"El Chapo" sobornaba a PGR e Interpol: El Rey

Cártel de Sinaloa daba 300 mil dólares al mes a autoridades, indica; “Pagos se hacían con dólares americanos”, dice hermano de El Mayo

"El Chapo" sobornaba a PGR e Interpol: El Rey
En el tercer día de juicio contra El Chapo en una Corte de NY, Jesús Zambada describió cómo operaba el Cártel de Sinaloa. En la imagen, aspectos de la sesión. (ESPECIAL)
Nación 16/11/2018 03:34 Víctor Sancho / Corresponsal Actualizada 04:22

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Nueva York.— Jesús El Rey Zambada García continuó ayer desenmascarando el funcionamiento del Cártel de Sinaloa, exponiendo ante un tribunal de Nueva York y la inquisidora mirada de Joaquín El Chapo Guzmán cómo se sobornaba a oficiales de la Procuraduría General de la República (PGR) e incluso de la Interpol.

El gobierno de Estados Unidos eligió a Zambada García como su primer testigo cooperante en la causa contra El Chapo Guzmán, para que pudiera contar cómo era la vida desde dentro de una organización criminal, a la que entró en 1987 y se mantuvo hasta 2008, año de su arresto. En ese periodo estuvo al frente de varios de los sobornos, especialmente en la Ciudad de México, la plaza que aseguró que controlaba.

El gasto en autoridades gubernamentales del cártel ascendía a 300 mil dólares mensuales en la capital mexicana. “Se daba una parte al director de la PGR (…), otra a la Policía Federal de Caminos, al director de la Policía Judicial, municipal, autoridades de aeropuertos… y a la Interpol también”, aseguró El Rey.

Los sobornos para los altos mandos eran manejados directamente por los líderes del cártel, Guzmán e Ismael El Mayo Zambada, a través de abogados. “Pero yo manejaba el dinero”, confesó el testigo, recordando cómo, en una ocasión, le dijeron que entregara 500 mil dólares a un abogado para que éste a su vez se los diera “al director de la PGR”. El protocolo de sobornos era fácil y se hacía siempre con dinero, “especialmente dólares americanos”.

El punto de entrada eran policías conocidos “de años, que son de confianza”, que servían de anzuelo para introducir a nuevos policías para que trabajaran para el cártel. En la nómina también hay abogados y otros profesionistas.

Algunos casos. Entre los grandes sobornos realizados por El Rey estuvo el pago de 100 mil dólares, en 2004, a quien identificó como “el general Toledano”, una supuesta autoridad militar que trabajaba “especialmente en Chilpancingo”. En esa ocasión Zambada quería hacer una descarga de cocaína colombiana en Guerrero y El Chapo le pasó el contacto del general, “un amigo”.

“El Chapo me dijo que fuera a verlo y que le diera 100 mil dólares de su parte”, relató el testigo. “Se los mandaba regalar, que le saludara y le abrazara, que le avisara que iba a trabajar en Guerrero”, añadió.

El trabajo de corrupción de las autoridades gubernamentales permitía al Cártel de Sinaloa controlar carreteras e incluso el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, tener detalles e información de inteligencia y ayuda para que el transporte de droga fuera seguro.

Esos contactos permitían a El Chapo y al cártel operar con tranquilidad en varios frentes. Uno de ellos fue la protección de Guzmán Loera tras su primera fuga de la cárcel, en 2001.

Después de coordinar su “rescate” con un helicóptero, El Rey trasladó a El Chapo desde un área remota de Querétaro hasta la Ciudad de México: un trayecto de dos horas y 45 minutos en el que él manejó, acompañado de su esposa Patty; el mismo día en que conoció por primera vez a Guzmán Loera en persona.

El Chapo se sentó en el asiento trasero de la unidad, escondido tras un periódico en el paso de las casetas de cobro para evitar que fuera identificado.

“En la Ciudad de México nos esperaba la policía que trabajaba para mí”, relató El Rey Zambada. El Chapo, al verlo, tuvo una “reacción natural, estaba preocupado”. “Es gente nuestra”, lo tranquilizó El Rey hasta que lo llevó a la casa de El Mayo en la colonia Reforma-Lomas de la Ciudad de México.

El contacto con autoridades también fue fundamental para el asesinato, en manos del cártel, de Ramón Arellano Félix, en plena guerra entre los cárteles de Sinaloa y de Tijuana. “[El gobierno] sabía más o menos dónde estaba (…), pero mi hermano tenía información más precisa”, relató El Rey, dando ejemplo de cómo los téntaculos del cártel llegaban lejos gracias a los sobornos.

El asesinato de Ramón Arellano Félix, el 10 de febrero de 2002, fue un punto de inflexión en la vida de El Chapo Guzmán, según el testigo. “Si algo me da gusto es haber matado a Ramón Arellano”, le habría confesado el capo.

Está previsto que el próximo lunes El Rey Zambada continúe con su testimonio en el tribunal de Nueva York.

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