Que nadie se equivoque: aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos; lo único que hay es la defensa del pueblo de México y su dignidad. —Dra. Claudia Sheinbaum
Para algunos analistas el mensaje de la presidenta Sheinbaum con motivo de su Segundo Informe y algunos hechos que lo anteceden como la separación de Adán Augusto de la coordinación parlamentaria en el Senado, les permiten concluir que está en curso el deslinde entre Claudia Sheinbaum y su antecesor.
¿Qué los lleva a esta conclusión? Por una parte, que, según dicen, esta vez en el mensaje no hubo mención alguna de Andrés Manuel, lo cual es erróneo; en tres ocasiones lo cita por su nombre para destacar sus logros: la basificación de maestros, la creación del IMSS Bienestar y el rescate a la producción de fertilizantes, a lo anterior habría que agregarlas menciones al “humanismo mexicano”, a “por el bien de todos, primero los pobres” y a la “economía moral” que reafirman la identidad obradorista de la Presidenta.
No observo una ruptura. La doctora Sheinbaum ni quiere ni puede romper con su creador. Un cambio como el observable en materia de seguridad pública responde a las presiones del vecino.
Deslindarse de López Obrador generaría una convulsión entre la clase política morenista, implicaría ignorar quién puso y a quién se la deben los gobernadores, los legisladores, los principales funcionarios de la administración federal y, más importante, a quién responden las anchas franjas sociales beneficiadas con los programas del bienestar, que más que morenistas son obradoristas.
En su carácter de Gran Elector, López Obrador la escogió porque carecía de un capital político propio y porque concluyó que de todos los aspirantes era la que mejor garantizaba la permanencia de su proyecto, su paso a la historia y lo protección para él y su familia, y eso está haciendo.
En cuanto al contenido del mensaje, se trata de un ejercicio de autoelogio, ayuno de autocrítica, un monólogo en ese auditorio cortesano donde nadie podía cuestionar ni replicar, solo aplaudir.
La Presidenta reprueba los viejos usos del poder sin reconocer que son los mismos de hoy. Quienes ofrecieron separar al poder económico del poder político, muestran cada vez más sus arreglos con los multimillonarios enchufados a la ubre gubernamental.
Dice la Presidenta que con la 4T terminaron las excentricidades y los lujos y que los servidores públicos tienen la obligación de comportarse con profunda responsabilidad y con sencillez y humildad. Y lo dice cuando se multiplican las evidencias del enriquecimiento repentino y los excesos de los más prominentes miembros de la clase gobernante.
Dice que se respeta plenamente la libertad de expresión, mientras utiliza el presupuesto público para premiar y castigar a los medios: dinero a carretadas para La Jornada y ni un peso para EL UNIVERSAL y Reforma.
“Vamos bien“ dice y repite, mientras le aplauden Alfonso Durazo, Américo Villarreal, Layda Sansores, Mara Lezama, la sustituta de Rubén Rocha y muchos más.
Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario @alfonsozarate
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