Para Enrique Acevedo, mi solidaridad y mi acompañamiento.
En México llevamos años discutiendo si los programas sociales compran votos. La respuesta fácil es que no. Una pensión, una beca o cualquier apoyo público es un derecho y nadie tendría por qué agradecerle a un partido algo que se paga con los impuestos de todos.
El problema empieza cuando los políticos hacen todo lo posible para que eso se olvide. Le ponen nombre, rostro y colores al beneficio y, cuando llegan las elecciones, recuerdan convenientemente quién lo creó, quién lo aumentó y, sobre todo, quién podría quitárselo. No hace falta decir “vota por mí y te pago”. Basta con que el elector entienda el mensaje.
Donald Trump decidió esta semana ahorrarse tanta sutileza. Durante la Convención Republicana pidió a sus seguidores que en las elecciones del 3 de noviembre hagan como si él apareciera nuevamente en la boleta y si los republicanos conservan la Cámara de Representantes y el Senado, prometió entregar 5 mil dólares a cada ciudadano adulto estadounidense.
¿Está comprando votos? Evidentemente.
Trump no condicionó el dinero a votar por los republicanos y, en teoría, alguien podría votar por todos los demócratas, quedarse en su casa el día de la elección y cobrar de cualquier forma si el Partido Republicano conserva ambas cámaras. La ley estadounidense y la propia Suprema Corte distinguen entre pagar directamente por un voto y prometer una política pública que después beneficia a la población.
Durante años, una parte de la derecha estadounidense ha acusado a los demócratas de utilizar subsidios, estímulos y programas públicos para generar clientelas electorales. En México, la oposición ha hecho exactamente el mismo señalamiento contra Morena y antes otros partidos se lo hicieron unos a otros.
Todos están en contra de usar dinero público para generar lealtades políticas hasta que les toca repartirlo. Llámenlo Solidaridad, Bienestar, ObamaaCare, o como esta semana, “Trump Dividend”. Cambian los nombres, los colores y los países, pero la tentación es parecida.
Trump tiene razones para intentarlo. Su aprobación ronda el 33%, los demócratas muestran mayor entusiasmo rumbo a noviembre y 71 por ciento de los estadounidenses desaprueba su manejo del costo de vida. Hay elecciones que se ganan con grandes discursos, otras con miedo, otras con esperanza y muchísimas con la cartera.
En México la discusión cae además en una semana especialmente oportuna. El gobierno acaba de presentar el Paquete Económico 2027, precisamente un año electoral, y propone destinar 1 billón 25 mil millones de pesos a los principales Programas para el Bienestar. No hay nada irregular en ello. Varios de esos apoyos son ya derechos constitucionales y deben entregarse independientemente de por quién vote el beneficiario. El asunto está en quién logra quedarse con el crédito político por depositar un dinero que, estrictamente hablando, no es suyo.
Y tampoco hace falta ser demasiado malpensado para entender por qué a ningún gobierno le molesta que, al momento de votar, el ciudadano recuerde perfectamente quién aparece en los anuncios, quién presume los aumentos y quién le avisa que el depósito ya cayó.
Monitor republicano
Una pregunta que ha lugar: ¿cuánto cuesta la dignidad de las personas?
¿Se puede comprar el voto popular, a través de las becas y pensiones del Bienestar, a pesar de todas las corruptelas de miembros del Gobierno y la clase política, que cotidianamente se denuncian?
¿Puede más la necesidad de cobrar que la de mandarlos al carajo?
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