Cuando Claudia Sheinbaum Pardo cruza el Salón Tesorería para encabezar su conferencia matutina, no hay estridencia ni golpes de mesa. Su estilo es otro: pausado, técnico, metódico. Pero detrás de esa forma de comunicar —más cercana al aula universitaria que al templete político— se encuentra hoy la mujer más poderosa del país y, paradójicamente, una de las pocas mandatarias en el mundo que ha logrado contener, sin confrontación directa, al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, frente a las amenazas de aranceles y presiones comerciales, así como de seguridad nacional.
Este 2026 se perfila como el primer año de definiciones mayores para el gobierno de la presidenta Sheinbaum Pardo.
Tras un arranque marcado por la continuidad administrativa de la autollamada Cuarta Transformación de Andrés Manuel López Obrador, y la estabilización política posterior a la elección, este año coloca a la Mandataria frente a una agenda compleja, tanto en el frente internacional como en el interno, con decisiones que marcarán el rumbo del sexenio y el posicionamiento de su proyecto rumbo a la elección intermedia de 2027.

En el plano exterior, la relación con Estados Unidos será el eje central. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha reconfigurado el tablero bilateral y colocado a México en una posición de presión constante.
La revisión y eventual renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) aparece como uno de los principales retos para el gobierno de Sheinbaum Pardo, en un contexto en el que Washington ha recurrido a la amenaza de aranceles como instrumento político y económico.
La Presidenta ha insistido en que México defenderá el acuerdo comercial vigente y que cualquier diferencia deberá resolverse en los mecanismos previstos en el tratado. Sin embargo, el margen de maniobra es estrecho.
Lee también Sheinbaum defiende reforma electoral; “cuando hacemos compromisos los cumplimos”, asegura
Sectores estratégicos como el automotriz, el energético y el agrícola estarán en el centro de la discusión, mientras el gobierno mexicano busca evitar medidas unilaterales que impacten el crecimiento económico y el empleo en la región fronteriza.
A esta tensión comercial se suma un tema todavía más delicado: la seguridad. La decisión del gobierno estadounidense de catalogar a los cárteles mexicanos de la droga como organizaciones terroristas ha elevado el tono del discurso bilateral y abierto la puerta a escenarios que el gobierno mexicano ha rechazado públicamente, entre ellos una posible intervención directa en territorio nacional bajo el argumento del combate al crimen organizado.
La Presidenta ha sido clara en señalar que México no aceptará acciones que vulneren su soberanía, pero el desafío consiste en sostener esa postura en un entorno donde la presión política desde Washington podría intensificarse.
El combate al narcotráfico, la cooperación en inteligencia y el control del tráfico de drogas sintéticas, particularmente el fentanilo, serán temas recurrentes en la agenda de 2026, con impactos directos en la relación diplomática.
En el ámbito interno, la Presidenta enfrenta el reto de consolidar uno de los compromisos centrales de su proyecto: el sistema de salud universal. Tras años de transición institucional, el gobierno federal busca avanzar hacia un modelo que garantice atención médica y abasto de medicamentos en todo el país.
Sin embargo, persisten problemas de coordinación entre Federación y estados de oposición, así como limitaciones logísticas que ponen a prueba la viabilidad del modelo en el corto plazo.
Lee también Claudia Sheinbaum agradece confianza de FIFA y garantiza seguridad para el Mundial 2026
La consolidación del sistema de salud no sólo es una promesa de campaña, sino una prueba de capacidad administrativa. En 2026, el desempeño del sector será observado con atención, particularmente en regiones donde las carencias han sido más visibles y el desgaste político podría reflejarse en los comicios intermedios.
Otro eje prioritario será la infraestructura. La construcción y expansión de trenes de pasajeros y carga forma parte de la apuesta del gobierno por el desarrollo regional y la integración económica.
Proyectos ferroviarios en el norte, centro y sur del país avanzan en distintas etapas, pero enfrentan retos de financiamiento, derechos de vía y ejecución. La presión por cumplir plazos y evitar sobrecostos será constante, en un contexto de escrutinio público sobre el uso de recursos federales.
En paralelo, Sheinbaum Pardo deberá fortalecer su base política interna. Morena y sus aliados llegaron a 2026 con el objetivo de mantener el control legislativo rumbo a la elección de 2027, en la que se renovarán gubernaturas, congresos locales y la Cámara de Diputados. La cohesión interna del bloque oficialista será clave para avanzar en la agenda presidencial y evitar fracturas que debiliten al proyecto en la segunda mitad del sexenio.
Uno de los temas que pondrá a prueba esa cohesión será la reforma electoral impulsada por el Poder Ejecutivo federal.
El gobierno busca modificar reglas del sistema electoral con el argumento de reducir costos y fortalecer la democracia, pero la iniciativa requiere no sólo de mayorías calificadas, sino del respaldo efectivo de los partidos aliados.
Lee también Sheinbaum recorre Sinaloa con fuerte dispositivo de seguridad; no están solos, asegura
La negociación política será determinante en un entorno donde la oposición ha advertido que dará la batalla en el Congreso y en la arena pública.
La Presidenta también deberá administrar las tensiones naturales dentro de Morena, un partido que se prepara para una competencia interna intensa rumbo a 2027. Gobernadores, liderazgos regionales y aspirantes comienzan a mover piezas, lo que obliga a la Jefa del Ejecutivo a equilibrar apoyos sin intervenir de manera directa en los procesos locales, pero sin perder control político.
En ese contexto, 2026 se presenta como un año de ajustes y definiciones para Sheinbaum Pardo. Las decisiones que tome en materia de política exterior, seguridad, salud, infraestructura y reformas institucionales tendrán impacto directo en la estabilidad de su gobierno y en la viabilidad de su proyecto político. Más que un año de anuncios, 2026 será para la Presidenta un periodo de pruebas concretas, cuyos resultados comenzarán a reflejarse en las urnas y en la relación de México con el mundo.
[Publicidad]
[Publicidad]

