El sector automotriz siempre ha sido motor de la innovación y un pilar fundamental para el desarrollo económico y social a nivel global. Su peso en el Producto Interno Bruto (PIB) de México y de muchas otras naciones es vital y estratégico. México es un referente internacional indiscutible en la producción de vehículos y un eje de exportación de autopartes, exportando incluso mucho más valor en este último rubro que en autos terminados. Sin embargo, en 2026 la industria se encuentra en una encrucijada crítica: navegamos en lo que muchos directivos y expertos describen como un mar de incertidumbre. Los retos son enormes, pues enfrentamos al mismo tiempo la revisión formal del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), la reconfiguración del comercio de América del Norte con China y el fenómeno de la electrificación.

2026 es especialmente sensible debido a la revisión formal del T-MEC. Un día existe la preocupación de que el tratado pueda desaparecer, al siguiente se espera su continuidad o la transición hacia acuerdos estrictamente bilaterales. La incertidumbre reina en el entorno, pero la actividad empresarial no puede detenerse.

Resalta en este caso que la dependencia generada porque 80% de las exportaciones mexicanas se dirigen hacia Estados Unidos representa un riesgo evidente. Debemos diversificar nuestras relaciones comerciales y mirar hacia Europa y Sudamérica. Incluso en nuestra relación comercial con China. Se deben identificar nichos y oportunidades para equilibrar esta balanza

Uno de los factores más importantes que están definiendo el nuevo modelo de negocio de la industria automotriz global es el papel de China. Hace algunos años, la percepción era que la industria asiática intentaba alcanzar a los fabricantes norteamericanos. Hoy, China nos lleva décadas de ventaja en el desarrollo de tecnologías para la movilidad, la electrificación y la inteligencia artificial.

Esta asimetría representa un reto mayúsculo para México, pues hemos sido un país manufacturero de alta calidad, reconocido mundialmente por su mano de obra, pero con muy pocas empresas que han invertido consistentemente en Investigación y Desarrollo (I+D). A ello se suma que existe un gran debate mundial sobre la viabilidad del auto eléctrico, impulsado por una reciente desaceleración en las ventas globales.

En México, la dinámica es contraria por el crecimiento significativo en la adopción de autos eléctricos, híbridos e híbridos enchufables, impulsado por la llegada de nuevas marcas chinas pese a dos barreras: la diferencia de costo entre un vehículo de combustión interna y uno eléctrico, y el miedo a quedarse sin batería al salir de viaje o la falta de estaciones de carga rápida. A pesar de estos retos, el futuro es claro: la industria se dirige hacia la electrificación total.

A finales de esta década, se espera la introducción comercial de las baterías de estado sólido, una tecnología que permitirá autonomías de 800 a 1,000 kilómetros. Aunque comenzarán en el segmento Premium, la escala reducirá los costos para llegar al mercado masivo.

Si hay una industria que ya ha adoptado a la inteligencia artificial (IA) es la automotriz; sin embargo, la revolución del sector no puede entenderse sin el talento humano. Aunque el costo laboral en México sigue siendo competitivo, el gran reto es llevar a nuestros jóvenes al siguiente nivel mediante políticas públicas dirigidas y capacitación constante.

Ante esta nueva era, los perfiles y habilidades necesarios cambian drásticamente, pues se requerirán técnicos en electromovilidad, coordinadores de sistemas robóticos y supervisores de colaboración IA. La supervisión humana seguirá siendo indispensable en el mediano y largo plazo, lo que exige desarrollar nuevas habilidades de gestión y coordinación de equipos híbridos.

El gran reto como país es lograr que las PYMES, que representan el grueso de la economía, se consoliden, crezcan y se conviertan en medianas y grandes empresas con modelos de innovación difíciles de replicar. De las decisiones que se tomen este año se desprenden numerosos efectos positivos o negativos, que veremos seguramente en el corto plazo.

* Profesor del área de Dirección de Operaciones en el IPADE