18 | FEB | 2019
Picos y palas son algunas de las herramientas que los brigadistas utilizan en los puntos donde se presume la existencia de una fosa clandestina. Fotos: SALVADOR CISNEROS

Cavan en cerros; así buscan a sus desaparecidos en Guerrero

10/02/2019
01:14
Laura Jiménez
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Largas horas llevan al hallazgo de siete cuerpos, testigos de la crisis humanitaria que enfrenta el país

Huitzuco, Gro.

“¡Se solicitan inventores! La máquina a crear tiene que detectar huesos desde el aire o facilitar el trabajo de hallar fosas clandestinas. Se necesita a esos locos que siempre quieren crear algo nuevo, sensibilizar a las universidades y decirles que nos ayuden. Nosotros aprendimos de la nada, de solo escarbar y escarbar”, pide Mario Vergara, quien busca a su hermano Tomás, desaparecido en julio de 2012 en Huitzuco, Guerrero.

Un perito de la Fiscalía General de la República (FGR), que acompaña al grupo, explica que el problema es que no existe una herramienta infalible para localizar restos humanos.

“El equipo geotécnico es bueno, pero tiene deficiencias que impiden usarlo en todos los terrenos. Para que funcionen las ondas electromagnéticas el aparato tiene que estar pegado al suelo y en terreno rocoso no lo puedes pasar, tampoco donde hay agua porque la humedad genera una mala lectura”, dice un especialista forense.

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Una probable tumba clandestina ha sido descubierta y, poco a poco, se remueve la tierra en busca de evidencias.

En un paraje en la región Norte de Guerrero, el equipo de la FGR que trabaja con la Cuarta Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, que recorrió del 18 de enero al 1 de febrero varias zonas de la entidad y encontró siete cuerpos y decenas de restos óseos, aclara que los detectores de metal tampoco son una buena opción en la búsqueda.

“Van a detectar cualquier metal, hasta una corcholata o una hebilla y puede que sólo sea eso. Pero a algunos los entierran sin ropa, a ellos no los podríamos encontrar”, dice un especialista forense.

El equipo canino también interviene con Sico y Boobly, dos pastores alemán. Sin embargo, uno de los líderes del grupo puntualiza que los perros no siempre son confiables. “En Iguala no detectaron nada. Nosotros insistimos y encontramos 200 cuerpos”.

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En ocasiones es necesario subir los cerros y montañas de la accidentada topog rafía de Guerrero, para llegar al lugar donde pueden encontrarse restos humanos.

Los cuidadores de Sico y Boobly comentan que el olor que desprenden ciertas raíces puede confundir a los perros y eso provoca “falsos positivos”; también se desorientan con las corrientes de aire cruzadas y los huesos, con el paso de los años, se hacen más difíciles de percibir aún para su agudo sentido del olfato.

Los representantes de 200 familias, procedentes de 16 estados de la República, también son acompañadas por un arquitecto, dos peritos, dos ministerios públicos, dos antropólogos. dos criminalistas, 30 elementos de gendarmería y 28 policías de investigación federales.

Forzar al Estado

La Brigada Nacional de Búsqueda es impulsada por la Red de Enlaces Nacionales (REN), formada por más de 60 colectivos con presencia en 16 estados. Su objetivo es encontrar a todas las personas desaparecidas y regresarlas a sus familias; fortalecer la capacidad de organización de los colectivos y “forzar al Estado a implementar mecanismos efectivos de búsqueda e identificación”.

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Con la ayuda de guantes y brochas se limpia y prepara el terreno.

El gobierno federal reconoce que hay más de 40 mil casos de desaparecidos, más de mil 100 fosas clandestinas y cerca de 26 mil cuerpos sin identificar. “Esa es la magnitud de la crisis humanitaria que vive México”, resumió Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, al reunirse con los brigadistas en Tetelilla, municipio de Tepecoacuilco de Trujano, donde se halló un cuerpo. Las familias le dieron una pala y un pico. En menos de 10 minutos surgió entre la tierra una cuerda y después, con ayud de guantes y brochas, se pudo apreciar el fémur de una persona.

Encinas prometió dar continuidad al esfuerzo de la brigada. “Guerrero amerita un tratamiento… bueno, no sólo es Guerrero, es Veracruz, Tamaulipas, Chihuahua, Sinaloa, Michoacán y Jalisco, hay por lo menos 12 estados que requieren un tratamiento especial”, dice.

Ese día doña Reyna Barrera lloró y rezó en voz alta: “Ten piedad y misericordia, señor. Sólo tú sabes cómo sufrió está persona”. El equipo médico intentó calmarla. “Tome esto y respire, abuela”, le dijeron al suministrarle un calmante.

“Nadie sabe que está aquí”

“Yo estoy bien. Quiero llorarle porque nadie sabe que está aquí. Sus padres no saben. Está aquí solo y yo le voy a llorar porque alguien tiene que hacerlo”, contestó doña Reyna, quien busca a su hijo Luis Javier, desaparecido en Poza Rica, Veracruz, en 2011.

Cerca de ella dos mujeres de Iguala también rompieron en llanto y se abrazaron. “¿Y cuándo vamos a encontrar a nuestros hijos? ¿Cuánto tiempo más sin saber de ellos?... tanto tiempo, Dios mío… ¿cuánto más?

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Los restos óseos, por pequeños que sean, pueden ayudar a despejar la incertidumbre sobre las personas desaparecidas.

La incertidumbre sobre el paradero de los seres queridos desgarra el corazón. Cuando alguien desaparece, se realiza una búsqueda en vida, que consiste en visitar hospitales y centros penitenciarios, sobre todo; a la par, se cava en cerros y montañas. “Somos nosotros los que queremos encontrar a nuestros hijos. Somos los que investigamos y como madres llevamos años esperando justicia y no la hemos encontrado”, afirma Guadalupe Narciso, del Frente Guerrero por Nuestros Desaparecidos.

Rastrear el terreno es un trabajo arduo y difícil. Fueron más de 50 horas bajo el sol, de picar, cavar y quitar piedras para encontrar “tesoros”, el nombre que algunos dan a los restos humanos, como  ocurrió en los cerros de los Timbres, en el municipio de Malinaltepec, y de la Mula, en General Heliodoro Castillo, además del descubrimiento de huesos en una fosa ya “procesada”, es decir, ya excavada por las autoridades, lo que es considerado un acto de negligencia para la recolección de evidencias.

“Eso hacemos todos los días, todos los años”, señala Mario Vergara, “andar haciendo hoyos como animales hasta encontrar un hueso y eso calma nuestro dolor”.

La señal de telefonía no llega en varias zonas del norte de Guerrero. La búsqueda a veces se desarrolla en cerros, cuesta arriba, en los que se camina más de dos horas para llegar al punto de interés; las espinas del  huizache se clavan hasta en las botas y arañan los brazos. El olor de algunas raíces es desagradable y puede confundir a los olfatos inexpertos.

Mientras se retiran piedras de las probables tumbas salen tarántulas, ciempiés y alacranes “güeros”. “Aquí nos exponemos a una picadura”, dice Alma Rosa, una de las rastreadoras. “Cuando entierran los cuerpos luego les echan piedras, otra capa de tierra y más piedras. Parece que los lapidan”, revela un padre de familia.

Cansancio emocional

Al concluir la búsqueda el cansancio es más emocional que físico. Había muchos puntos posibles en diferentes municipios y faltaba tiempo, manos y ojos. Mario describió las características que ayudan a identificarlos: “El terreno aquí parece liso y luego tiene un chichón, como si alguien le hubiera pegado. Ese bulto de tierra no es normal, alguien hizo algo. Hay que aprender a leer la tierra; los que somos de campo vemos que no es normal. Tenemos que escarbar para desengañarnos”.

Carlos, agente de la Policía Federal, apunta que  “cuando es una fosa se ve el hundimiento en las orillas, porque cuando estás rascando dejas una marca en la tierra”. Una vez que se localizó el punto se pica con una varilla; “si la hueles y tiene un aroma a putrefacto, significa que puede haber un cuerpo, aunque hay cadáveres que están enterrados a varios metros de profundidad y no llega el olor”, añade.

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El descubrimiento de unos cuantos huesos representa a veces el éxito de una ardua jornada de trabajo.

Siempre que se encontró un cuerpo se rezaba un Padre Nuestro y al finalizar se gritaba: “¡Porque vivos se los llevaron! ¡vivos los queremos!”. Antes de que se diera paso al silencio, se entonaba otra plegaria: “Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente. Es un monstruo grande y pisa fuerte…”

Mientras la brigada recorría los campos e impartía talleres en escuelas e iglesias para la promoción de la paz, Guerrero siguió “caliente” y por eso se descartó visitar Taxco y Cocula.

El grupo siempre estuvo vigilado por “halcones”. Fue videograbado por dos sujetos en motocicleta al entrar a Huitzuco y fue seguida en algunos caminos. Policías municipales de Iguala también captaron imágenes cuando las familias decidieron acompañar a la marcha por los 43 estudiantes de Ayotzinapa, a 52 meses de su desaparición forzada.

El 25 de enero el cadáver desmembrado de un hombre fue encontrado cerca de los túneles de la Autopista del Sol, cerca del área en donde la brigada halló otro cuerpo, a 20 minutos de Huitzuco y unos tres kilómetros de la caseta de Paso Morelos.

El 28 de enero otros dos cuerpos desmembrados aparecieron en Zumpango con un narcomensaje dirigido a la alcaldesa perredista, a pocas cuadras del lugar donde la brigada descansaba. El día 29, “se soltó el diablo” o “se desató un infierno”, como reportó la prensa local.

Un operativo en Chilpancingo realizado por la Unidad Especial Contra el Secuestro y policías ministeriales  dejó como saldo varios detenidos, un muerto, varias casas cateadas y una balacera de más de 20 minutos; dos taxis resultaron incendiados y dos tiendas de conveniencia fueron atacadas.

A los reporteros locales se les amenazó y un policía ministerial de Guerrero apuntó con su arma a uno de ellos. Esa noche los integrantes de la brigada habían dejado el centro de Chilpancingo minutos antes, luego de que culminará una presentación teatral.

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