Solidaridad, chispa de la lucha social

El sindicato polaco, de cuyo nacimiento se cumplen hoy 40 años, no sólo buscaba ayudar a los trabajadores, sino a los estudiantes; peleaba por los derechos, la libertad

Solidaridad, chispa de la lucha social
Jolanta Nitoslawska, una de las fundadoras del Comité de Apoyo a Solidarność, advierte que “hay que tener cuidado de los discursos populistas en los que el régimen dice ser el bueno”. Foto: GERMÁN ESPINOSA. EL UNIVERSAL
Mundo 31/08/2020 02:02 Carolina Romero Actualizada 02:02

Sólo una camisa y un maletín lleno de papeles acompañaron a Garret Sobczyk el día que abordó un barco con destino a Finlandia, luego de haber sido expulsado de Polonia por apoyar al movimiento sindical de Solidaridad en ese país, el cual, asegura, inició una lucha social que, desde su fundación, hace 40 años, abrió una de las primeras grietas en los cimientos del régimen socialista que la Unión Soviética instauró en Europa del este tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Para el entonces joven matemático no fue difícil dejarse llevar por los fuertes vientos de cambio que cimbraron a una sociedad que vivía bajo una cortina de hierro: en represión, sin igualdad de derechos ni libertad de expresión, y la cual, después de la elección de Juan Pablo II, el primer Papa polaco, encontró en la religión la trinchera más segura para ser oposición.

Surgido luego de la revuelta obrera de 1980 y encabezado por un electricista desempleado —Lech Walesa— que años más tarde se convirtió en presidente, Solidaridad fue el primer sindicato libre de la Polonia comunista. “Pero no sólo se buscaba el reconocimiento de los derechos de los trabajadores”, afirma Garret a EL UNIVERSAL. La lucja, dice, era también por los estudiantes y por la libertad de expresión… “Luchábamos para que la persona de al lado que no tenía derechos supiera lo que son, por eso se trató de la solidaridad”.

A sabiendas de que militar en Solidaridad lo convertía en enemigo del Partido Socialista, Garret, quien vive actualmente en México, no daba tregua a la garganta durante las manifestaciones y, junto con sus amigos, ayudó a difundir información sobre la organización, hasta que, con la declaratoria de la Ley Marcial en diciembre de 1981, comenzaron las detenciones y encarcelamientos arbitrarios de miles de obreros, estudiantes y periodistas por parte de las tropas rusas.

“En agosto de 1982, fui sorprendido in fraganti en la estación de trenes de Breslavia, donde vivía, con panfletos de Solidaridad. Después, fui llamado a sesiones semanales con la Policía Secreta Polaca. Mi casa fue registrada y mis notas sobre lo que había visto durante las manifestaciones fueron confiscadas. El día crucial llegó en noviembre, cuando fui llamado por la Policía Secreta y me informaron que sería expulsado del país”, recuerda.

Pero el espíritu de Garret no se dejó vencer. En una sombría habitación que a él se le asemejaba un ataúd, donde aguardaba a que las autoridades prepararan sus documentos, tomó la decisión de convertirse en prófugo del régimen: “Me levanté y salí, y pasé las seis semanas siguientes escondiéndome con mis amigos de Solidaridad”.

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Lech Walesa, líder de Solidaridad, habla con trabajadores en huelga en los astilleros de Gdansk, en Polonia.
 

Entonces, la Policía Secreta inició una persecución que lo buscó hasta entre las camas de los niños en las casas de los adeptos al movimiento. Para enero de 1983, la situación ya era demasiado peligrosa. Garret fue aprehendido durante una noche nevada mientras hacía fila para comprar un boleto en la estación de trenes de Varsovia. De vuelta en Breslavia, pasó una semana en prisión hasta que fue llevado al puerto de Gdansk, ciudad que vio nacer tanto a Lech Walesa como al movimiento de Solidaridad, y la cual lo despidió de Polonia.

A 37 años de aquel día, asegura que actualmente hay una gran falta de libertad y seguridad en el mundo: “Las desigualdades económicas han llevado a grandes desigualdades sociales y guerras, pero la preocupación de los gobiernos deberían ser la educación, la salud y el bienestar de su pueblo, especialmente de los jóvenes”.

México, una red de apoyo
que no trascendió

La ola que inició Solidaridad en Polonia no sólo alcanzó a los demás países europeos bajo el régimen comunista, donde el movimiento social desencadenó una serie de hechos históricos que culminaron con la caída del muro de Berlín en 1989, sino que en México, donde los sindicatos independientes se oponían a la Confederación de Trabajadores de México (CTM), alimentó un sentimiento de libertad y lucha que, en esos años, se convirtió en una red de apoyo al sindicato polaco, pero que no trascendió.

“En algunos sindicatos, grupos de activistas estudiantiles y con la participación de intelectuales críticos se formó un comité mexicano de apoyo a Solidaridad, pues se contemplaba esa lucha histórica contra el autoritarismo como un ejemplo de lo que se debería hacer para acabar con la ‘dictadura perfecta’ instaurada por el PRI”, considera Jesús Anaya, investigador y académico.

Jolanta Nitoslawska, una de las fundadoras del Comité de Apoyo a Solidarność, asegura a este diario que “afuera de la Polonia comunista, el mundo creía que el régimen ruso era el ideal de igualdad. El sistema soviético era alabado como lo non plus ultra, pero no era así: había una represión muy fuerte, asesinaban a cualquier persona que pensara diferente, el gobierno creía que quien pensara diferente era opositor. No se permitía pensar diferente... no se permitía ser diferente”.

Alerta que, en la actualidad y con el auge de las izquierdas en el mundo, “hay que tener cuidado de los discursos populistas en los que el régimen dice ser el bueno e incorruptible, y que cualquiera que no piense como el gobierno es conservador.

“Es importante recordar que el legado de Solidaridad es el pensamiento crítico. Hay mucha gente que promete y mucha gente que cree en las promesas y no va al fondo para saber si las promesas son factibles o no. Cuando no hay desarrollo de pensamiento crítico en una población es muy peligroso”.

Pese a ese vínculo que se tejió en los 80 y de la llama que ardió entonces en los sindicatos mexicanos, Jolanta considera que Solidaridad no trascendió en el país, puesto que se habla más del Muro de Berlín que del movimiento polaco que encendió un fuego que terminó por derribar el sistema comunista en Europa del este.

“En México sigue habiendo mucha admiración a los sistemas comunistas en las izquierdas mexicanas”, afirma Jolanta.

En el mismo sentido opina Anaya, quien señala que en la actualidad no hay en México rasgos visibles de lo que fue Solidaridad, puesto que las condiciones para lograr en una verdadera democracia se han planteado recientemente.

“A 40 años del surgimiento en Polonia de Solidaridad, queda claro que sólo la movilización social en gran escala puede derrocar las dictaduras de cualquier tipo en todos los países en donde no se ha instaurado aún la democracia real”.

 

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