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La Copa Mundial de la FIFA 2026 podría convertirse en el torneo con mayor impacto ambiental y riesgos asociados al cambio climático, con más de nueve millones de toneladas de CO2 proyectadas, temperaturas extremas en sedes y un aumento significativo en la huella de carbono por traslados internacionales.
El evento, que se disputará en México, Estados Unidos y Canadá, será el más grande de la historia con 48 selecciones y más de 100 partidos, lo que implica una expansión logística sin precedentes en un contexto de calentamiento global acelerado.
Especialistas del Programa de Investigación en Cambio Climático y del Universidad Nacional Autónoma de México advirtieron que el planeta ya superó el umbral de 1.5 °C de calentamiento, lo que incrementa los riesgos asociados a eventos masivos.
“Los últimos años se encuentran entre los más cálidos desde que hay registros, lo que confirma una tendencia sostenida al aumento de temperatura”, explicó Francisco Estrada Porrúa, coordinador del PINCC.
En el caso de México, el impacto es mayor: el calentamiento ocurre por encima del promedio global, lo que eleva la probabilidad de olas de calor más intensas, sequías prolongadas y presión sobre el agua y los alimentos.
El crecimiento del torneo implica también un aumento en los desplazamientos internacionales. De acuerdo con análisis citados en el informe “FIFA’s Climate Blind Spot”, gran parte de las emisiones provendrá del transporte aéreo de selecciones, aficionados, medios y personal técnico, agravado por la distancia entre sedes en América del Norte.
Además del impacto directo, los especialistas mencionaron efectos indirectos: la exposición global del torneo, que alcanza a tres cuartas partes de la población mundial, puede incentivar el consumo de productos con alta huella de carbono, como combustibles fósiles.
Desde la perspectiva económica, el costo ambiental es cuantificable. Una tonelada adicional de CO2 genera pérdidas de alrededor de 450 dólares en daños climáticos, explicó Estrada Porrúa, lo que convierte al evento en un factor con impacto económico global.
El cambio climático también plantea riesgos directos para la salud. Varias sedes albergarán partidos en verano, cuando las temperaturas pueden alcanzar niveles peligrosos. A ello se suma el aumento de la llamada temperatura de bulbo húmedo, que mide el estrés térmico y eleva el riesgo de golpes de calor, incluso en atletas de alto rendimiento.
Pese a este panorama, los especialistas señalaron que el problema no es el deporte en sí, sino la forma en que se organizan estos eventos. Consideraron necesario incorporar medidas como energías limpias, transporte eficiente y estrategias de adaptación al calor.
“El contexto obliga a replantear cómo se organizan los grandes eventos internacionales. Las condiciones climáticas ya cambiaron y deben formar parte de cualquier decisión”, concluyó el investigador.
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