A partir del 1º de junio, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación estalló un Paro Nacional, con tres demandas 1) la abrogación de la ley del ISSTE de 2007, ley que privatizó las pensiones de los trabajadores estatales, convirtiendo un sistema público, de solidaridad generacional en cuentas individuales, manejados por grandes grupos financieros transnacionales; 2) la restitución de sus derechos laborales en el ingreso, promoción y cambios de adscripción, que les fueron arrebatados con la reforma educativa de Peña Nieto, regresándolos al artículo 123 constitucional; 3) Aumento salarial del 100%, como una exigencia de atender la precariedad del salario base del magisterio.

Desde el primer momento, del estallido de la huelga y la manifestación realizada por al menos 10 mil profesores, según reportes oficiales, desde la derecha y ultraderecha del país han estado empeñadas en ilegitimar la lucha magisterial, presentando a los maestros y maestras como vándalos, provocadores, irresponsables, al tiempo que aplaudieron la represión policial ocurrida en la calle 20 de noviembre, ejercida por cierto, sin que los cuerpos de seguridad estuvieran visibles, pues se resguardaban atrás de las vallas que rodean al Zócalo, lo cual, es una violación a las garantías ciudadanas. Producto de esa represión un profesor indígena del estado de Guerrero perdió un ojo, al ser alcanzado por una bala de goma, según reportes de prensa.

Alarma que desde el gobierno no se esclarezcan los hechos represivos, que la presidenta Claudia Sheinbaum se niegue a dialogar de manera directa con la dirección de la CNTE y que, contrariamente a lo que muchas y muchos mexicanos empeñados en la defensa de la transformación democrática del país esperaríamos de ella, abra la puerta a un mayor conflicto al equiparar las protestas de algunos maestros de Guerrero, con la ofensiva de la ultraderecha contra su gobierno al afirmar “los extremos se juntan, y quienes hacen estos destrozos... están haciendo un juego a la extrema derecha, sino es que son lo mismo” (La mañanera del pueblo, 4/junio).

Recibir a la comisión negociadora de la CNTE y establecer una mesa de diálogo directa, no le quitará autoridad a la investidura presidencial, al contrario. Abrirá una vía para retomar una relación respetuosa y positiva entre el gobierno federal y el magisterio democrático.

Recordemos que el presidente Andrés Manuel López Obrador, estableció 18 mesas de negociación de la CNTE, que se suspendieron por la pandemia. Reconocemos que hubo un quiebre en la política del gobierno federal en el actual sexenio en la relación con el magisterio, abriendo una brecha con el sector democrático y acercándose a la dirección oficial del SNTE, al grado de abrir la puerta para que el secretario general, Alfonso Cepeda, sea senador plurinominal por Morena.

Sí hay apertura al diálogo con la CNTE, a través de las Secretaría de Gobernación y la de Educación, más el Director del ISSSTE, pero no solución de sus demandas. Es hasta el día 5 de junio que la secretaria de Gobernación anuncia dos propuestas: desaparición de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y Maestros USICAMM, y fortalecer el Sistema de Pensionissste.

El momento político es complicado y peligroso. Se perciben intereses desde la derecha, porque permanezca el conflicto y que se convierta en una presión a la 4T ante el mundial. Sin dejar de lado un elemento central que es la injerencia del gobierno imperialista neofascista de Trump, en nuestro país. Por eso apremia un necesario gesto estadista de la presidenta Claudia Sheimbaun, de abandonar el desdén a las maestras y maestros y sentarse a negociar de manera directa con la CNTE.

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