticas públicas. Adaptar viviendas existentes, promover desarrollos habitacionales accesibles, fortalecer la movilidad peatonal, recuperar el espacio público y acercar los servicios esenciales a los barrios dejarán de ser acciones deseables para convertirse en una necesidad impostergable.

El envejecimiento tampoco se manifestará de manera homogénea en el territorio nacional. Entidades como Ciudad de México, Veracruz, Morelos, Colima y Yucatán presentan procesos de envejecimiento más avanzados, mientras que otras regiones aún conservan estructuras demográficas relativamente jóvenes. Esta diversidad obliga a diseñar políticas urbanas diferenciadas, fortalecer las capacidades institucionales locales y promover estrategias de adaptación acordes con las particularidades de cada territorio.

Las ciudades del futuro no serán aquellas que construyan más infraestructura, sino las que permitan vivir con dignidad durante todas las etapas de la vida. La verdadera prueba de nuestras ciudades no será cuántos kilómetros de vialidades construyan ni cuántos edificios levanten, sino su capacidad para permitir que millones de personas envejezcan con autonomía, seguridad y bienestar.

El envejecimiento de la población no es un problema del futuro: es el gran desafío urbano del presente y una oportunidad histórica para construir ciudades más humanas para todas las generaciones.

Bibliografía y referencias

  • Banco Interamericano de Desarrollo (BID). (2020). Ciudades y envejecimiento: hacia entornos urbanos amigables con las personas mayores.
  • Consejo Nacional de Población (CONAPO). (2023). Proyecciones de la Población de México y de las Entidades Federativas 2020-2070.
  • Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2025). Indicadores sociodemográficos de México.
  • McKinsey Global Institute. (2025). Mexico's Aging Will Require Accelerating Productivity.
  • Organización de las Naciones Unidas (ONU). (2024). World Population Prospects 2024.
  • Organización Mundial de la Salud (OMS). (2007). Global Age-friendly Cities: A Guide.
  • Organización Mundial de la Salud (OMS). (2025). Ageing and Health.
  • ONU-Hábitat. (2022). World Cities Report 2022: Envisaging the Future of Cities.
  • Salas Alemán, Juana Griselda. (2018). Estrategias para la Conversión de Viviendas de Interés Social en Viviendas Adaptadas para Adultos Mayores.

Maestra en Arquitectura. Presidenta de la Representación Estatal AMU en Coahuila

contacto@amu.org.mx

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