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A dos años de los atentados terroristas que causaron la muerte de 32 personas en el aeropuerto de Zaventem y la estación de metro de Maelbeek , en Bruselas , la ciudad recuerda a sus muertos en medio de quejas de los sobrevivientes, que se dicen abandonados por el gobierno.
“Podríamos haber tenido mucho más apoyo del gobierno. Si se interesara por nosotros, hubiera venido hace tiempo. Pero dos años más tarde, (el gobierno) no se muestra y es muy difícil entrar en contacto con él. He desistido de enviar correos”, lamentó Karen Northshield, de 31 años, única de las víctima que sigue hospitalizada.
“Vivo en una cama de hospital 24 horas por día, con excepción de sos sesiones de fisioterapia por día. Es una realidad difícil de aceptar. No hay palabras para ese sufrimiento”, dijo en entrevista con la televisión belga RTL.
Profesora de yoga y entrenadora de natación, Northshield tiene claro que no podrá volver a ejercer su profesión y teme por su futuro.
La joven encontró apoyo en Walter Benjamin, de 49 años, herido, como ella, en una de las explosiones en el aeropuerto internacional Zaventem y que, a través de las redes sociales, intenta sensibilizar el gobierno y reunir ayuda financiera para su nueva amiga.
También él critica la falta de respuestas de parte del gobierno, la excesiva burocracia y las dificultades para recibir ayudas que no alcanzan a cubrir los gastos con médicos y auxilios necesarios, más las facturas como la de alquiler y electricidad.
“El gobierno nos ha abandonado. No es normal que Mohamed El Bachiri (quien perdió su esposa en la explosión en el metro) haya recibido ayuda del rey de Marruecos (país de origen de su familia) para enterrar a Loubna, pero no del primer ministro de Bélgica, su país”, aseveró en entrevista con Notimex.
El primer ministro belga, Charles Michel, presidió este jueves la conmemoración del segundo aniversario de los atentados ocurridos el 22 de marzo de 2016, pero optó por no pronunciar discurso, atendiendo un pedido de las víctimas de que la fecha fuera marcada con “sobriedad”.
Michel depositó flores y participó de un minuto de silencio en el aeropuerto, luego en el metro y en el monumento dedicado a las víctimas de todos los actos terroristas en el mundo, junto a víctimas y familiares, así como miembros del personal médico y de seguridad que intervino tras los atentados.
En las paredes de la estación Maelbeek, los carteles publicitarios fueron remplazados por grandes pancartas con los nombres de las 16 personas que perdieron la vida en esas instalaciones.
De las conmemoraciones, los supervivientes y los familiares de los fallecidos apreciaron, en especial, la posibilidad de volver a encontrar los socorristas, militares y policías que les ayudaron tras el atentado.
“Son víctimas también. Han visto escenas de guerra y el trabajo que hicieron debe ser saludado”, indicó Philippe Vansteenkiste, fundador de la asociación de víctimas V-Europe, quien perdió a su hermana en el ataque al aeropuerto.
Fue con ese propósito que Nidhi Chaphekar, de 42 años, regresó esta semana a Bruselas.
“Me encantaría volver a encontrar al hombre que me ayudó”, comentó a la televisión belga la azafata india cuya fotografía, sentada en medio de los escombros de Zaventem con la ropa destrozada y el rostro cubierto de sangre y polvo, dio la vuelta al mundo.
Para favorecer esos encuentros, el gobierno reservó áreas en dos hoteles vecinos al aeropuerto y a la estación de Maelbeek, así como en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas (Bozar), en el centro de la capital.
Allí víctimas y personal de seguridad y de intervención médica se reunirán durante todo el día al abrigo de la prensa y del público.
Una encuesta realizada por el instituto Ipsos reveló que, a dos años de los atentados, el 69 por ciento de los belgas se siente con seguridad en Bruselas.
Sin embargo, el 34 por ciento sigue con miedo de viajar en el metro y el 31 por ciento tiene miedo de ir a locales o eventos públicos con mucha gente reunida.
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