Alma, de 42 años, es arquitecta y tiene tres hijos. De momento no trabaja, pero piensa hacerlo pronto “porque ya no hay dinero que alcance”, dice.
Su hijo menor, Alfredo, es alumno de segundo año de la escuela Profesor Francisco de la Maza Cuadra, ubicada en la alcaldía Gustavo A. Madero, que es de tiempo completo y donde más de 350 estudiantes tienen servicio de alimentos.
“Para mí, el beneficio de las Escuelas de Tiempo Completo ha sido enorme, no sólo porque en esta escuela les dan de desayunar y de comer a las niñas y a los niños, sino porque también tienen la oportunidad de aprender más cosas”, dice a EL UNIVERSAL.

Su hija, quien actualmente cursa la preparatoria, acudió a una primaria en la que el horario escolar es como el de la mayoría de los planteles del país: de las 8:00 de la mañana a las 12: 30 de la tarde. Y señala que cuatro horas y media no son suficientes para que los alumnos aprendan.
Por ello, comenta que en lugar de que el gobierno federal quite el Programa de Escuelas de Tiempo Completo (PETC), debería implementarlo en todos y cada uno de los planteles públicos de educación básica de todo el país.
“Lo mejor que puede hacer un gobierno de cualquier país es tener un buen sistema educativo para mejorar en todos los sentidos. ¿Cómo pretendemos crecer en todos los aspectos si la mayoría de las escuelas sólo trabajan cuatro horas y media? En lugar de eliminar este programa, debería de ampliarse a todas las escuelas”.
Para Alma no hay duda: las Escuelas de Tiempo Completo son mejores que las que operan sólo cuatro horas y media diariamente, “porque, tienen más actividades y aprenden más que [en] una escuela común. Tuve a mi hija en una escuela de cuatro horas y media, y es un despapaye y no aprenden mucho. Yo estoy en contra de esas escuelas de jornada corta.
“No se debería estar discutiendo si desaparecen o no las Escuelas de Tiempo Completo, sino más bien se debería estar analizando cómo implementar esa estrategia en cada rincón del país”.
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